El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

No tengo la sensación de haberme caído al suelo como los demás, sino que estoy de pie en medio de lo que parece el fondo de un precipicio. A ambos lados se alzan rocosos acantilados y en el centro, una preciosa ciudad. Los demás están también aquí. Escuchamos una voz en el viento que nos atrae hacia los acantilados. Caminamos un centenar de pasos hasta que nos topamos de bruces con Araxx. Desenvainamos las armas pero algo no va bien.

Capítulo 10

Despertamos en el suelo del palacio de Quelizantor. Jax nos observa impaciente, pasando el peso de un pie a otro. Gael ha venido con nosotros. Araxx no.

—¿Cuánto…? —pregunta Brigitte— ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?

—Ha pasado un día completo —responde Jax—. ¿Tenéis las respuestas que necesitáis?

—Sí, creo que sí —dice Ishtar y nos mira—. ¿Qué hacemos ahora?

—Vamos a por el más cercano —dice Rajhmar.

Brigitte se acerca al gran mapa y señala nuestra posición.

—Creo que el más cercano es el de la naturaleza —dice, señalando el norte del Bosque de Ambar—. Después el fuego en Yngevil —señala el sur—, el agua en Punta Tempestad —señala un cabo cerca del volcán— y por último, el viento en Punta Voranor —y señala la isla de Vonidar en el noroeste del continente.

Duda un momento antes de añadir:

—Tengo pistas sobre otro… en las sombras.

—Respecto al sexto… Hay algo dentro de mí —dice en voz baja Ahleinne con la cabeza gacha—. Me ha dicho que no me asuste, pero no sé cómo se manifestará. Arax me habló… en mi cabeza.

No sabemos cómo reaccionar ante eso. Nadie dice nada. Al poco, algo parece despertarnos y nos ponemos en marcha. Recogemos lo poco que tenemos, empaquetamos todo y Jax nos entrega provisiones para el camino. Tenemos medio día de viaje hasta el norte del bosque, pero no sabemos lo que tardaremos en encontrar al dragón de la naturaleza. El bosque es grande. Gael se despide de nosotros. Él partirá a Telaraña para arreglar las cosas y hacer saber a su tío que Jerox está bien y que ambos conocen la verdad. Jax y Ezzio se quedan en las escalinatas del palacio despidiéndonos efusivamente con la mano.

Caminamos en silencio un buen trecho hasta la linde del bosque. Seguimos el camino entre los árboles en el mismo silencio. Apenas cruzamos un par de palabras. Todos andamos sumidos en nuestros pensamientos. Habremos avanzado una veintena de kilómetros cuando Ishtar se queda parada sin previo aviso. Detenemos todos el paso y la observamos. Tiene las orejas erguidas y el pelo del lomo erizado. Se acerca lentamente hasta un árbol y posa la mano en él.

Una miríada de sensaciones sacuden a Ishtar de la cabeza a los pies hasta la punta de la cola. El viento entre las hojas, las colonias de termitas que habitan en el interior de un olmo seco y que recorren su corteza en todas direcciones cavando sus túneles, un búho que descansa en lo alto de una rama, todos y cada uno de los árboles del bosque. Una voz potente que sale de ninguna parte retumba en su cabeza:

—Me has encontrado. Ahora ven a mí.

Ishtar abandona la senda y empieza a caminar a través del bosque, con una mano pegada a los troncos de los árboles y sin decir una palabra. Empiezo a pensar que está en una especie de trance. De vez en cuando veo cómo sus orejas se agitan en todas direcciones como si escucharan algo, pero no percibimos nada aparte de los ruidos habituales del bosque. De pronto, nos encontramos ante un anciano de corta estatura cuya capa, arma y armadura están cubiertas de hiedra. Lo hubiéramos pasado por alto de no ser porque Ishtar se detiene inmediatamente ante él.

—¿Quién eres? —pregunta Ishtar.

—Soy el guardián de la Ciudad de la Naturaleza. Solo los elegidos pueden traspasar el umbral. Si sois dignos, encontraréis el camino. —Se vuelve hacia Rajhmar y con voz amenazadora le dice—: Cuidado con lo que tocas.

—¿Cómo llegamos a la ciudad? —pregunta Brigitte.

—Seguid el camino. Tendréis que elegir y vuestra decisión determinará vuestro destino.

Dicho esto, se aparta a un lado y deja a la vista una senda entre los árboles. Ishtar no lo duda y abre la marcha. Los demás la seguimos. Todo esto es raro.

Al cabo de un rato. Llegamos a una bifurcación. Ishtar se agacha, pone una mano en el suelo y cierra los ojos.

En el camino de la izquierda un ser repta. Algo grande que emite un siseo inquietante. Un enorme temblor sacude el camino de la derecha tierra seguido de una risa de mujer.

—Siento el bosque —dice de pronto Ishtar.

—¿Sientes esto? —dice Rajhmar mientras da un pisotón en el suelo.

Ishtar se vuelve como un rayo y le da un capón.

—¿Sientes tú esto? —responde enfadada.

—¿Qué…? —comienza a decir Ahleinne pero se detiene a mitad de la frase

Ahleinne se ve ante un enorme golem de piedra. Está cubierto de musgo en su mayor parte y debe de medir más de cinco metros. Sobre sus hombros, una mujer de risa cantarina sujeta una correa. A una señal suya, el gólem levanta una de sus patas y aplasta a Zippo y a Kotaka.

—Por aquí —dice Ishtar señalando el camino de la izquierda—, hay una especie de serpiente. Por aquí —y señala al otro camino—, hay un temblor y una risa de mujer.

—¿Qué hacemos? —pregunta Brigitte.

—Ninguna parece una buena opción —me lamento.

—Cuidado —dice Ahleinne—. No os fieis de nada. He tenido una especie de… visión. Un enorme gólem de piedra guiado por una misteriosa mujer nos aplastaba.

Nos decidimos por el camino de la izquierda. Al menos, no tenemos visiónese de muerte con serpientes. Al poco de adentrarnos por el sendero, nos percatamos de que hay algo más allá de los árboles. Una especie de tronco o de cuerpo de un tamaño descomunal con púas en el lomo. Una serpiente gigante. Y nos está rodeando. Nos detenemos e Ishtar trepa a lo alto de un árbol para otear el horizonte. Cuando llega a la copa del árbol ve que el tamaño de este ser es inmenso. A lo lejos a la altura a la que ella está, asoma la cabeza de un ofidio de ojos verdes y dientes afilados. Alrededor de su cuello se despliega una cresta de aspecto amenazador.

—¿Quién eres y por qué has entrado en mis dominios?

—Mi nombre es Ishtar y busco la Ciudad de la Naturaleza.

—¿Me has traído comida?

—No, son mis compañeros.

—Lástima —dice decepcionado—. Venid.

Ishtar desciende de las alturas y nos indica que la sigamos. A nuestro alrededor el cuerpo de la serpiente nos cerca cada vez más. Para cuando llegamos a un claro, estamos totalmente atrapados dentro de un muro de escamas. Esto tiene mala pinta.

—Bienvenidos —sisea la enorme serpiente.

—Bien hallado —respondo. La educación ante todo.

—¿Quién se enfrentará a mi prueba? —pregunta e Ishtar se adelanta.

Sin mediar palabra, el monstruo se lanza contra Brigitte y la muerde. La humana se queda rígida y cae al suelo. Ishtar se arrodilla a su lado. El miedo tiñe su mirada. No sabe qué hacer. Dios mío. ¿Dónde nos hemos metido? Esto es de locos. No se debe confiar en criaturas gigantes y mucho menos en enigmáticos ancianos de los bosques… ¡Qué estúpidos hemos sido!

Ishtar le pone una mano en el cuello, sobre la mordedura. Nota cómo el veneno se extiende a gran velocidad. Pronto llegará al corazón. Si deja que pase, se le parará y no habrá nada que pueda hacer por ella. Llama al veneno para que recorra el camino en sentido inverso. La ponzoña sale poco a poco del cuerpo de Brigitte y entra en el suyo. Le quema las venas pero lo resiste. Pronto no queda nada y Brigitte parpadea sorprendida.

La serpiente asiente con aprobación.

—No esperaba menos de la elegida de la naturaleza. Podéis pasar.

Se hace a un lado y el bosque se transforma en una preciosa ciudad de muros blancos y techos verdes. Junto a la ciudad fluye un río desde una enorme catarata que asciende. En las alturas hay algo verde enroscado.

Ishtar cierra los ojos. Puede notar el latido de la vida en cada ser, pero hay algo más. Toda la ciudad está conectada en lo profundo. Siente el latir del corazón de cada uno de sus habitantes y una pesada respiración en lo alto.

El agua cristalina del arroyo me llama. Meto una mano en el líquido y agradezco su frescor. Algo me desconcierta. De pronto noto el flujo de la corriente y cada una de las pequeñas vidas que luchan por sobrevivir. Es como una tensión. Me pregunto si podría invertirla… Y ahí está. Muevo la mano hacia la cascada y de pronto el agua fluye hacia arriba. La sorpresa casi hace que me caiga. Bueno, ahora la cascada fluye para arriba pero aún resultaría difícil subir. Si al menos tuviéramos una barca… Ante mí se materializa una plataforma transparente. Parece agua pero al tacto es sólida. Dudando, pongo un pie encima. Me sostiene, así que subo. Es lo suficientemente grande para que quepamos todos, así que les hago señas. Cuando Rahjmar sube, se escucha un chisporroteo y una vaharada de vapor sube desde sus pies. Pone cara de terror pero no parece que pase nada más, así que nos transporto hasta lo alto de la catarata. Debo de estar soñando, pero me alegro de que al menos esto no sea una pesadilla. En lo alto nos aguarda un imponente dragón de un color verde brillante que nos observa intensamente.

—Bienvenidos —nos dice.

—Bien hallado —respondo automáticamente.

—¿Has creado tú este lugar? —pregunta Ishtar.

—Así es. Es el cementerio de los elegidos. Eso hacía mucho que no lo veía —dice de pronto mirando a Ahleinne y se gira hacia Brigitte pero no la mira a ella—. Eso no me lo esperaba.

Brigitte mira a su derecha pero no hay nada. Entonces, desaparece.

Un enorme dragón observa a Brigitte desde detrás de una extraña puerta.

—Hasta que no cumplas el trato no habrá nada que pueda hacer por ti.

—¿No puedes ayudarme? —pregunta Brigitte desesperada.

—Mira a tu alrededor —dice el dragón mientras extiende su garra en un amplio gesto.

Brigitte se vuelve y observa cómo a su alrededor están sus compañeros. En el interior de cada uno acierta a descubrir sus temores más oscuros y todos y cada uno de sus puntos débiles. El dolor, la pérdida, el engaño, el fracaso; todos temen algo y esos temores se hacen más fuertes conforme el tiempo pasa. Un poco más allá percibe por vez primera una sombra tras cada uno de ellos. Todas parecen estar a cierta distancia, excepto la de Kotaka, que parece dispuesta a saltar sobre ella y la de Sáhara, que la tiene prácticamente encima. Cuando sus ojos se posan en Ahleinne, casi tiene que cerrarlos. Entre la sombra y ella habita un ser de luz pura que la mantiene a raya.

—¿El qué? —pregunta Ahleinne.

—A mi hermano. Su poder en ti. A veces está aquí y a veces está allá. Yo la elegí a ella —dice mirando a Ishtar—, es la representación de la naturaleza. Imagino que habita en ti un viajero.

—Bien. —El dragón vuelve su atención a Ishtar. Su cabeza está tan cerca de la de ella que le revuelve el pelaje de la cara—. Acércate al altar, Elegida de la Naturaleza.

Ishtar da un paso hacia del dragón. Este se aparta elegantemente y descubre tras él una enorme roca plana completamente lisa y de bordes redondeados de un profundo y oscuro color esmeralda. Ishtar se incorpora ágilmente y se sienta con las piernas cruzadas sobre la dura superficie. Entonces, el dragón baja el hocico y exhala sobre ella su fuego verde.

Fin del capítulo 10

—¡Qué…! —dice alguien que no logro identificar.

Pero parece que no le hace ningún mal. Cuando termina, Ishtar desprende un extraño vapor verdoso que desciende hacia el suelo dibujando cascadas sobre la roca. Sus ojos se han vuelto de un intenso verde brillante.