El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

La Sáhara recién aparecida lanza una bola de fuego contra nuestra Ahleinne, pero ella la esquiva. Su expresión es de desprecio absoluto cuando la mira. Empiezo a atar cabos. No es la primera vez que se enfrenta a ella… Detrás de Sáhara, la otra Ishtar preparar su bastón y la otra Brigitte saca dos dagas que me resultan familiares…

Capítulo 25

—Me miraste a los ojos y me pediste que confiara en ti.

La rabia que siento apenas me deja articular palabra. Me nubla la vista y no logro enfocar a Ahleinne, pero sé que está delante de mí. Hemos vuelto a la Ciudad del Viento y lo único que deseo ahora mismo es acuchillarlos a los dos y ver cómo se les escapa la vida lentamente. Fantaseo con la posibilidad de matarlos allí mismo y robarles sus poderes. Ishtar se marcha.

—Era lo que tenía que hacer —responde.

—¿Lo que tenías que hacer? ¡¿Lo que tenías que hacer?! ¿Y eso te consuela? ¡Lo matasteis!

—Tenía que suceder así. Era la única manera.

—¿Y no podías habérnoslo contado? Así al menos podríamos haberlo pensado. Haber buscado otra manera —interviene Brigitte.

—No podía… Teníais que hacerlo… que confiar en mí… no había forma evitarlo.

Ahleinne alza lentamente una mano hacia mí.

—No te atrevas a tocarme.

No quiero seguir escuchando. Me marcho. Quiero irme de aquí, salir de la ciudad y llegar lo más lejos posible. Invoco una plataforma de agua y desciendo por el borde de la ciudad. Quiero llegar hasta el mar y sumergirme, pero al llegar a la capa de nubes que camufla la ciudad, me doy cuenta de que no puedo bajar más. Hay una barrera invisible que me lo impide. Estoy encerrada otra vez.

Brigitte se va, necesita descansar. Al subir las escaleras hacia su dormitorio se encuentra con Aridia.

 —Te estaba buscando, Brigitte. He encontrado a Khan y a Draco.

—¿Dónde están?

—En el mundo de las sombras, pero dudo que se queden mucho tiempo. Son fáciles de localizar. Debemos ir a por ellos ahora y debemos ir todos. Es muy peligroso.

—¿A cuántos necesitamos?

—A todos los que se pueda.

—Va a ser difícil. ¿Qué quieres, dos o tres?

—Preferiría que fueran todos.

—Eso no va a ser posible porque han pasado cosas.

—¿Cómo que han pasado cosas? Lleváis diez minutos ahí arriba.

 —Es complicado. Cuando volvamos te lo cuento. Voy a hablar con los demás pero Sáhara e Ishtar no sé dónde están.

—Yo me ocupo.

Brigitte echa a andar de vuelta al palacio. Ahleinne, Kotaka y Rajhjmar no se han movido de la sala circular.

—Os necesito —dice Brigitte—. Aridia ha localizado a Khan y a Draco en las sombras y debemos asegurarnos de acabar con ellos antes de que desaparezcan.

—Cuenta con nosotros —dicen a un tiempo Ahleinne y Rahjmar.

Kotaka asiente.

Ishtar trata de contactar mentalmente con Ezzio y ante su sorpresa, él responde.

—Uy qué raro. Así solo me llama mi padre.

—¿Puedes venir?

—Claro.

Cuando desciende el pequeño dragoncito, le pide que no se transforme y que se la lleve por ahí a dar una vuelta por los aires. La sensación de libertad es agradable. Junto a ellos un par de cientos de dragones también disfrutan planeando en las corrientes de aire con las alas extendidas.

—¿Me puedes dejar en el bosque?

—Deberías ir a que te miraran esas heridas primero.

—No tengo ganas. Tú solo déjame en el bosque.

—Nope, ni hablar. Tú te vienes conmigo.

Sin darle tiempo a reaccionar, Ezzio vira en el aire y se dirige hacia las copas de los árboles. Isthar se agarra justo a tiempo para no caer cuando el dragón inicia un vuelo en picado hasta un pequeño claro en el bosque.

—Túmbate —dice con una voz que no admite reproches.

Ishtar se recuesta en una especie de lecho de hojas. Ezzio levanta la cabeza por encima de ella y exhala un vapor tibio sobre la felínida. Poco a poco sus heridas se cierran y el dolor desaparece. Isthar cierra los ojos y se deja llevar por el sopor.

Estoy sentada en el borde de la ciudad, con las piernas asomando al vacío. Sopeso la idea de tirarme, pero supongo que no servirá de nada. Aridia se me acerca.

—Brigitte nos necesita. ¿Sabes dónde está Ishtar?

—Ni idea. ¿Qué le pasa a Brigitte?

—Nada, de momento. He localizado a Khan y a Draco y debemos ir a por ellos al mundo de las sombras. ¿Por qué no hablas con ella?

—¿Cómo quieres que lo haga si no sé dónde está?

—Sois elegidas —dice encogiéndose de hombros—. Llámala con la mente.

Perdona, ¿qué? ¿Conexión mental? No sabía que podíamos hacer eso.

¿Ishtar? ¿Ishtar?—pienso.

Sí. —Casi me da un ataque cuando escucho su voz en mi cabeza. Esto es rarísimo.

¿Dónde estás?

En el bosque. ¿Qué quieres?

Aridia me ha dicho que tenemos que ir a ayudar a Brigitte al mundo de las sombras para derrotar a Khan y a Draco.

—¿Puedes darte prisa? Aún tenemos que reunirnos con los demás —dice Aridia impaciente.

—Buena suerte con eso.

—Pero qué ha pasado. —Por su cara de desconcierto intuyo que Brigitte no parece haberle contado nada.

—En resumidas cuentas, nos llevaron al pasado y volvimos a luchar contra Jaraxux y los suyos en el campamento. Volvimos a vivir la muerte de Kalum. Y… nosotros lo matamos.

—¿Cómo? —la cara de Aridia se vuelve una mueca. Si no fuera por el miedo que da, resultaría hasta graciosa.

—No fue Jaraxux. Él estaba malherido.

—Quién —murmura entre dientes.

—Pregúntaselo a Ahleinne.

—¡Basta ya de juegos! Igual que Brigitte—estalla. Los ojos le llamean de pura furia y se lleva una mano a la daga roja—. Dime quién fue.

—Rahjmar. Fue Rahjmar—confieso. Solo me faltaba que me rajara por proteger a ese bastardo.

Aridia desaparece.

Aridia aparece en la Sala Central del palacio, agarra a Rahjmar del cuello y se lo lleva a las sombras.

Brigitte los sigue pero a pesar de que la elfa arrastra a Rajhmar en su carrera, no logra darles caza. Cuando por fin los ve detenerse, Aridia sostiene al bárbaro en el aire sobre un barranco.

No te mato ahora porque Brigitte te necesita. Pero cuando esto termine, me encargaré de ti.

Cuando Brigitte llega hasta ellos dispuesta a separarlos, desaparecen.

Los tres reaparecen en la sala central.

—Ahora vete a buscar a Ishtar —le dice Aridia a Rahjmar y con un gesto, hace desaparecer al bárbaro.

Ishtar está apoyada en un árbol y aparece Rahjmar de la nada.

—Brigitte nos necesita.

Ishtar pasa de él y se sube a un árbol. Se pira hacia el castillo y Rahjmar aparece enfrente de ella según sale del bosque.

—Hicimos lo que teníamos que hacer.

—No te equivoques. Esto lo hago por Brigitte. —Isthar pasa de largo y se dirige al palacio.

Cuando llego a la Sala Central ya están todos allí. El odio de Aridia hacia Rahjmar es palpable, pero no veo signos de que se hayan hecho nada. No quiero discutir, así que mejor que nos pongamos en marcha cuanto antes.

—Vamos.

—No, antes tenemos que hablar —dice Ahleinne.

—¿Quieres hablar? Hablemos. Hablemos de cómo por tu culpa Kalum está muerto. Hablemos de cómo nos pediste que confiáramos en ti y nos engañaste.

—Era lo que había que hacer —dice ella.

—Por lo menos nos lo podías haber contado —interviene Ishtar con desdén.

—No podía…

—¡Oh, por favor! ¡Para ya con eso!—digo. ¿No podía? Ja.

—Era lo que había que hacer y volvería a hacerlo —interviene Rahjmar con cara de enfado.

—Debes de estar bromeando. —Brigitte abre mucho los ojos.

¿Cómo puede decirlo con tanta tranquilidad? ¡Nosotros matamos a Kalum!

—¡Era tu mentor y lo mataste! ¡Él nos acogió! ¡Nos enseñó! ¡Por el amor de Dios!—Doy un paso hacia él.

—¡Sáhara! ¡Te estás comportando como una niñata!—me grita—. ¡Esto es más grande que tú, que yo y que todos nosotros y eres incapaz de verlo!

—¿Niñata? ¿Te atreves a llamarme niñata? ¿Acaso te has planteado por qué? ¿Te preguntaste si había otro modo? ¡Podíamos haber matado a Jaraxux! Pero no, ella decidió por todos. —No puedo creer que aún tenga el valor de defender lo que ha hecho.

—¡No había otro modo! —la voz de Ahleinne se alza, amplificada mágicamente. Está llorando—. Te pedí que confiaras en mí como yo confié en ti. Igual que la prueba del fuego o en la del agua o en la de la naturaleza. Esta era mi prueba y tenía que salir bien. Nuestro futuro estaba en juego. Nos vi morir, a todos. Salvamos a Kalum y todos morimos. Esta era la única manera, no podía evitarlo, a pesar de que voy a morir. He visto cómo muero y aun así, elegí esta opción para salvaros a todos. Quería evitaros el sufrimiento por el que yo he pasado.

—Solo nos has evitado una discusión. Tú pudiste elegir. Tú tuviste opción. A nosotros no nos dejaste. Tomaste la decisión por nosotros y nos obligaste a seguirte.

—Sáhara, ¿crees que era lo que yo quería hacer? ¿Crees que no quería haberlo cambiado todo y evitado su muerte? ¿Qué no lo hubiera hecho si hubiera podido? ¡Era la única manera!

—Eso ya no lo sabremos nunca porque no nos diste más opción. Por Dios, Ahleinne. ¡Te defendí! ¡Me enfrenté a mí misma a pesar de que la entendía! ¡Te defendí y me jugué la vida por ti porque confiaba en ti! Y me traicionaste. Nos traicionaste a todas.

—Era la única manera…

—Basta—digo con todo el desprecio que soy capaz de reunir—. Hemos venido a ayudar a Brigitte y estamos perdiendo el tiempo.

Nos colocamos todos alrededor de Brigitte y Aridia y nos transportamos al Mundo de las Sombras.

Fin del capítulo 25

No me acostumbro a esta oscuridad. Todo es negro mire donde mire y los bordes difusos de las cosas me hacen dudar de si estoy despierta o en un mal sueño. Estamos en una especie de explanada. Ante nosotros se alza un saliente rocoso sobre el que se asienta un muro de oscuridad. En el centro hay un arco de piedra decorado a ambos lados con pilas de huesos amontonados. De pronto…