Los jugadores de nuestras partidas saben que hay un día especial para ellos. Hay un día del año en el que no solo reciben regalos en la vida real, sino también en partida. Sí, hablo del día de su cumpleaños. Si la quedada inmediatamente después del cumpleaños de uno de los jugadores (o másteres) coincide con una tarde de rol, no es raro que se compren toneladas de bolsas de guarrerías, chucherías, acabemos cenando pizza, tomemos una tarta como gente de bien y organicemos alguna que otra sorpresa para los jugadores. Sin ir muy lejos, y aprovechando que durante el último año hemos jugado tanto un partida de Vampiro como una de El Resurgir del Dragón, voy a contaros un par de celebraciones relacionadas directamente con las partidas.

Empezaré con la partida de El Resurgir del Dragón. Allá por junio fue el cumpleaños de uno de nuestros amigos, el que lleva a Brigitte en la crónica de El resurgir de Alamuerte. Como no queríamos darle los regalos sin más, urdimos un plan entre máster y jugadores para darle emoción. En esta partida, Brigitte tiene la habilidad de cruzar al plano de las sombras, un plano similar al de nuestra realidad pero sacado de una pesadilla. Tonos negros, sombras aquí y allá, muerte, desolación y sin un ápice de esperanza. Dado que era la única que podía hacerlo pero podía llevar a gente con ella, el master propuso una misión secundaria en la que tenía que llevarnos a este plano para poder ayudarla. Al puro estilo tinieblas (sí, ese juego en el que apagas las luces y tienes que encontrar a la gente en una habitación a oscuras) había pistas aquí y allá en tres de las habitaciones de la casa en la que jugábamos. El cumpleañero, cuyo personaje era el único capaz de moverse libremente en el plano de las sombras, llevaba una linterna para poder encontrar las pistas. El resto de jugadores estábamos metidos de lleno en el meollo, sabíamos dónde estaba la pista y dónde acababa su camino. Fue gracioso jugar a ser despistado para no desvelar la sorpresa. Finalmente todas las pistas le llevaron a la terraza de la casa, donde encontró una bolsa gigante repleta de regalos en la que ponía “Feliz cumpleaños”.

La segunda anécdota sucedió durante la partida de Vampiro. Dhalia, nuestra pequeña Tremere, cumplía años y como somos muy frikis y los Tremere dan taaaanto juego para escenificar cosas, nos vinimos muy arriba para darle los regalos sin ser evidentes. Compramos un par de cartulinas negras, velas rojas y blancas, tiza, envejecimos un sobre y utilizamos lacre. ¿Empezáis a ver por dónde van los tiros? Durante la sesión ocurrió lo siguiente: Dhalia estaba hablando Fletcher Henderson, su sire, porque iban a hacer un ritual para purificar un colgante cuya magia se había deteriorado. Tomé el papel de Fletcher y describí la escena como cualquier otra pero en un momento dado me la llevé para hablar en privado. Ya que no era la primera vez que ella u otro personaje tenían visiones, no sospechó. Ya en privado, le conté un par de visiones con sucesos que podían haber ocurrido ya, que podía que ocurriesen o que jamás sucederían (la magia de Auspex). Me enrollé como 10 minutos contándole cosas para dar tiempo a que la verdadera magia sucediera en la otra habitación.

Colgante de Dahlia

Cuando salimos y nos reunimos con el resto de jugadores, ellos habían hecho su parte. Las luces estaban apagadas, en la mesa de juego había una cartulina negra encima de un mantel de terciopelo rojo. Las velas encendidas estaban dispuestas formando una estrella de siete puntas dibujada sobre las cartulinas. En el centro de la estrella le esperaba un caldero relleno de gominolas (rojas, por supuesto) en el que había una cajita envuelta con su regalo dentro. Para que no se viera el interior, habían colocado el sobre envejecido y sellado con lacre con forma de flor de lis (digamos algo así como el sello familiar de este linaje Tremere). Pero esto no termina aquí. Nos aliamos con el resto de jugadores para que, cuando terminase de decir cierta frase, todos soplasen la vela que tenían más cerca. De esta manera se completó el ritual. La jugadora pudo coger el sobre y abrir su regalo. Por supuesto, el regalo estuvo relacionado con la partida. Encargamos un colgante con forma de flor de lis y el nombre del personaje escrito por detrás.

Os podéis imaginar la cara de los jugadores cumpleañeros en ambas ocasiones. No podemos negar que nos encanten estas cosas.

Pero además de todo eso, Elena y yo pensamos en darles un regalo a parte. Algo único y poderoso. De máster a jugador. De titiritero que ve todo lo que está pasando en la historia a personaje que se enfrenta a todas las situaciones que proponemos. Algo que les permitiera dotar a sus personajes de algo especial. El sobre negro. Este sobre concede el poder de poder pedir algo que en situaciones normales estaría completamente fuera de su alcance. ¿Una disciplina a nivel cinco? ¿Un mérito que había que elegir durante la creación de personaje? ¿Qué vuelva un ser querido que se ha ido de la ciudad? El jugador puede hacer uso de su sobre en cualquier momento, dando así más dinamismo y aportando gran peso al trascurso de la trama. Por supuesto, estos sobrecitos negros van con un asterisco:

Regalo susceptible de ser vetado por las masters.

Es decir, no es un sobre que te otorga poder absoluto sobre la partida, lo que quieras pedir tiene que tener lógica y sentido. Pedir que el enemigo final se electrocute y muera no tendría mucho sentido, ¿no?

Con esto y con todo, os animo a premiar a vuestros jugadores. Bien sea por las acciones que realizan en partida, porque es su cumpleaños o porque te apetece. Ya sean detalles tontos como un sobre negro, un regalo material o cualquier otra cosa que se os ocurra; dejadles que influyan en la trama y sientan que por una vez tienen el control, que puedan crear sus propias situaciones o que puedan pedir abiertamente qué es lo que quieren que suceda. Al fin y al cabo, es su historia.