El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Llegamos cada uno por nuestra cuenta al enorme campamento de entrenamiento en las marismas de Xarilia entre la llanura de Sananda, al norte de Saurania, y las selvas azules de Zefiria. Está rodeado por una alta empalizada bien defendida. En lo alto, en cada puerta y distribuidos por el campamento pueden verse guardias armados siempre al tanto de todo lo que está pasando…

Capítulo 2

Rápidamente salimos de la enfermería. Brigitte y yo tratamos de encontrar el rastro de Ishtar desde donde había caído, pero hay demasiadas pisadas sobre la tierra y no logramos encontrar nada útil. Rahjmar se acerca a preguntar a los guardias de la puerta. El de la puerta lateral no es excesivamente amigable, pero le dice que nadie ha salido por ahí. La puerta principal está desierta. No hay ni rastro de los guardias. Eso es raro. Ahleinne ayuda a Brigitte a encaramarse a un poste para otear el campamento y tratar de encontrar el rastro, pero no descubre nada. Entonces me acerco de nuevo a Sandra y le pregunto si sabe qué ha sucedido. Al mencionar al orco del hacha roja, ella y todos los instructores se retiran al cuartel.

Mientras todo esto sucede, Ishtar despierta. No sabe qué ha sucedido. Estaba de espaldas cuando Kotaka atacó, por lo que no entiende lo que está pasando. Está tendida en un catre, con una ropa distinta a la que llevaba esta mañana. El orco que nos observaba la recibe y le da de cenar. Se presenta como un antiguo amigo de su hermano Zaret, cosa que sorprende a Ishtar. Zaret nunca le había hablado de él, por lo que le pregunta la razón. Kalum le cuenta que después de un tiempo, se separaron. Le revela también que fue instructor del campamento y que la última persona a la que entrenó fue a su hijo, que fue asesinado por Jaraxux. Zaret fue una excepción. A Ishtar le dice que nuestra reputación futura depende de que nos acepte un instructor, por lo que le insta a que regrese y nos esforcemos. Sin embargo, añade que en caso de que nadie nos acepte, él nos entrenará.

Salimos a la puerta. No hay guardias. Descubrimos que están subidos en la copa de un árbol y que alguien les ha hecho creer que son ardillas. A lo lejos vemos como Ishtar se acerca al campamento caminando con su bastón. Al llegar, vemos que está perfecta a excepción de una zona de la cabeza en la que ha perdido sus rastas y todo rastro de su pelaje. El pelaje es extremadamente importante para los felínidos, una muestra de su estatus y su poder, por lo que perderlo supone un duro golpe. Kotaka dice algo que me hace saltar. Ishtar pregunta qué ha pasado y le contamos todo lo que sucedió desde que atacaron a Sandra. Antes de que nos demos cuenta, ha golpeado a Kotaka en la cabeza, que se tambalea mareada.

Kalum

Discutimos sobre qué hacer. Nos cuenta lo que le ha pasado de forma resumida y, aunque estamos confusos, todos coincidimos en que no nos parece buena idea que Ishtar entre de nuevo en el campamento después de cómo reaccionaron Sandra y el resto de instructores al mencionar al orco del hacha roja. Entonces, sin previo aviso, una canción muy antigua me viene a la memoria, La destrucción de Gheredar. Habla de un orco que salvó una aldea de un ejército. Tardo unos minutos en recordar toda la armonía pero finalmente lo consigo y la canto con una pequeña animación (no puedo evitarlo, soy terriblemente teatral y todos han demostrado ya lo que podían hacer. Sí, lo admito, quería lucirme). Al terminar, me doy cuenta de que los primeros versos están dispuestos de tal manera que forman el nombre de Kalum. Parece que todo encaja pero me asalta una duda. La canción es extremadamente antigua, probablemente la más antigua que conozco. Los hechos que narra tuvieron lugar hace más de diez mil años. Y de nuevo ahí está esa cifra. Todo sucedió hace diez mil años…

A pesar de todo, decidimos ir a ver a Kalum, pero antes, queremos probar suerte con Kroko ya que el sol aún no se ha puesto. Si nos damos prisa, aún nos queda tiempo de que nos acepte un instructor. Me quedo fuera con Ishtar mientras el resto entra. Ahleinne se acerca a hablar con Jerox y este, sorprendido pero sin intención de burla, nos dice que hemos perdido nuestra oportunidad. Los instructores decidieron retirarse antes de tiempo, tal vez porque consideraron que ya habían visto suficiente. Los murmullos, las risas y las burlas del resto de aventureros comienzan como un susurro y pronto crecen en intensidad.

Brigitte se dirige decidida y enfadada al cuartel, dispuesta a echar abajo la puerta si es necesario. Sin embargo, un Trog muy borracho se le acerca y la retiene, aprisionándola bajo el peso de su abrazo. Ella trata de zafarse inútilmente y recurre a los guardias. No saca más que risas burlonas y eso la enfurece todavía más, así que guía al tambaleante orco hacia la puerta (no opone ninguna resistencia) y cuando trata de traspasar a la guardia, se le echan encima y la arrojan fuera del campamento. Al menos, logra quitarse a Trog de encima. Los demás salen también del campamento y nos encuentran a Ishtar y a mí sentadas en la arena tocando. Ishtar rasguea un ukelele y yo la acompaño con la vihuela. Suena bien. No he podido evitar interrogarla sobre su cultura y sus canciones, pero no parece que le haya molestado.

Nos ponemos en marcha rumbo a la granja. Una vez allí, Kalum nos abre la puerta y nos invita a entrar. Se muestra sorprendido cuando Ishtar le revela que no tenemos instructor pero confirma su invitación: se ofrece a resolver todo a condición de que cada mañana al amanecer (a primera hora) vengamos a la granja a entrenar. Nos dice que podremos dormir en el campamento, que él se encarga de que nos acepten. Kalum es impresionante. Hay algo en él que hace que me resulte imposible pronunciar más que un puñado de palabras y sin embargo me muero de ganas de preguntarle. Se queda mirando un instante a Kotaka y alza la mano en su dirección. Kalum le dice que mañana podrá volver a conjurar como siempre, a lo que lo miramos extrañados. No sabíamos que había perdido su magia.

Antes de que me decida si preguntar o no, es Brigitte quien le hace la pregunta a Kalum.

—La destrucción de Gheredar… ¿Eres tú?

No puedo creer que lo haya hecho, pero Kalum se limita a asentir. No consigo aguantarme más y le pido que nos relate la historia.

»Kalum era un aventurero que partió en busca de un objeto mágico que se encontraba en las inmediaciones de la aldea de Gheredar. Debía destruirlo pero antes de encontrarlo, se quedó sin víveres. Se adentró en el pueblo para reponer fuerzas pero todas las puertas se cerraron a su paso. Todos se negaron a servirle sin que supiera el motivo. Tenía hambre, estaba cansado y la noche se acercaba, pero nadie se apiadó de él excepto una enana. Le abrió las puertas de su posada, le dio de comer y le ofreció alojamiento. Al caer la noche, algo lo despertó y vio que el pueblo estaba siendo invadido por uno de los ejércitos goblin de Jaraxux. Kalum los enfrentó como pudo pero eran demasiados. Se vio sobrepasado en número y trató de encaramarse a un alto para lograr algo de ventaja y blandió su hacha para llevarse al infierno a tantos como le fuera posible. De pronto, un resplandor rojizo la iluminó y el dolor desapareció. Las flechas llovían sobre su espalda sin que las notara. Las espadas y las lanzas aguijoneaban su piel sin que le importara lo más mínimo. Antes del amanecer había acabado ya con todos los goblins. Corrió a la posada pero era demasiado tarde. La enana estaba tendida en el suelo y lo único que escapó de los labios de la mujer fue «Lo siento».

Al regresar al campamento, el ambiente es más bien festivo. La mayoría celebra las selecciones bebiendo y cantando y yo no puedo resistirme, me meto en la primera taberna. No sé qué harán los demás, pero yo necesito un poco de juerga. Como no sabemos dónde vamos a dormir, Rahjmar se acerca a un guardia y se lo pregunta. No es demasiado amigable, pero al final le consigue sacar que deberíamos preguntar a Ivor, en el cuartel, así que hacia allá se dirigen. Al entrar ven que el cuartel se dispone en una especie de círculos concéntricos. En el exterior hay expositores de armas rodeando lo que parece un enorme mapa de batalla. En el centro, los instructores y los generales charlan. El grupo se acerca y preguntan. Amablemente, les informan de que se les ha asignado el barracón 16. También les dicen que dormirán todos juntos y que procuren no separarse, aunque reparan en que falto yo, pero todo el mundo parece dar por supuesto que los bardos vamos por libre. Tanto mejor para mí. Antes de que se marchen, Ivor llama la atención de Ishtar para que se acerque a hablar con él. Brigitte no está demasiado conforme con ello y se queda junto a la felínida, solo por si acaso. Ivor le entrega un sobre, que dice que era de su hermano. Ishtar se limita a guardárselo sin abrirlo y se marchan.

Los veo entrar en la taberna cuando estamos a mitad del Zaret el protector. Se sientan en una mesa pero no veo si piden algo o simplemente se sientan a escuchar. Ishtar abre el sobre que le acaba de dar Ivor y deja caer en su mano un pequeño emblema familiar con un aura extraña. No dice palabra. Cuando terminamos de tocar y cesan los aplausos, me entretengo un rato más hablando con los bardos. Me entero de que ningún grupo se ha quedado sin instructor y de varias versiones de lo sucedido a lo largo del día en el campamento. Me estoy divirtiendo, pero cuando el resto se levanta, decido que ya es hora de ir a dormir.

Al amanecer no puedo evitar que mi vista se vaya constantemente al trozo de piel expuesta de la cabeza de Ishtar. Sé que es una descortesía completa decirle nada, pero le ofrezco uno de mis pañuelos. Me mira con cara de sorpresa y me doy cuenta de que no se había percatado de lo que pasaba. Rahjmar le ofrece el filo de su espada para que se mire. La expresión de su cara cambia radicalmente y antes de que nos demos cuenta, ha vuelto a golpear a Kotaka, que una vez más, se tambalea mareada. Ahleinne y yo cruzamos una mirada y decidimos que es un momento estupendo para irnos a desayunar. Cuando estamos saliendo por la puerta, Rajhmar dice algo que no entendemos pero que suena completamente fuera de lugar. Acto seguido, Ishtar lanza su bastón con fiereza y lo detiene entre los ojos de Rahjmar a escasos milímetros de su piel. Su tono es de amenaza, pero Brigitte interviene. No sé qué sucedería entre ellos, pero al rato se nos unen como si nada y poco después, partimos hacia la granja.

Al salir del campamento vemos en la lejanía un grupo de encapuchados. Un aura extraña los envuelve y parece que estuvieran realizando algún tipo de ritual. Nos resultan bastante sospechosos, así que avisamos a los guardias que rápidamente entran al campamento en busca de refuerzos. Nosotros decidimos ponernos en marcha hacia la granja, pero nos damos cuenta de que nos siguen. Dudamos durante unos instantes de si deberíamos enfrentarlos o correr. Noto que sus defensas son débiles pero no me fío. Finalmente apretamos el paso para llegar a casa de Kalum cuanto antes. Nada más abre la puerta, le decimos que tenemos problemas, que nos siguen. Él echa mano de su hacha y nos anima que nos enfrentemos a los problemas.

Son cinco y se colocan frente a nosotros. Los dos de los extremos empuñan filos pequeños, pero los tres del centro están desarmados y comienzan a gesticular. Ahleinne es la que reacciona primero. Realiza una elegante pirueta en el aire pero calcula mal y el salto se le queda corto y su arma rasga el aire. Acto seguido Ishtar salta por encima de ellos, cae detrás y sin darles tiempo a reaccionar, barre a los tres del centro con su bastón y golpea al que queda a su izquierda, que se desploma. Rahjmar se arroja imparable y atraviesa con su mandoble la capucha de un acólito. Alzo mi ballesta y disparo al que aún sigue en pie. Veo cómo el virote impacta casi al mismo tiempo que lo hace una flecha de Brigitte. Kotaka degüella al último de ellos que queda con vida. Ha sido rápido.

A nuestras espaldas, escuchamos los aplausos de Kalum. Era la primera prueba. Nos dice que los había visto el día anterior pero que no dio la alarma porque no suponían una amenaza real y le pareció que eran perfectos para nuestra primera prueba. No se trataba de fuerza bruta, sino de cautela. No teníamos información para enfrentarnos a ellos, por lo que habría sido una imprudencia hacerlo solos. Cuando termina de hablar, un dragón aparece dibujado en nuestras muñecas. Después, Kalum nos dice que eran acólitos saurios de Alamuerte. Entre él y Rahjmar los decapitan y clavan sus cabezas en picas alrededor de la granja. A Ishtar y a Brigitte este gesto no parece hacerles mucha gracia y tampoco parece que Ahleinne esté contenta. Kalum nos despacha y tenemos el resto del día para nosotros, así que decidimos volver al campamento a entrenar.

Por el camino, Ishtar recibe un golpe en la cabeza, pero cuando se gira no hay nadie. Al poco, Ahleinne también es golpeada. En el instante en que se lleva las manos a la cabeza, me parece ver a Aridia, la elfa banjora del campamento. Cuando reaparece tras Ishtar, estoy preparada y le clavo el estoque en el hombro. Parece sorprendida y se lleva una mano al hombro herido.

—¡Ay! Solo me estaba divirtiendo con la pringada —dice mirando a Ahleinne.

—A mí no me divierte —le contesto—. ¿Qué quieres?

—Divertirme. Terminé la primera prueba y me aburro.

—Nosotros también —le dice Rajhmar—. Hace quince minutos.

Nos mira con cara de incredulidad y nosotras le devolvemos una mirada de orgullo y superioridad. Un par de pullas más tarde, se marcha y regresamos al campamento.

Cuando entramos, vemos que una multitud se ha reunido en torno a un coliseo. Ishtar y Ahleinne se apartan y deciden irse a entrenar. Kotaka, por su parte, quiere ir a comprar, pero el resto nos dirigimos al coliseo. Trog acaba de derrotar a un oponente al que sacan a rastras de la arena. El público vitorea y Trog los desafía a saltar y enfrentarse a él. Brigitte decide que es el momento de vengarse de Aridia y comienza a corear su nombre, al principio bajito, pero pronto se convierte en un clamor. El público ruge y Aridia salta al ruedo, seguida de Jerox. Con su entrada el público enloquece. Trog los observa y se vuelve al público buscando un cuarto para equilibrar la contienda y sus ojos se detienen en Rahjmar. El bárbaro no necesita más. Salta a la arena arma en mano dispuesto a probarse. Trog desenfunda su hacha, Aridia desaparece y Jerox carga tres flechas en su arco y dispara. Trog, Rahjmar e incluso Aridia, que acaba de aparecer tras Trog, reciben un flechazo. Ninguno de los tres proyectiles se clava, solo los marcan y rebotan. Trog baja su hacha y Aridia pone cara de fastidio. El público enloquece con la destreza del araina y nos retiramos.

Tras su entrenamiento, Ishtar se me acerca y me pregunta por las historias que conozco. Se me acelera el corazón. Pocas cosas hay en el mundo que me gusten más que una audiencia entregada, así que medito un instante sobre la historia que le puedo contar. Me decido por un cuento que me solía contar mi padre, El peludo curioso. Trata de un pequeño rakshasa que se pierde en el bosque y se cruza todo tipo de criaturas fantásticas que lo ayudan a enfrentarse a los peligros de la oscuridad y a volver sano y salvo a casa. Cuando termino, le pregunto por historias de los felínidos, ya que solo conozco la de Zaret el protector, que es extremadamente reciente, y descubro que es su hermana cosa que me parece alucinante. La interrogo al respecto pero cuando se lleva la mano al bolsillo para enseñarme algo, se da cuenta de que le falta la daga de su hermano y se marcha a buscarla sin añadir nada más. Veo cómo pide ayuda a Kotaka y ambas se marchan a ver si averiguan dónde puede estar la daga.

Me siento bastante indignada, no soporto que me dejen con la palabra en la boca, así que yo también me marcho y deambulo por ahí. Al poco, me cruzo con Ahleinne y veo que me lanza una mirada curiosa. Me fijo mejor en ella y caigo en la cuenta de que es extremadamente atractiva, así que decido que hace demasiado tiempo que no me divierto. Sin embargo, Ishtar nos interrumpe para pedirnos ayuda. Nos ofrecemos a acercarnos a casa de Kalum, que fue el último lugar donde vio la daga y así aprovechamos para desaparecer un rato largo. Al salir comprobamos que se ha hecho de noche y no nos parece prudente adentrarnos en la llanura sin luz, así que nos limitamos a apartarnos de la vista y a divertirnos un rato antes de regresar.

A la mañana siguiente, Ishtar sigue preocupada. Cuando salimos hacia casa de Kalum, vemos a Aridia juguetear con la daga perdida. Aparece y desaparece durante todo el camino, como si nos estuviera guiando, y se desvanece justo delante de la puerta de Kalum.

Fin del capítulo 2

Aridia se desvanece ante la puerta de Kalum. Brigitte se acerca a la ventana para mirar dentro, pero Ishtar no espera y directamente abre la puerta y entra. Furiosa, mira a Aridia que juega a lanzar el puñal al aire con una sonrisa burlona.

—Devuélvemelo —reclama Ishtar.