El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Bueno, al menos esta vez no me lo tengo que pensar. El mero hecho de que esté aquí ya es prueba suficiente de que me niego a vivir con el mal. Sin embargo, me preocupa lo que nos aguarde dentro. En la lucha contra el mal hay que hacer sacrificios…

Capítulo 19

Me tomo un instante para meditarlo. Mientras tanto, Isthar y Brigitte junto con Jerox y Troj se plantan con decisión frente a la puerta del Todo. Me pregunto si realmente son conscientes de su elección. Darlo todo significa precisamente darlo todo. No solo tu dolor o tu vida, sino también sacrificar la de todos los demás, llegar a cometer toda clase de aberraciones. Todo es todo. Eso no es lo que quiero. Avanzo hasta la otra puerta, donde esperan Rahjmar, Aridia y Stella. En esta lucha y en cualquier otra daré solo aquello que sea necesario. Junto a mí se colocan Kotaka y, para mi sorpresa, Ahleinne. Rauros parece indeciso, pero finalmente se une a Isthar y Brigitte.

Traspasamos la puerta y nos encontramos en la sala rectangular de una cueva. Está iluminada pero no consigo distinguir ninguna fuente de luz. Es como si las paredes de piedra brillaran. Frente a nosotros hay un gladiador de piel blanca como el hielo. No me refiero a que sea de piel pálida. No. Su piel parece hecha de nieve. Viste un casco de metal gris azulado que no deja ver su rostro y una coraza que le cubre todo el pecho pero deja libres brazos y piernas. Enarbola un tridente del mismo metal gris azulado que su armadura que me produce un escalofrío. Aridia y Rahjmar se miran. Parecen dudar si atacarlo o no. No se mueve y tampoco lo hacemos nosotros.

Me pregunto si me atacará si me acerco. Nada nos obliga a luchar con él. No nos ha atacado ni ha dado muestras de amenaza si obviamos el mortífero aspecto de su arma. Me trago el miedo y avanzo unos pasos. No quito el ojo de encima al gladiador pero trato de caminar lo más inofensivamente posible. En caso de que me ataque podría quitarme rápidamente de su alcance, espero.

—Sáh… —Ahleine deja escapar un suspiro ahogado pero no trata de detenerme.

Continúo caminando. Ya estoy a su altura. Me mira pero no da muestras de querer atacarme, así que lo rodeo y sigo hasta la puerta. Por el rabillo del ojo trato de no perderlo de vista pero cuando sobrepaso su espalda dejo de verlo. Ojalá no me equivoque.

Llego hasta la puerta sin altercados y agarro el pomo. Se abre. Sonrío para mí. Lo conseguí. Me doy la vuelta y les hago una seña. Ahleinne avanza decidida y Kotaka la sigue. Ojalá fuera capaz de confiar en ella la mitad de lo que ella confían en tondos nosotros. Rahjmar y Aridia dudan. Contengo el aliento. Por favor que no lo ataquen. Por favor, por favor, por favor. No sé a quién estoy rezando, pero seas quien seas, no los dejes atacar. Por fin se deciden a seguirnos. Llevan las armas en posición defensiva y cuando sobrepasan al guerrero, se dan la vuelta caminando hacia atrás. Él no se inmuta. Finalmente nos reunimos todos al otro lado de la puerta. La sala está vacía a excepción de un cofre en el centro como los anteriores. La otra puerta permanece cerrada. Me pregunto que se verán obligados a hacer. Los minutos pasan y nadie aparece. Siento una punzada de miedo. Me siento en el suelo. Nadie dice nada.

Tras la puerta del Todo aguarda un gladiador con una coraza que lo cubre por completo. En cada mano enarbola un hacha. Nada más poner un pie en la sala, se abalanza contra ellos y derriba a Troj con una patada. Jerox e Isthar se apartan de un salto, uno a cada lado y Rauros cae al suelo. Brigitte desaparece.

En el mundo de las sombras el gladiador brilla con intensidad. Brigitte avanza hasta colocarse a su espalda y dispara. La flecha impacta pero el guerrero no parece notarla. Guarda el arco y saca la cimitarra.

El guerrero arroja las hachas contra Isthar, pero ella se impulsa con el lado helado de su bastón de hielo para esquivarlas y golpearlo con el otro. Jerox arranca las hachas de la pared, corre por la pared y lanza las hachas a su adversario. Cuando el bastón impacta, las hachas se le clavan en los hombros al gladiador, pero este no parece inmutarse.

Brigitte reaparece tras el guerrero y trata de clavarle la cimitarra en la espalda, pero en ese momento él se retuerce para agarrar una de las hachas y el filo del arma resbala por la coraza.

Girando sobre sí mismo, el gladiador obliga a Isthar a saltar hacia atrás para esquivarlo. Rauros salta para colocarse sobre él aprovechando que está algo agachado y trata de rajarle el cuello, pero su piel es mucho más dura de lo que pensaba. El guerrero se lo sacude de encima y lanza al dracónido contra la pared.

Aprovechando que está distraído, Jerox se deja caer desde las alturas y lo golpea con los puños en el yelmo. El araina arranca un acorde disonante al metal con su ataque, pero lo distrae lo suficiente para que Isthar pueda golpear la piel desnuda del cuello con su bastón. Cuando impacta, una llamarada de fuego envuelve al gladiador. Jerox se aparta apagando las llamas de su ropa y todos ven cómo poco a poco el luchador se deshace.

No sé cuánto tiempo llevamos esperando en silencio cuando la puerta se abre al fin. Brigitte es la primera en salir. Parece intacta. Jerox sale después golpeándose la ropa con las cuatro manos. Parece que se ha chamuscado. Lo siguen Troj, Rauros y, por último, Isthar, que va colocándose su bastón a la espalda. Nos levantamos del suelo aliviados.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Ahleinne.

—Luchamos contra un guerrero… ¿de hielo? —responde Brigitte—. Se derritió bajo el fuego de Isthar.

—Nosotros no luchamos contra él. Nos dejó pasar —le dice Kotaka.

Me acerco mientras tanto al cofre. Dentro hay una capa corta de pelo color tostado. Es muy suave al tacto. Cuando me fijo, está decorada con un fino entramado de hilos dorados que parecen dibujar espirales. Acaricio la tela disfrutando de la suavidad del pelaje. Me recuerda al de Isthar así que, ¿por qué no?

—Esto es para ti —le digo a la felínida tendiéndole el manto.

—¿Por qué? —dice, pero no lo coge.

—¿Y por qué no? —Me encojo de hombros y se lo vuelvo a ofrecer.

Alza lentamente la mano y la detiene en el aire, casi rozando la tela con la punta de los dedos. No quiere arriesgarse. Retira la mano pero antes de pensárselo mejor, la coge. Sus dedos se cierran sobre la tela y no desaparece. Bien.

El libro lo tengo más claro. No sé de qué será pero dado que todo es mágico, un libro mágico tiene que ser para la maga. Al menos en mi cabeza tiene lógica… Lo cojo con un cuidado casi reverencial. Parece un tomo muy antiguo encuadernado en piel marrón. Las páginas están un poco amarillentas por los bordes aunque no excesivamente desgastadas. No tiene apenas decoración y no lleva título.

Me vuelvo hacia los demás con el libro en brazos. Están alrededor de Isthar observando el manto. Se lo ha puesto sobre los hombros y le sienta muy bien. Conforme me acerco, Kotaka no le quita los ojos de encima. Lleva la curiosidad pintada en la cara. Estoy casi tentada de gastarle una broma, casi.

—Toma —le tiendo el libro.

Lo coge conteniéndose para no arrebatármelo de las manos y al instante lo abre. Pasa las páginas con delicadeza y lo ojea con avidez. Su ilusión me arranca una pequeña sonrisa. Entonces Stella echa a caminar hacia el otro lado de la sala y el hechizo se rompe. Recuerdo por qué estamos aquí y el mundo parece oscurecerse un tanto.

—Continuemos —dice la pirata.

Esta vez son tres las puertas coronadas por cuatro letreros. En lo alto, una pregunta: ¿Ante la muerte? La puerta de la izquierda reza Tristeza; la de la derecha, Ira, y en el centro hay tallada en la madera una interrogación.

Fin del capítulo 19

Desde luego, lo que no siento ante la muerte es ira, pero ante esa puerta se congregan ya Troj Aridia, Brigitte, Kotaka y Rauros. En cierto modo los entiendo, creo…