Hace casi un año escribí un post que tuvo mucho más impacto de lo que me habría esperado, más si tenemos en cuenta porque lo escribí en un arrebato de ira. Necesitaba desahogarme, sacar toda la rabia que acumulaba por la enésima partida que moría lentamente por la desidia de algunos jugadores. Por extraño que parezca, esa partida acabó siendo la única campaña larga que he terminado hasta la fecha y una de las partidas más bonitas, emocionantes y plenas en las que he estado. De alguna forma nos las apañamos para apuntalarla entre todos, sacarla adelante y llevarla a buen término con un final épico y emocionante hasta hacernos llorar a mares.

Irónicamente, y como si alguien allá arriba se estuviera riendo de mí, se volvió a poner en marcha otra partida muerta, la que más rabia me daba no haber terminado y a la que María suele llamar Aquella Gran PartidaTM. Esa partida ha revivido por arte de magia después de más de dos años olvidada y soy extremadamente feliz por ello. Sin embargo, y a pesar de que me encantaría que fuera de otra forma, dos años de parón no pueden deshacerse simplemente volviendo a reunir a (casi)todo el mundo. Estamos hablando de más de dos años. Dos años en los que apenas nos juntamos un par de veces. Dos años en los que cada cual siguió su camino. Pero dos años en los que los personajes se mantuvieron congelados.

Durante dos años los jugadores (y el máster) evolucionaron a nivel personal, emocional y humano, y las relaciones entre ellos también; pero para los personajes el tiempo no pasó (lo cual, si tenemos en cuenta que se trata de una partida con viajes en el tiempo no deja de tener cierta gracia).

Te sientas a la mesa y parece que no ha pasado el tiempo. Sois (casi)todos de nuevo. Con ropa distinta, sí; dos años más maduros, tal vez; pero parece que las cosas no han cambiado. Casi. Hace dos años que no hablas con algunos de ellos. Sois prácticamente desconocidos pero a la vez tenéis un pasado común, muchas historias compartidas, algunas buenas, algunas malas, algunas raras y cuando te lo planteas, te das cuenta de lo absurdo de la situación. ¿Cómo vas a retomar las cosas donde quedaron? Es imposible. No eres quien eras. No piensas igual ni tienes las mismas ideas. Hace dos años llevarías al personaje de determinada manera pero eso no tiene por qué ser lo que quieras hacer ahora. Y sin embargo tienes que mantener cierta consistencia. Por respeto a tu personaje y a la historia, por respeto a los demás, marcar cierta transición.

Pero aparecen las situaciones incómodas. Da la impresión de que todo el mundo finge que las cosas no han cambiado, quizás quieran creer que las cosas no han cambiado y que todo sigue igual, pero no sois las misma personas. Gente que te era próxima ahora son extraños, no puedes mantener el mismo nivel de cercanía pero de alguna manera sientes que deberías porque vuestros personajes es lo que harían. Pero tú no puedes. Es incómodo, no es natural. Y de alguna forma es traicionar a tu personaje, pero tampoco eres capaz de actuar de otra manera. Intentas encontrar el equilibrio que te permita seguir adelante. Y no es fácil. No lo logras la mayor parte de las veces.

No sé muy bien a dónde quiero llegar con todo esto. Tenía (y tengo) muchas ganas de que esta partida siguiera adelante pero ahora que lo hace, soy consciente de que las cosas nunca son tan fáciles como me gustaría que fueran. Creo que solo espero que podamos hacerle la justicia que merece a la historia.