El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

—Podíamos ir por mar —sugiere Kotaka.

—¿Alguna objeción? —pregunto. Nadie dice nada. Mejor.— Andando.

Tardamos algunos días en llegar a la costa, durante los que los pocos intentos de conversación enseguida mueren. Pasamos casi todo el tiempo caminando en silencio…

Capítulo 16

Hace un momento estábamos descendiendo a lo más profundo del mar y ahora de pronto navegamos apaciblemente por un agua en calma en dirección a un embarcadero salido de ninguna parte. Sobre nuestras cabezas brilla el sol. ¿Cómo es eso posible? Conforme nos acercamos al puerto nos damos cuenta de que tampoco es nada normal. Miremos donde miremos la gente manipula el agua a su antojo. Un infante de apenas cinco años hace malabares con burbujas. A nuestra derecha se elevan una manada de caballos de agua cristalina que cabalgan las olas y desaparecen al cruzarse con una mujer que monta lo que parece ser una serpiente gigante.

Para cuando nos queremos dar cuenta, hace un rato que hemos atracado y no hay ni rastro ni de Terra ni de su tripulación. Nos miramos sin saber qué hacer. Kotaka desciende por la pasarela y pregunta a uno de los atareados marineros. El hombre señala un punto a lo lejos. Cuando seguimos la dirección de su dedo, vemos un gran castillo. El agua recorre sus muros en cascada y en el frente se alzan lo que parecen dos pendones dorados coronados por unas hermosas alas de ángel que se parecen poderosamente a la espada de Ahleinne. Ella también debe de haberlo pensado porque mira su arma perpleja.

—Parece ser que está en su hogar —dice Kotaka cuando nos reunimos con ella—. Me ha indicado cómo llegar.

Echamos a andar hacia allí y nos cruzamos con todo tipo de gent extraña. Sin venir a cuento, una pirata con un loro en el hombro y un saurio nos saludan al pasar levantando la botella que lleva en la mano en nuestra dirección. Caminamos por una ancha avenida pavimentada en piedra blanca y flanqueada a ambos lados por anchos canales. El agua fluye en todas direcciones y el sol se refleja en los adoquines haciéndolos brillar como si estuvieran hechos de nácar. La calzada comienza a ascender conforme nos acercamos al castillo y se convierte en una alta muralla que se alza sobre la ciudad y se bifurca en dos elegantes escaleras que se elevan en espiral por la fachada del palacio.

La puerta está abierta y no hay guardias, así que entramos. El pasillo está decorado con enormes cuadros de dragones. Muchos de ellos representan una gran batalla entre Kratos y Alamuerte, pero también hay dragones blancos, negros, azules, verdes y amarillos. Al final del pasillo un arco de más de seis metros de altura da paso a lo que entiendo será la sala del trono, porque hay dos al fondo. Terra está sentado… ¿o sentada? en uno y a su lado, hay otra persona idéntica a él… ella. Creo recordar que le identificó como su hermano pero no puedo estar segura.

—Bienvenidos, elegidos, a la Ciudad del Agua —dicen a la vez. Es bastante turbio—. En otras circunstancias os ofreceríamos nuestra hospitalidad con una buena comida y descanso pues nos alegra teneros en nuestra ciudad, pero nos hemos quedado sin tiempo. Debéis llegar al templo para superar la Prueba del Agua. Sed fieles a vuestros sentimientos si queréis sobrevivir. El agua es pureza y pureza es lo que necesitamos.

Al menos van al grano y no nos hacen perder un tiempo que no tenemos. Me gustan.

—¿Dónde está el templo? —pregunto.

—Pedid ayuda a Stella, ella será quien os guíe. Suele pasar su tiempo bebiendo en el puerto con un loro y un saurio.

Sin darnos tiempo a preguntar nada más, se levantan al mismo tiempo y se van. Se mueven al unísono aunque no se miran. Es como si estuvieran sincronizados. Salen por una pequeña puerta situada a la derecha de los tronos y de ella nos llega una música conocida que se extingue cuando la hoja se cierra.

—¿Jax? —pregunta Ahleinne.

—Yo también lo he oído —respondo. ¿Qué estará haciendo aquí y cómo ha llegado tan rápido?

Regresamos al puerto y la pirata sigue exactamente en el mismo punto en el que la dejamos. Se levanta, hace una reverencia tambaleante y se presenta.

—Me llamo Stella y soy capitana. Este es Rauros, mi segundo al mando.

Nos presentamos todos y Rahjmar le pide un trago.

—¿Qué estarías dispuesto a pagar por ello?

Él se lleva la mano a la bolsa y le da unas monedas. Ella le entrega la botella. Cuando Rajhmar la alza para beber, se da cuenta de que está vacía y la mira ceñudo.

—Eso ha sido de mal gusto —dice el bárbaro.

Stella se encoge de hombros.

—En mi barco las cosas funcionan así.

He de reconocer que su picardía me ha hecho gracia pero me guardo la sonrisa porque Rajhmar parece bastante cabreado.

Echamos a andar hacia el este, si el sol no me engaña, aunque bien pensado ¿cómo diablos hay sol bajo el mar? ¿Y cómo estamos respirando? ¿Por qué hay un mar bajo el mar? La cabeza me empieza a dar vueltas con tantas preguntas y prefiero parar. Maldita sea la magia cien veces.

Creo que me he empanado demasiado porque no sé cómo hemos llegado a la entrada del templo. Al parecer hemos cruzado un puente enorme porque lo tenemos a nuestras espaldas, pero no he sido consciente de ello. Debería prestar más atención a lo que está pasando. Sobre el vano de la puerta hay una inscripción tallada en piedra: Sé sincero o moriréis. Qué halagüeño… Espera, ¿qué? ¿Mi vida depende de que el resto sea sincero? Creo que no quiero entrar aquí. Aunque tampoco es que tenga otra opción… Es entrar y morir o esperar y morir. Difícil decisión. Así al menos parece que hago algo.

Las puertas del templo se abren solas para darnos acceso a una sala circular. Frente a nosotros hay dos puertas con un rótulo cada una. A la izquierda, AMOR; a la derecha, ODIO, y sobre ellas una pregunta: ¿Qué os mueve?

—Escoged una puerta y atravesadla —dice Stella.

Fin del capítulo 16

En otras circunstancias tal vez mi respuesta hubiera sido distinta. Tal vez habría reflexionado sobre la vida y cómo el amor nos mueve y nos ayuda a continuar a pesar de todo. Pero no. En este instante solo siento un frío y viscoso odio recorriéndome las venas…