El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Hace un momento estábamos descendiendo a lo más profundo del mar y ahora de pronto navegamos apaciblemente por un agua en calma en dirección a un embarcadero salido de ninguna parte. Sobre nuestras cabezas brilla el sol. ¿Cómo es eso posible?

Capítulo 17

En otras circunstancias tal vez mi respuesta hubiera sido distinta. Tal vez habría reflexionado sobre la vida y cómo el amor nos mueve y nos ayuda a continuar a pesar de todo. Pero no. En este instante solo siento un frío y viscoso odio recorriéndome las venas. Solo quiero destruir, incluso con mis manos si hace falta, a todos y cada uno de los secuaces de Jaraxxux y luego hacerle pagar a él todo el daño que nos ha hecho. Cuanto más sufran, mejor. Así que supongo que si he de ser sincera, debo cruzar la Puerta del Odio.

Ahleinne, Brigitte, Isthar y Jerox se colocan a la izquierda y me sorprende que se les unan Troj y Rahjmar. Hubiera jurado que albergaban algo más de odio que de amor dentro de ellos y temo que no hayan sido sinceros. Siento un escalofrío que me eriza los pelos del lomo al pensar en la inscripción de la entrada. Solo espero que hayan sido sinceros. Aridia, Kotaka y Rauros vienen conmigo y Stella nos hace una seña para que entremos. Ella cruza la puerta tras nosotros.

Un pasillo largo y estrecho comunica con otra puerta que guardan dos elementales de agua, inmóviles. El suelo está cubierto de una fina capa de agua. Si nunca habéis visto un elemental de agua puede resultar difícil imaginarlo. Es como si en el cauce de un arroyo una ola se hubiera quedado inmóvil en lugar de continuar su camino. Parece un montículo que surge directamente de la superficie. Al contrario de la creencia popular, no tienen forma humanoide (cabeza, brazos, piernas… esas cosas) ni cola de pez. Estos dos tienen más o menos la altura de un humano corriente pero se parecen más a un enorme gusano transparente con dos protuberancias a modo de brazos. No soy capaz de encontrar una comparación que refleje fielmente su aspecto, pero si te topas con alguno, sabes lo que es, como yo lo supe en cuanto los vi.

—¿Nos dejáis pasar? —pregunto.

No responden. Nos quedamos unos instantes en silencio pero de pronto una enorme ola se levanta y nos arroja contra la puerta. Aparte del golpe, nadie parece excesivamente herido porque todos se incorporan. Cuando me doy la vuelta, veo a Stella corriendo hacia ellos con las espadas desenfundadas. El pasillo es tan estrecho que va arañando las pareces con las puntas. Cuando está apenas a dos zancadas de ellos, salta dando una vuelta en el aire a gran velocidad y descarga las armas contra ellos. Es un salto muy elegante y hasta aplaudiría con entusiasmo, si no fuera porque los ha atravesado sin más. Siguen ahí. Ilesos. Fríos. Húmedos… Espera, ¿qué? De pronto soy consciente de que siento toda el agua de la sala, incluidos los dos elementales. Es una sensación confusa. Noto los pies de todos hundidos en el palmo de agua, cómo el líquido abraza la piel y trata de entrar a través de cada grieta. Trato de seguir esa sensación hasta la puerta y noto la resistencia de los pies de Stella y, junto a ella… Otra cosa. Dos cosas… Entes. Es como si formaran parte de mí de alguna forma, pero tienen su propia conciencia. No sé si funcionará pero trato de concentrarme en ellos, convencer a su estructura de que en realidad no son elementales, sino agua. Noto su resistencia y alzo la mano en su dirección. Trato de bajarla pero noto tensión. No quieren bajar al agua. Hago más fuerza y lentamente consigo ir bajando poco a poco la mano. Los elementales se funden con el agua.

Suspiro de alivio y me relajo, pero en el instante en que dejo de prestarles atención, ambos vuelven a salir. Zippo en su forma helada echa a volar a toda velocidad hacia ellos y escupe su aliento sobre el de la izquierda congelándolo. Por poco no le ha dado a Stella, pero aunque pierde el equilibrio, logra apartarse a tiempo.

—No sé qué hacer —dice Aridia a mi izquierda y su rostro es de total impotencia.

Stella no ha logrado hacerles nada. Yo, la elegida del agua, no tengo ni la más remota idea de qué hacer. No me extraña que se sienta inútil pero no es momento de autocompadecerse, joder. Zippo lo acaba de congelar. Si lográramos romperlo a lo mejor desaparecen. Desenvaino mi espada helada y trato de golpear al otro, pero solo lo rozo y la pequeña escarcha que se ha formado enseguida se derrite. Rauros trata de morderlo y se lo traga. Nos quedamos perplejos mirándolo. ¿Será tan sencillo como bebérselos? Debe de ser una broma…

Rauros se contorsiona de una manera extraña y de cada una de las escamas de su piel comienza a gotear agua. Es un cuadro extrañísimo y da un poco de repelús. Es la primera vez que veo a un reptil sudar. Poco a poco todas las gotas se arrastran para juntarse y el elemental se alza de nuevo, pero Zippo lo recibe con un chorro de hielo. Aridia sonríe, la veo venir a toda velocidad y clava las dagas en ambos elementales, que se desmoronan en pequeños trocitos de hielo. Un crujido a nuestra espalda nos revela que la puerta se ha abierto.

En la otra puerta un solo elemental aguarda a Ahleinne, Brigitte, Isthar, Rahjmar, Troj y Jerox. El camino del amor es siempre más llevadero que el del odio. La puerta se cierra tras ellos y se quedan inmóviles, aguardando. De repente una ola se alza contra ellos y los arroja contra la puerta, golpeándolos unos con otros. Solo Isthar y Rahjmar reaccionan a tiempo y consiguen mantenerse en pie. Brigitte recibe la peor parte al caerle todos encima.

—¿Siempre tiene que haber violencia? —grita Ahleinne en dirección al elemental, mitad enfada mitad desesperada. Después se gira—. ¿Qué hacemos contra esto?

Jerox y Troj escalan por una de las paredes hasta el techo y el araina comienza a tejer su telaraña. Cuando la ola regresa, Isthar aguarda con su bastón en alto y la golpea en su punto más alto. El hielo se extiende a gran velocidad creando una escultura helada de lo que antes fuera agua en movimiento. Rajhmar arremete contra ella con su hacha y la hace estallar en mil pedazos.

Troj y Jerox se arrojan contra el elemental y tratan de abatirlo con sus armas, pero solo logran atravesarlo inútilmente. Entonces Isthar se abalanza sobre él y lo golpea con el extremo helado de su bastón. Al igual que la ola, el hielo se extiende desde el punto de impacto dejándolo completamente congelado.

Los demás se encaminan hacia la puerta pero esta no se abre. Dándose cuenta de que aún no han terminado, Rajhmar se vuelve hacia el elemental y exhala sobre él su aliento de fuego. Casi al instante el hielo se derrite y el elemental regresa a su estado líquido, como antes.

 —¡Mierda! —masculla.

Entonces se da cuenta de que su hacha está en llamas y respira hondo para calmarse. El fuego se apaga y la otra mitad del hacha comienza a emitir un brillo azulado. Cuando abre los ojos, sonríe y descarga el hacha sobre el elemental con toda su fuerza, volviéndolo a congelar.

—Eso está mejor.

Jerox carga el arco y le dispara una flecha que hace saltar trozos de hielo por todas partes. Troj intenta maniobrar en el poco espacio que hay pero se da cuenta de que puede herir a alguien como se le vaya la mano, así que Isthar y Ahleinne le toman el relevo. Isthar golpea con el lado helado de su bastón rompiendo otro fragmento y Ahleinne trata de clavarle la espada, pero no lo llega a atravesar. Entonces Troj suspira, aparta a todo el mundo haciendo muchos aspavientos y golpea el hielo con tanta furia que hace estallar al elemental en mil pedazos.

—Pringaos —murmura.

La puerta se abre.

Llegamos a una sala circular como la primera. En el centro de la sala hay un baúl. Antes de acercarme ya sé que está hecho de agua y lo que contiene. Me pregunto cómo de seguro es un baúl de agua. Quiero decir, puedes simplemente meter la mano y coger las cosas, ¿no?

En esas estamos cuando salen por la otra puerta los elegidos del amor. Perdón. Tenía que decirlo. Como es mi prueba entiendo que tengo que ser yo quien se acerque aunque no me hace maldita gracia. Para mi sorpresa, el baúl es sólido a pesar de su composición, así que levanto la tapa. Dentro hay una capa de tela negra y unos brazales de arquería. Parecen hechos de algún tipo de piel oscurecida.

—Si no se los entregas a quien están destinados, desaparecerán —dice la voz de Stella a mi espalda.

¿Cómo? ¿Qué? Estará de broma… ¿Así, sin más datos? ¿Cómo voy a saberlo? ¡Son dos estúpidos trastos! Y seguro que tienen propiedades mágifantásticas con los que salvar el mundo. Si me equivoco, la culpa será mía por no haber sabido encontrar a su dueño legítimo. Porque nadie va a echarles la culpa a los dragones de poner pruebas estúpidas en lugar de ir de frente. No claro que no. La culpa será de la estúpida Sáhara que no era válida. Malditos sean mil veces esos estúpidos reptiles gigantes y maldita sea la magia mil millones de veces.

Observo más de cerca los objetos, tratando de averiguar a quién podrían pertenecer. La capa estaba bordada con hilos de oro a lo largo de toda la tela. Es muy ligera y bonita. Me pregunto de quién será. Parece que los hilos trazan el dibujo de unas alas. Alas… Alas… Volar… Aire… ¿Será para Kotaka? ¿Para quién si no iba a ser? Ella es la elegida del aire… Con cuidado la recojo y me acerco a la kitsune que alarga el brazo, pero en cuanto sus dedos tocan la tela, esta se desvanece.

Estupendo. Uno fuera y acabamos de empezar. Me queda el segundo. ¿Qué hago yo con esto? ¿A quién se lo doy? ¿Por qué yo? ¿Por qué estoy aquí? ¡Este no es mi sitio, joder! Yo no pertenezco a este lugar. No quiero los poderes del agua. No quiero la responsabilidad. ¡No la pedí! Yo solo quería cantar y ahora ni eso… Uo, uo, uo. Para. Sáhara. Para. Por lo que más quieras, contrólate. No lo pediste. No lo quieres. Pero es lo que hay. Sabes perfectamente que no hay vuelta atrás y ahogarte en un vaso de agua no te va a servir de nada. Ni aunque te fueras el mundo sería el mismo que cuando dejaste el barco. Por eso tomaste la decisión de seguir adelante con todas las consecuencias. Hazte cargo de tu decisión y navega con rumbo firme. Además, eres la elegida del agua. Pase lo que pase, sabes no te vas a ahogar.

Tomo aire. Que sea lo que la diosa quiera. Si son brazales de arquero, serán para nuestra arquera. Los cojo y me dirijo lentamente hacia Brigitte. Me tiemblan las zarpas. Puedo verlo y escucho el rasgueo de los brazales contra mis garras. Los sujeto con más fuerza para que dejen de moverse y se los doy. Cierro los ojos. No quiero verlo, pero me obligo a abrirlos un segundo después. Los brazales siguen en sus manos. Me mira interrogante pero no tengo respuestas. No sé lo que son ni para qué sirven. Solo sé que he acertado.

Grito por dentro de alegría y de alivio. Ha pasado ya. Podemos continuar. Stella que asiente con la cabeza y señala más allá del cofre. En la pared del fondo hay dos puertas. Sobre ellas, sendos letreros se alzan amenazantes. De nuevo nos obligan a elegir. A la izquierda, Vivir con el mal. A la derecha, Morir por el bien.

Fin del capítulo 17

Bueno, al menos esta vez no me lo tengo que pensar. El mero hecho de que esté aquí ya es prueba suficiente de que me niego a vivir con el mal. Sin embargo, me preocupa lo que nos aguarde dentro. En la lucha contra el mal hay que hacer sacrificios…