El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Al salir del palacio, Ahleinne se da la vuelta para echar un último vistazo al edificio. Su forma, tan parecida a la de su espada, le recuerda tanto a su madre… Entonces, entre el gentío, una cara llama su atención. No es posible…

Capítulo 23

Ahleinne camina serena por el campo de batalla. Todo a su alrededor se ralentiza, los sonidos son cada vez más graves hasta que el tiempo se detiene.

—El futuro es dicho pero incierto y caprichoso. Tenéis un cometido y es una orden. No podéis fallar. No podéis perder el control.

Escucho la voz de Ahleinne. Me habla solo a mí. Me pide que todo siga igual. Que nada debe cambiar y que debemos asegurarnos de que nada cambie.

—Llegará un momento en el que Troj y Jerox estén en peligro, amenazados por la arquera. Alzará sus flechas sobre el campo de batalla y nada podrá detenerlas, ni siquiera tú pudiste. Sin embargo, tendrás que alertarlos para que por su propio pie las esquiven y todo siga su curso. Además, en algún momento el extraño gato de dientes azules morderá a Ahleinne. —Ignoro el hecho de que hable de sí misma en tercera persona. —Clavará los dientes en su pierna pero algo lo obligará a soltarse. Ese alguien eres tú. Algo hiciste en su composición que lo detuvo.

Todo esto está muy bien pero no tiene ni pies ni cabeza. Entiendo que como elegida del tiempo debe velar igual que el dragón para que el tiempo conserve su forma, pero para mí no es suficiente.

—¿Por qué tiene que seguir todo igual? —pregunto—. ¿Por qué no podemos simplemente matar a Jaraxxux? Si muere, Alamuerte no despertará. Fin del problema.

—No podemos. Esta es mi prueba. Alamuerte despertará de todos modos y el resultado será peor. Solo te pido que confíes en mí como yo confié en ti.

—Me pides mucho. —Bajo la cabeza. No me va a dar respuestas—. Flechas y gato, de acuerdo.

Cuando el tiempo retoma su ritmo normal, vemos a la Ahleinne del pasado envuelta en un remolino de aire. Recuerdo que trató de saltar hacia él pero no calculó bien. Si no me falla la memoria, ahora el Rajhmar del pasado debería atravesar el aire con su hacha y prenderlo en llamas. Efectivamente eso es. Ahí está Rajhmar haciendo exactamente eso. Espera, ¿pero qué…?

Kotaka se coloca entre los Ahleinne y Rajhmar del pasado y al extender los brazos invoca una ráfaga de viento que los arroja en direcciones opuestas del campo, tal y como sucedió. Me veo a mí misma alzar la ballesta y disparar a la pata de la pantera. Jinete y montura ruedan por el suelo y de nuevo siendo orgullo por mi pequeño triunfo.

Brigitte se agazapa tras ellas y aguarda a que la pantera caiga rodando hacia ella. Entonces la coge y se la lleva al mundo de las sombras.

—¿Qué haces aquí? —escucha Brigitte a su espalda la voz de la Aridia del pasado.

—Eh… mantengo aquí a la pantera para protegerlos. Tú vete, no te preocupes. —Aridia asiente y se marcha.

La pantera se abalanza sobre ella y la tumba. El animal clava sus dientes en el cuello de Brigitte, que deja de sentir el brazo.

Pobre Sáhara del pasado… Lo que le espera no va a ser sencillo. Tal vez si pudiera… Pero no hay tiempo. La arquera ha levantado su muro de ramas y está dispuesta a descargar sobre el campo de batalla su muro de flechas. Me oigo gritar a Troj y a Jerox del pasado pero no me oyen. Están demasiado lejos, demasiado ocupados, hay demasiado ruido. Reparo en un escudo abollado que hay en el suelo. Lo recojo y golpeo con una espada con todas mis fuerzas provocando un estruendo que me deja casi sorda. Pero ha funcionado. Los Troj y Jerox del pasado se vuelven sobresaltados justo a tiempo para ver las flechas y esquivarlas.

Brigitte agarra con firmeza la sombra de la pantera y la absorbe. Nota sus miedos, el pavor que le provoca el agua y también su resistencia. No quiere pasar a formar parte de ella, quiere mantener su identidad, pero no es lo suficientemente fuerte y finalmente, la absorbe por completo. Ahora se nota más ágil, más rápida y el brazo le duele menos. Sin embargo, la pantera sigue allí, al acecho.

Brigitte trata de crear una cuerda de sombras, pero no es capaz más que de tejer un fino hilo que se rompe. La pantera embiste y la esquiva por los pelos. No sabe qué hacer.

La Aridia del pasado sale del portal malherida. Escucho cómo le grito que se levante. He de reconocer que a veces tengo unos modales terribles, pero funciona. Aridia reacciona con el pequeño hechizo de curación que le lanzo… le lancé, pero no es suficiente. Entonces Ahleinne se acerca y canaliza el poder de su dios sobre la Aridia del pasado, que completamente restaurada, se abalanza al mundo de las sombras con la ira pintada en el rostro. Así que no fui yo… Siento una gran decepción. Pensaba que había sido yo quien la había salvado…

Detrás de mí escucho a Ahleinne gritar de dolor y tardo un segundo en caer en la cuenta de que es la Ahleinne del pasado. El gato tiene las mandíbulas fuertemente cerradas sobre su gemelo y la sangre le corre en hilos por la pierna. Alzo una mano hacia ella y noto cómo el animal es pura agua. Si puedo mover el agua, tal vez pueda obligarlo a que la suelte. Tanteo en su interior en busca de la boca y doy con algo. Es como… agua pero afilada. La noto fría, dura, punzante. Me aferro a ella y abro la mano. Opone mucha resistencia. Necesito las dos manos para tratar de contrarrestarla, pero finalmente suelta. Intento lanzarla lejos pero solo consigo desplazarla unos pasos. Al menos es suficiente para que la Ahleinne del pasado ponga algo de distancia entre ellos.

Brigitte aguarda una nueva embestida del felino. Espera hasta el último segundo y con un elegante salto se aparta de su lado y se sube a su lomo. La pantera echa a correr y ella aprieta los muslos con fuerza para mantenerse arriba.

Ishtar corre hacia ella misma en el instante en el que alza la lanza y la clava en el escudo de hielo de su enemigo. Una llamarada sale de su bastón y lentamente, muy lentamente comienza a fundir la barrera. Sin embargo no es suficiente, así que Ishtar coloca su propio bastón junto al de su yo pasada y hacen fuerza juntas hasta que el bastón se clava en el corazón del hombre de hielo haciéndole caer al suelo. Inmediatamente una maraña de raíces y ramas lo cubren por completo y Rahjmar se aproxima con paso firme. Abre la boca dispuesto a derretirle el rostro con un poderoso aliento de fuego pero nada sucede. El hombre de hielo se revuelve y trata de liberarse. Ahleinne arruga la frente —creo que esto no debería estar pasando— entorna los ojos y lentamente el tiempo retrocede. Rahjmar lo intenta pero de nuevo nada sucede. El hombre de hielo se debate furiosamente tratando de liberarse y cada uno de los crujidos de las raíces al romperse arrancan una mueca de dolor a Ishtar. Cuando Rahjmar falla por tercera vez, el hombre de hielo se libera con un brutal crujido que dobla a Ishtar por la mitad y atraviesa a Rahjmar con su espada. Los ojos del bárbaro se abren de par en par y el aliento se le escapa de la sorpresa.

Me arrojo sobre el hombre de hielo. De un salto me encaramo sobre él. Cuando mis manos tocan su piel noto que en su interior fluye el mismo torrente imparable que me mueve. Estaba dispuesta a acabar con él y robarle su poder cuando salté, pero en ese instante dudo. Somos iguales. Antes de que me dé cuenta, estamos en el suelo. Ishtar nos ha tumbado con su bastón y Rahjmar con una mano en el estómago intenta por cuarta vez exhalar su llamarada pero por cuarta vez no sucede nada. El pánico y la frustración tiñen la cara de Ahleinne que trata desesperadamente de ralentizar el tiempo para darle otra oportunidad al bárbaro —¿por qué tanta insistencia? ¿No podemos simplemente matarlo y ya está? ¿Tiene que ser él? ¿Y si no lo consigue?—. La Ahleinne del pasado también tiene problemas. Trata de parar los golpes del monje con su espada pero sus pies ceden y se le doblan las rodillas.

—¡Vete allí! ¡Te necesitan! —le grita Ishtar a Rahjmar—. ¡Yo me encargo de esto!

Acto seguido voltea su bastón y con toda su fuerza lo clava en el rostro del hombre de hielo. En el instante en que la madera toca su piel, una llamarada estalla, calcinado las ramas y arrancándole un aullido de dolor.

Rahjmar corre hacia la Ahleinne del pasado y la ayuda a resistir la embestida. Entre los dos detienen los golpes y en ese instante vemos que las marcas de Kalum que todos llevamos brillan. Las nuestras poderosamente, las del pasado, intermitentes y la de Ahleinne con gran intensidad. Ella echa un vistazo al campo de batalla y se aleja lentamente.

—Gracias —dice con sencillez y el tiempo se ralentiza hasta detenerse. Todo queda en silencio—. Ahora, manteneos al margen.

De pronto un estruendo restalla a nuestras espaldas y cuatro figuras aparecen de la nada. Una felínida con los hombros caídos, una humana con la armadura abollada y la cabeza gacha y una kitsune semiescondida detrás de una rakshasa con una expresión de triunfo en el rostro que deja entrever los colmillos en una mueca de odio salvaje. Somos nosotras, una tercera versión al parecer, pero no estamos todas. No hay ni rastro de Ahleinne, Rajhmar o Rauros y me recorre un escalofrío. Detrás de la otra yo, Ishtar, Kotaka y Brigitte se mantienen en un segundo plano. La kitsune está completamente encogida de miedo y no queda ni rastro de la afabilidad que caracterizaba a Brigitte. Su expresión es inescrutable.

—Por fin lo he conseguido —me oigo decir. Mi voz me suena extraña—. Ahora arreglaremos lo que pasó.

Fin del capítulo 23

La Sáhara recién aparecida lanza una bola de fuego contra nuestra Ahleinne, pero ella la esquiva. Su expresión es de desprecio absoluto cuando la mira. Empiezo a atar cabos. No es la primera vez que se enfrenta a ella… Detrás de Sáhara, la otra Ishtar preparar su bastón y la otra Brigitte saca dos dagas que me resultan familiares…