El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Ahleinne camina serena por el campo de batalla. Todo a su alrededor se ralentiza, los sonidos son cada vez más graves hasta que el tiempo se detiene.
—El futuro es dicho pero incierto y caprichoso. Tenéis un cometido y es una orden. No podéis fallar. No podéis perder el control.

Capítulo 24

La Sáhara recién aparecida lanza una bola de fuego contra nuestra Ahleinne, pero ella la esquiva. Su expresión es de desprecio absoluto cuando la mira. Empiezo a atar cabos. No es la primera vez que se enfrenta a ella… Detrás de Sáhara, la otra Ishtar preparar su bastón y la otra Brigitte saca dos dagas que me resultan familiares, una verde y otra roja. Nuestra Ahleinne trata de inmovilizarme… bueno, a la otra Sáhara, con un hechizo, pero no da resultado. Ella suelta una carcajada terrible.

—¿Crees que hemos vencido a Jaraxxux y a Alamuerte y me vas a parar con eso? —dice y detecto un odio profundo y oscuro en sus palabras. Vienen del futuro. De un futuro terrible al parecer. Y Ahleinne tiene que ver con ello.

Alza la mano izquierda y una nube de hielo los envuelve en una cúpula protectora.

—Eres el futuro de lo que somos ahora —le dice nuestra Ahleinne muy seria—. Si lo cambias, no serás.

—Tengo tu poder y lo controlo, a diferencia de ti —responde la otra Sáhara dirigiéndole una mirada de profundo desprecio y añade con sorna—: Fuiste tú quien lo cambió todo y aquí estamos. Nunca llegarás a entender nada.

Sáhara desaparece de donde está y reaparece tras nuestra Ahleinne. Empuña una enorme espada de fuego y descarga un poderoso mandoble sobre la semielfa. Un escalofrío me recorre la espalda al pensar en lo que implica todo esto. Es la espada de Jaraxxux. Yo, o sea, ella, ha absorbido a todos los que no están. Los ha matado. Exactamente igual que yo despreciaba a Kalambur y los demás por lo que le hicieron a Stella. Siento pánico. Esa Sáhara es un reflejo de lo que yo soy ahora, una Sáhara lo suficientemente cansada de que la manipulen para acabar con la gente que confiaba en ella y rebelarse contra los dragones. Pero matar a nuestra Ahleinne no es la manera, no puede ser la manera. Tiene que haber otra.

Me interpongo entre nuestra Ahleinne y la otra Sáhara. Ella sigue caminando impasible hacia algún punto al otro lado del campamento. Mientras tanto, su Ishtar se enfrenta a nuestra Brigitte y su Brigitte a nuestra Ishtar. No son peleas igualadas. Las del futuro son demasiado rápidas, tienen demasiados recursos. Se intercambian para enfrentarse a ellas mismas, pero siguen teniendo problemas. Detrás de ellas, su Kotaka extiende los brazos y un remolino comienza a revolver la arena a su alrededor.

—Lo siento —dice mirando a Ishtar y a Brigitte.

Esto no pinta nada bien. ¿Qué diablos ha pasado para que esto esté sucediendo? ¿En qué momento se torció todo?

—¿Me vas a dejar seguir mi camino? —la extraña voz de esa Sáhara me devuelve a la realidad. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué no la dejo seguir su camino? Estoy segura de que ha venido a salvar a Kalum. ¿Por qué dudo entonces? Hay algo de ella que me da escalofríos. Si estoy en lo cierto, los demás no están aquí porque los ha matado y no ha dudado en atacar a Ahleinne para volver a matarla. Planto los pies en el suelo y desenvaino mi espada. El hielo reluce contra el reflejo rojizo del fuego de su espada.

—No.

Entorna los ojos y noto cómo la temperatura de mi cuerpo empieza a subir. Comienzo a sudar y es insoportable. Agarro el filo de mi espada y noto cómo el frío me atraviesa como un puñal. Es doloroso pero funciona. Poco a poco vuelvo a la normalidad. Ha estado cerca. ¿De verdad quería matarme? ¿No se mataría ella misma? Son demasiadas preguntas y ninguna respuesta.

—No me sorprende. Siempre has sido lista —dice socarronamente y levanta un brazo. Algo me arroja lejos de ella y de nuestra Ahleinne.

Nuestro Rahjmar carga contra su Brigitte, pero esta desaparece en las sombras y reaparece un instante después tras nuestra Ishtar. Levanta la daga verde y descarga un golpe terrible sobre ella. Sangrando, nuestra Ishtar se teleporta junto a nuestra Ahleinne para protegerla, dejando tras de sí una nubecita que huele a azufre. La otra Sáhara se acerca caminando con la emoción pintada en el rostro. Está cerca de su objetivo y lo sabe. No aparta los ojos de nuestra Ahleinne, así que aprovecho para arrojarme sobre ella. Antes de que pueda revolverse, le hinco la daga en el cuello. El muro de hielo se alza al instante y no la llego a tocar, pero es justo lo que estaba esperando. Ahora lo siento, lo comprendo y deshago su estructura, derritiéndolo en agua líquida. La resistencia cede y la daga se le clava en el cuello. La otra Sáhara lanza un grito de dolor y cede bajo el peso de las dos.

A nuestro alrededor el tiempo vuelve a fluir a ritmo normal y Ahleinne se aleja de nosotras. Nuestra Ishtar se nos acerca y termina de derribar a la otra Sáhara. Caemos juntas y descargo sobre ella toda mi rabia.

—¿Qué es lo que quieres, dime? ¿Quieres volver a ser una niñata? ¿A una vida vacía de sentido? Porque eso es lo que vas a tener si la matas.

Salida de ninguna parte una voz profunda y retumbante me sobresalta.

—¿Te crees que ahí podrás esconderte? —Un lobo blanco colosal abre sus fauces y las cierra sobre la nada junto a nosotras. Cuando las abre, en el suelo yace la Brigitte del futuro. ¿Qué demonios ha sido eso?

—Ya me he cansado de tus estupideces. Pensaba que serías más lista —dice la otra Sáhara y algo extraño sucede en sus ojos. Se descomponen en cuatro facetas: un ardiente rojo, un frío azul, un brillante blanco y un intenso verde.

Me arroja a un lado y caigo rodando. Tiene la vista fija en un punto. Cuando sigo la dirección de su mirada, veo a lo lejos una escena dolorosamente familiar. Troj y Rahjmar están desplomados en el suelo junto a un Jerox malherido y la Sáhara del pasado levanta la vista al cielo con temor. Un enorme meteorito se dirige directamente hacia ellos. En ese instante, salido de ninguna parte, Kalum clava su hacha en el centro del grupo y comienza a brillar, pero la cúpula no se levanta. Entonces, nuestra Ahleinne con el rostro surcado por las lágrimas, se coloca en el centro del círculo y levanta las manos. Lentamente, una cúpula roja se cierra sobre nuestro pasado, protegiéndonos. Es terrible no poder hacer nada por evitar lo que sabemos que va a pasar. Ahleinne está ahí, protegiéndonos a nosotros aunque sabe que Kalum morirá por ello. Pobre Ahleinne…

La otra Sáhara se levanta rompiendo el hilo de mis pensamientos y me doy cuenta de que ya no nos parecemos. Sus contornos se desdibujan, apenas parece rakshasa. Ahora es un elemental de un extraño tono negro rojizo.

—Me queda poco tiempo —dice ansiosa y alza los brazos.

De sus manos salen disparados unos extraños haces de fuego, rayo, hielo y luz pero no se dirigen a Ahleinne, sino a nuestro Rahjmar que los observa petrificado. En el último segundo, Brigitte se materializa a su lado y se lo lleva a las sombras, evitando que la otra Sáhara acabe con él, pero, ¿por qué quiere matarlo? ¿Por qué no mata simplemente a Jaraxuxx?

Miro a mi alrededor, buscándolo, y lo descubro caído en el suelo, con la espada junto a él. Está malherido pero parece que aún sigue vivo. Rahjmar camina hacia él y recoge su espada del suelo. El arma reluce y derrama luz anaranjada por su cara. La decisión le brilla en los ojos. Lo va a matar.

El temor y la desesperación crispan el rostro de la otra Sáhara, que dirige su magia de nuevo hacia Rajhmar, pero esta vez nuestra Kotaka estaba preparada y los desvía. Los proyectiles se estrellan en el suelo y Rajhmar sale ileso, con la espada aun refulgiendo en su mano. De pronto, el torbellino que la otra Kotaka estaba conjurando estalla, arrojando al suelo a la otra Sáhara.

—Os dije que lo sentía —dice dirigiéndose esta vez específicamente a sus compañeras.

Entonces nos damos cuenta de que ninguna podemos movernos, excepto Rajhmar, que camina con paso decidido hacia Ahleinne, Kalum y nuestros yos pasados. Se coloca detrás del orco y en esa fracción de segundo lo comprendo todo. Pero ya es demasiado tarde.

Rahjmar atraviesa a Kalum con la espada de Jaraxux. La Aridia del pasado grita y golpea con los puños la barrera roja. Jerox la rodea con sus brazos y ella se deshace en sollozos en su pecho. Ahleinne, nuestra Ahleinne, en la que confiábamos, con las lágrimas corriendo por la cara, alza los ojos al cielo y eleva una plegaria. Una luz divina desciende sobre Jaraxux, que se incorpora mirando a su alrededor. Cuando ve a Kalum, recoge su espada y le corta la cabeza.

Fin del capítulo 24

—Me miraste a los ojos y me pediste que confiara en ti.
La rabia que siento apenas me deja articular palabra. Me nubla la vista y no logro enfocar a Ahleinne, pero sé que está delante de mí. Hemos vuelto a la Ciudad del Viento y lo único que deseo ahora mismo es acuchillarlos a los dos…