Antes de nada, lo más importante que debes tener en cuenta es que la verdadera identidad del personaje se desarrollará durante la partida. Lo que quiero decir es que la forma en la que se enfrente a los desafíos de la historia y cómo cambie (o no) tras superarlos o fracasar serán las que lo dotarán de un trasfondo y una personalidad únicas.

Dicho esto, lo que nosotros vamos a crear es el germen de esa identidad, el pasado del personaje. Quién era antes de verse involucrado en la trama de la partida. Para ello, lo primero que debemos preguntarnos es qué tipo de personaje queremos llevar: ¿será una fiera guerrera entrenada desde niña? ¿Un segundón de familia noble destinado al clero? ¿Una anciana curandera de pueblo? ¿Un trabajador granjero con hijos? Este concepto de personaje puede ser tan vago como específico, pero será a partir del que construiremos toda su personalidad.

Pongamos por caso que nos decantamos por un granjero. Un señor de unos 40 y largos con varios hijos y tal vez algún nieto que lleva toda su vida cultivando los campos que heredó de su padre y criando ganado. Ahora viene lo importante: ¿qué mueve a ese personaje a abandonar su vida e involucrarse en la crónica?

Porque no nos olvidemos de que estamos creando un personaje para una partida. De nada nos sirve construir el personaje más original del mundo si luego no encaja. Lo más probable es que nos aburramos porque sus motivaciones no tienen sentido dentro del marco narrativo de la historia, lo que nos llevará a querer tirar por caminos distintos o a no poder congeniar con los otros personajes. Esto de por sí no tiene por qué ser malo. Los conflictos son una de las cosas que dan alegría a una historia. Sin embargo, un personaje que se opone por sistema a todo lo que se propone porque no encaja con lo que desea es un elemento que puede llegar a romper la partida y hacer que el resto de jugadores abandonen la mesa por aburrimiento o desesperación. Es aquí donde debes plantearte qué esperas de la partida y qué quieres aportar. Yo no juego al rol para que mi personaje se quede en su casa, eso ya lo hago yo. ¿Para qué juegas tú?

Así que retomemos la cuestión. Necesitamos un motivo para que nuestro personaje abandone su pacífica (o no) vida y se embarque en una historia que lo transformará e incluso puede que acabe con su muerte. Es decir, si lo piensas, la mayoría de la gente no abandonaría su vida porque sí para echarse a los caminos. Algo debe arrancarlos de su mundo conocido y arrojarlos a lo desconocido. “Eso” puedes crearlo en conjunto con tu máster y el resto de jugadores si queréis que sea el inicio de la aventura o puedes definirlo solo para tu personaje. ¿Qué le sucedió? ¿Por qué un amable granjero de mediana edad abandona a su familia y se convierte en un aventurero?

Las opciones pueden ir desde lo más trágico, su familia y su granja fueron arrasados por los esbirros de un malvado señor; hasta lo más inocuo, sus hijos son mayores y se hacen cargo de la granja así que se va a cumplir su sueño de aprender nuevas técnicas agrícolas de una tierra lejana. Puede ser tan básico o complejo como quieras. Desde simplemente querer vivir aventuras para “ver qué se siente” a ir en busca de un objeto con el que romper la maldición que amenaza la vida de su hijo menor. Ten en cuenta que todo lo que añadas de historia son piezas que le estás dando al máster para que tu personaje encaje en la historia. Además, si sabes de dónde viene tu personaje y por qué lucha, te resultará más sencillo tomar decisiones en partida.

Una vez tenemos el trasfondo, os recomiendo que os deis una vuelta por el blog de Seijo, concretamente por su entrada Una verdad, Una mentira y Un Objetivo donde explica muy bien cómo darle a ese personaje tridimensionalidad a partir de lo que piensa y cree sobre el mundo que le rodea.