Amanecía una fría, helada y congelada mañana mortal de sábado cuando nos dirigimos con toda la entereza que fuimos capaces de reunir (y bastante sueño) a la tienda de Generación X en Carranza (Madrid). Nos habíamos apuntado al evento Mazmorras “El viaje interior” de Nueva Sangre Rolera que prometía mazmorreo de la vieja escuela con Labyrinth Lord de Nosolorol por la mañana y Clásicos del Mazmorreo de Other Selves por la tarde. Así que allá que nos fuimos con todo nuestro sueño y nuestras caras de frío.

Llegamos temprano y nos acurrucamos en un banco arrebujadas con los abrigos porque teníamos mucho frío (mentira, María estaba bien, era yo la que se moría de frío) y nos dispusimos a esperar. No había mucha gente esperando, solo un par de personas y nos entretuvimos viendo los juegos del escaparate. En esas estábamos cuando llegaron los organizadores del evento con mucha más gente y ese fue el momento en el que nos percatamos de que éramos casi las únicas mujeres allí (luego llegaron bastantes más pero en ese momento éramos apenas cuatro o cinco entre un montón de gente).

He de decir que eran las primeras jornadas en las que íbamos a participar y me entró un poco de agobio. Empezaba a haber mucha gente y todo el mundo parecía conocerse. Recuerdo decirle a María que me arrepentía de haberme apuntado, mitad en broma, mitad en serio. Creo que ella compartía parte de mi incomodidad peeeero ya estábamos allí. Habíamos venido a jugar y a saludar a Jose Valverde que hacía mucho que no lo veíamos, así que tiramos para adelante y que fuera lo que dios quisiera. Si algo salía mal, siempre podíamos salir huyendo xD

Abrieron las puertas de la tienda y entramos a refugiarnos del frío. Nunca había estado allí así que nos dedicamos a curiosear los estantes. Tenían un montón de juegos que no había visto y que nos apuntamos para probar. Dimos un par de vueltas más preguntándonos dónde tendrían las Magic para curiosearlas también cuando en el piso de arriba abrieron la veda del roleo. Esperamos pacientemente nuestro turno en las escaleras mientras iban preguntando el nombre a los que teníamos delante y asignándoles una mesa. Entre los barrotes de la barandilla se podían ver varias mesas ya preparadas (había un montón) y gente ya sentada esperando. Cuando le tocó el turno a María no tuvo tiempo de decir su nombre. “Enrolate, ¿no? A la mesa de Jose”. Me sentí como una celebrity y entre risas nos acercamos a nuestra mesa.

Había en ella ya sentados dos jugadores, un mapa extendido y algunos manuales, y a la cabeza, el gran José Valverde. Nos saludó y nos presentó como indies. Para los que no lo sepáis, no solo jugamos 24/7 al rol, escribimos sobre rol y hablamos de rol (y jugamos a Magic de vez en cuando), sino que también tenemos un estudio pequeñito de desarrollo de videojuegos llamado Ethereal Psyche Games. Pero a lo que vamos, que para variar, me desvío.

Mientras esperábamos a que llegara el quinto integrante de nuestro incauto grupo de jugadores, José nos empezó a explicar que Labyrinth Lord utiliza el sistema de Dragones y Mazmorras en su primera versión, por lo que los que habíamos jugado a otras versiones de D&D encontraríamos algunas diferencias.

Una vez que estuvimos todos, nos presentó los cuatro manuales que había y nos dejó elegir los personajes. Había varias fichas preconstruidas y nos decantamos por una maga, una guerrera, una clériga, un elfo y un halfling (mediano). No habíamos mirado ni los nombres de las fichas y resultó que los hombres escogieron personajes femeninos y las mujeres, masculinos. Creo que se quedaron en el tintero el ladrón y el enano, pero tampoco los echamos de menos.

Entonces sacó unas miniaturas monísimas de cada uno de nuestros personajes y montó un pequeño escenario con baldosas de cartón del Dragon Ground Set Vol. 1 que trajo para probar (¡damos fe de que mola mucho!).

Después llegó la cuestión peliaguda de elegir el alineamiento. Digo peliaguda porque normalmente es algo que genera debate y conflicto entre quienes quieren mantenerse de parte de la ley y quienes vienen a matar por matar…. Pero esta vez hubo poca discusión. “¿Queréis ser buenos o malos?”, preguntó el máster. Nos miramos. ¿Buenos? ¿Malos? ¡Malos, malos! Fácil.

Y así, con nuestro trasfondo de mercenarios malvados y sin escrúpulos partimos a la aventura. Nos habían contratado para librar a un pequeño pueblo de goblins de una terrible amenaza a cambio de un buen puñado de monedas de oro. ¿Cómo las habían conseguido si eran más pobres que las ratas? A nosotros nos daba igual. Semos maloooooos.

José aprovechó que entrábamos a la taberna del pueblo para que presentáramos a nuestros personajes y los describiéramos a los demás jugadores. El resultado fue bastante impresionante: un elfo de piel oscura vestido del verde de los elfos de piel clara, una guerrera imponente con los huesos de sus enemigos colgados al cuello, una maga de aura inquietante, una tétrica clériga de ropas rasgadas y sucias y un diminuto halfling que entre las sombras se dedicó a robar todo lo que pilló (no mucho) mientras los goblins estaban distraídos mirando a los recién llegados. Sí, el halfling era yo XD Nos dieron de comer, de beber y una cama. Nuestra clériga nos sorprendió a todos haciéndose amiga de una ratita a la que llamó Mordisquitos.

Al día siguiente partimos hacia las minas y nos asaltaron en el camino una cuadrilla de pobres soldados a los que liquidamos. A pesar de que en la teoría el tirar iniciativa cada turno nos parecía que iba a hacer pesados los combates, en la práctica vimos que era todo lo contrario. El combate fue muy fluido y los cambios en la iniciativa le daban una salsita especial de incertidumbre que los hacían muy divertidos. Esta fluidez se debía en gran parte a que la iniciativa grupal iba combinada con un combate muy organizado: primero a distancia, luego magia y por último cuerpo a cuerpo. Eso sí, era muy simple. Sin maniobras defensivas, ni flanqueos ni ataques de oportunidad, cosa que, si bien no ayuda al realismo sí que agradecimos porque los combates complejos con veinte mil turnos cada asalto pueden acabar haciéndose eternos.

Al terminar el enfrentamiento vino el saqueo, mi parte favorita. Confieso que el sistema aleatorio de tesoros nos fascinó y no descartamos usarlo en el futuro para absolutamente todo. Sacamos unas cuantas monedas y un par de armas y continuamos el camino hacia la mina. La clériga envió a Mordisquitos a investigar las voces que se oían detrás de una puerta. Mordisquitos nos avisó de que había varios guardias armados al otro lado y alguien durmiendo pero la clériga cometió el error de mandarla de vuelta a comprobar si el durmiente dormía o estaba muerto. De pronto las voces subieron de tono y empezaron a gritar. Nuestra guerrera entró como un vendaval y pudimos ver cómo algunos guardias se reían mientras otro saltaba asustado, huyendo de Mordisquitos.

Llegados a este punto debo avisaros de que lo que sucedió a continuación nos consternó. La maga conjuró una enorme bola de fuego que impactó en el centro de la sala, calcinándolo todo. A Mordisquitos también… Pero no tuvimos tiempo de llorarla. Intentamos sonsacar información al único guardia que quedaba pero se negó a decirnos nada más aparte de que el mineral de las grutas era peligroso. La guerrera consiguió una espada maldita ansiosa de sangre que trataba de proteger el bulto durmiente que resultó ser una clériga y la probó con el pobre soldado. Digamos que cuando somos malos, nos lo tomamos en serio.

Aquí podéis ver a la maga, grimorio en mano, preparándose para calcinar toda la sala. Que por cierto, podéis pasaros a ver su revista 2d6magazine de juegos de mesa, wargames y ocio.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Un señor apareció por una de las cavernas laterales avisándonos de que nos marcháramos de allí y dejáramos el mineral en paz. Ante nuestra negativa, comenzó la batalla. Toda la caverna se llenó de telarañas que no nos dejaban movernos, pero la espada de la guerrera pedía sangre (sí, la espada le hablaba con un siseo inquietante) así que se liberó y fue a por el señor.

Viéndose acorralado, echó mano a una poción y se transformó en una enorme hidra que se nos quería comer (y lo consiguió, se papeó a la clériga).

Aquí podéis ver lo apenado que estaba nuestro máster con la situación.

Y sí, ese cosito enano delante de la hidra recién aparecida soy yo. No, no me comió. Sí, pasé miedo.

Finalmente, después de muchas tiradas fallidas y de casi dar por muerta a la pobre clériga, la guerrera y su espada maldita acabaron con el monstruo, rescatándola de sus tripas justo a tiempo. Nos recibieron como héroes y nos colmaron de los más altos honores. Incluso el Lord Oscuro se interesó por nosotros. Bueno, por nosotros no, por la guerrera y su espada maldita y por nosotros de rebote. Al final cada uno pidió para sí lo que más deseaba y así lo recibió. Yo, por mi parte, me contenté con cosas sencillas: comida, bebida y una buena cantidad de oro.

La partida estuvo muy bien montada, fue muy divertida y nos permitió probar diferentes aspectos del juego, la exploración, el combate, el saqueo, la ambientación… A pesar de que no nos conocíamos de nada congeniamos muy bien y nos reímos mucho. Tampoco habíamos jugado nunca con miniaturas, pero nos ha gustado un montón, así que podemos definirlo como un rotundo éxito.

Mazmorras “El viaje interior” de Nueva Sangre Rolera han sido las primeras jornadas de rol en las que participamos y también la primera vez (creo) que hemos jugado con extraños. Y confirmamos aquí y ahora que repetiremos.