Que masterear no es fácil lo sabe cualquiera que lo haya intentado. A veces me recuerda a ponerte delante de una clase de niños a los que tienes que enseñar, educar y controlar para que no se maten entre ellos, pero con la ventaja de que en una mesa de rol la asistencia es voluntaria y, al menos en teoría, todos cooperan. Sin embargo y por desgracia, esto no es siempre así. A veces te topas con personas que arruinan la experiencia de juego y este artículo es para ellos.

El rol no es una excusa para que te desahogues sobre los demás. No es una excusa para llevar a cabo tus fantasías de poder a costa del resto. No es una excusa para que apuñales por la espalda a todo el que te rodea porque “es que soy un pícaro”. No es una excusa para que seas un gilipollas y un borde porque “es que es mi personaje”. No es una excusa para que machaques una y otra vez a esa persona porque “es que somos enemigos en el juego”. No es una excusa para que ningunees a tus jugadores. No es una excusa para amargarle la partida al máster como crees que te la amargaron a ti cuando mastereabas. Si no supiste llevarlo, es tu problema. Aprende de tus errores para la próxima vez y mejora, pero ahora estás en mi mesa. Y aquí hacemos las cosas de otra manera.

Aquí los jugadores pueden hacer lo que quieran. Organizar una revolución. Convertir la monarquía en anarquía o dar un golpe de estado para hacerse con el poder. Aliarse con el dragón y atraer incautos aventureros para repartirse el botín. Iniciar una guerra que destruya el mundo conocido o montar una aldea y dedicarse a vender pan. Pero por mucho que te pese, el rol es un juego colaborativo. NECESITAS a los demás. Necesitas al máster que cree la historia a tu alrededor (spoiler: cuesta mucho trabajo dar tanta libertad) o a los jugadores para que crezca. Que parece que cuando te sientas a la mesa te conviertes en el centro del universo y todos están para servirte, pero no. Ni eres el centro del universo ni la partida es tuya.

Lo siento en el alma si has tenido un mal día, si tu vida no es como te gustaría que fuera o si tu pequeñez te empuja a aplastar a los demás para sentirte más grande. Jugamos al rol para divertirnos, crear y vivir aventuras, pero sobre todo, porque nos gusta y lo disfrutamos. Si tu experiencia de juego arruina la de los demás, no lo estás haciendo bien. Pongo la partida a tu disposición y a la de tus compañeros. Sí, vuélvelo a leer porque creo que no lo has pillado. A vosotros. No a ti. Esta no es tu historia. Es VUESTRA historia.

Así que no, si tu misión en esta vida es ser una estrella a costa de los demás, no tienes cabida mi mesa. Cierra la puerta al salir.