El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

—Me miraste a los ojos y me pediste que confiara en ti.
La rabia que siento apenas me deja articular palabra. Me nubla la vista y no logro enfocar a Ahleinne, pero sé que está delante de mí. Hemos vuelto a la Ciudad del Viento y lo único que deseo ahora mismo es acuchillarlos a los dos…

Capítulo 26

No me acostumbro a esta oscuridad. Todo es negro mire donde mire y los bordes difusos de las cosas me hacen dudar de si estoy despierta o en un mal sueño. Estamos en una especie de explanada. Ante nosotros se alza un saliente rocoso sobre el que se asienta un muro de oscuridad. En el centro hay un arco de piedra decorado a ambos lados con pilas de huesos amontonados. De pronto, algo se mueve en lo alto de la estructura. La enorme cabeza de un dragón negro se asoma con las fauces abiertas.

—¿Quién osa traspasar mi puerta?

Brigitte da un paso al frente.

—Vaya, la elegida de la oscuridad.

—Yo oso.

El dragón ruge. Brigitte alza el arco y, junto a ella, su sombra la imita. Ambas disparan al tiempo y las dos flechas se hincan en el cuerpo de la bestia arrancándole un alarido de dolor. Espera, ¿qué? ¿Está disparando a la dragona de la oscuridad? ¿Qué hago? Todos parecen preparados para atacar. Esto nos va a traer problemas…

Silbo quedamente y veo el virote atravesar la piel escamosa, pero al salir, se pierde en la distancia. No he logrado controlarlo, maldita sea. Ahleinne invoca un haz de luz que desciende sobre el dragón, cegándolo y haciéndolo humear de dolor. Ishtar trata de rodearlo por detrás. Brigitte distingue una figura humanoide en el interior del dragón —espera, ¿qué? ¿No es un dragón real?— y dispara de nuevo, directamente al torso sin darle tiempo a reaccionar. Entonces el dragón desaparece y en su lugar aparece a nuestra altura un ser de cuatro brazos y varias máscaras.

—Segundo round —dice Brigitte con una sonrisa traviesa.

—Recuerdos de Zaret —dice la felínida aferrando su bastón ferozmente.

Es el mismo al que Brigitte vio hace tiempo que le mandó recuerdos para Ishtar. Veo el odio en los ojos de ambas. Ishtar trata de ganar altura con su bastón para golpearlo desde arriba, pero pierde el equilibrio y cae frente al monstruo enfurecido que la golpea en el estómago. Con otro de los brazos trata de alcanzar a Brigitte pero ella lo bloquea, y con un tercero trata de golpear a Rahjmar que esquiva el golpe. Entonces con un movimiento veloz, Ishtar da la vuelta a su bastón y lo golpea en la cara. Una grieta se extiende lentamente por la máscara y la hace añicos dejando a la vista una masa de pura oscuridad coronada por dos escalofriantes luces rojas donde deberían estar los ojos. Brigitte, que aguantaba a duras penas la embestida del monstruo alza el brazo y hunde la mano en la sombra. Lenta, muy lentamente la oscuridad desaparece absorbida por ella hasta que ya no queda nada.

Cuando la sombra entra por las yemas de sus dedos, Brigitte no siente miedo alguno. Unas imágenes vagas comienzan a formarse en su mente. Una cordillera que jamás ha visto pero que sabe con total certeza que son las montañas del Fin del Mundo se aleja a gran velocidad. Brigitte y la sombra ascienden… ¿o caen entre las paredes de roca? Están cayendo porque el cielo cada vez está más lejos. En el borde del acantilado asoma un felínido.

Zaret… acierta a pensar Brigitte antes de que la identidad de la sombra se diluya en ella definitivamente.

Cuando la visión termina, nota una fuerza y una agilidad extrañas pero reconfortantes en su pecho y ve cómo a su sombra le han surgido dos pares de brazos más.

La oscuridad se retira y atravesamos el arco de entrada. A pesar de que parecía que no había nada al otro lado, hemos entrado en una especie de edificio. Ante nosotros se abre un largo pasillo flanqueado por muros de oscuridad tan impenetrable como la que dejamos atrás. A lo largo de las paredes extrañas llamas oscuras recorren el suelo y arrojan sombras danzarinas aún más extrañas. Se me eriza el pelaje de la nuca. No son las luces. Junto a los fuegos se mueven sombras independientes que murmuran en voz cada vez más alta.

—¿Son ellos?

—Sí, sí que lo son.

—No, no, no, no. Otra vez no.

—Quiero venganza.

—Por fin.

Enfilamos el pasillo hasta que un muro de oscuridad nos detiene. Aridia se acerca a Brigitte y le ofrece su mano.

—Es el momento. A partir de aquí, estamos solas. Tendrán que defendernos. —Nos dan la espalda y atraviesan la oscuridad.

Las sombras de los laterales definen sus formas. Son los piratas que asesinamos junto a la ciudad del agua. Claman venganza y no puedo decir que no la merezcan, pero no caeré sin luchar. Por cómo se mueven los demás, ellos tampoco.

Brigitte busca su sombra pero no la encuentra. Solo están ella y Aridia en una sala circular. Frente a ellas, Khan y Draco aguardan. Brigitte alza su arco y dispara a Khan. Le pilla por sorpresa y la flecha se le clava en el hombro. Aridia salta sobre él e hinca aún más la flecha en la carne del rakshasa. Con un movimiento fluido se vuelve a golpear a Draco, pero este la repele con su escudo. Brigitte aprovecha la distracción y dispara al saurio. Por su parte, Khan se abalanza sobre Aridia y Brigitte solo puede ver cómo le clava las dagas en la espalda a la elfa. Enfurecida por el dolor, Aridia hunde su acero en Draco y lo levanta con un grito de rabia. Khan se prepara para abalanzarse sobre Aridia. Brigitte echa a correr muy rápido, mucho más rápido de lo normal. Apunta y dispara, pero no está acostumbrada a la velocidad y la flecha cae al suelo. Khan salta y Brigitte llega junto a Aridia. Brigitte trata de apartarla de la trayectoria del rakshasa pero no puede. El frío acero vuelve a hundirse en la carne de la elfa y la sangre brota a borbotones.

Nos sobrepasan en número. No paran de venir. Estamos atrapados. Vuelco el cuenco que me entregó Terra.

—Ayúdanos —suplico.

El elemental inunda la sala con una enorme ola que barre a las sombras.

—No… No hay otra opción —la voz de Aridia es tenue.

Brigitte está arrodillada a su lado. Draco yace en el suelo y Khan se aleja de ellas, preparado para volver a atacar.

—Absórbeme. Si no, nos matarán. Es la única opción.

Brigitte la mira con lágrimas en los ojos. Puede sentir cómo la vida de Aridia se le escapa entre los dedos. Sabe que es la única opción y aun así duda. Quedará atrapada en su cuerpo para siempre, sin identidad.

—Por favor… —suplica Aridia.

—Perdóname —dice Brigitte y la abraza.

Ambas se funden en un abrazo y sus contornos se desdibujan. La oscuridad las envuelve y de ella surge una figura humanoide encapuchada. Es una semielfa que porta un elaborado arco decorado con rosas blancas. En el carcaj la punta de las flechas brilla con resplandor rojizo. Son rubíes.

Khan y Draco la miran con horror. La semielfa entorna los ojos y frunce los labios en una sonrisa retorcida.

—Es hora de jugar.

Se lleva una mano a la empuñadura de la daga roja y siente una oleada de fuerza por todo su cuerpo. Lleva la otra mano a la daga verde y comprende por qué Aridia parecía moverse a toda velocidad. En un instante se alza frente a Khan. Raja su pecho de arriba abajo con la daga roja y le hunde la empuñadura de la daga verde hasta atravesarlo por completo.

—No… No puede ser —murmura Draco aterrado.

—Empieza a creer.

Brigitte alza ambas dagas y las descarga sobre él. La sombra se desvanece y aparece un saurio que mira a la semielfa.

—Gracias.

—Tuya es la libertad.

El hombre asiente. Se abre un portal tras él y desaparece. Brigitte recupera su forma normal. Aridia está a su lado.

—Parece que hemos ganado —dice.

—Ha terminado. No sé si hemos ganado. —Brigitte mira a Aridia con ojos tristes.

—No me iré. Ahora tú vivirás en la luz y yo te protegeré desde la oscuridad. Podrás invocarme siempre que quieras, pero solo cuando tú estés en la oscuridad podré salir. ¿Me despedirás de los demás? —Intenta sonar firme, pero le tiembla la voz al pronunciar las últimas palabras.

Brigitte la abraza. Aridia le da un beso. La oscuridad desaparece y solo queda Brigitte.

No quedan más sombras contra las que luchar. Brigitte camina cabizbaja hacia nosotros.

—Nos vamos.

—¿Y Aridia? —pregunta Ahleinne.

—No lo consiguió.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Ishtar.

—La absorbí. Era la única manera.

Cuando regresamos, los dragones nos aguardan.

—En una semana os enfrentaréis a Jaraxux —dice Ventus.

¿Cómo diablos lo saben con tanta exactitud? Es enfermizo.

—La guerra ha comenzado. En vuestras manos está pararlos a él y Alamuerte de una vez y para siempre. No tenéis mucho tiempo pero debéis prepararos a conciencia —añade Terra.

Hemos reunido un ejército que os apoyará en la lucha —continúa Ventus.

Perfecto, más niños que van a morir.

—¿Niños? —pregunta Ventus. Estupendo. ¿Ahora está también en mi cabeza?—. No enviamos niños a la guerra.

—Ya, seguro que tienen todos al menos un par de siglos de vida.

Continúa como si no me hubiera oído. Fantástico. Está claro que las vidas de los seres inferiores es apenas un suspiro. Me pregunto si significaremos algo siquiera para ellos. Ishtar está apoyada en la ventana. Ventus nos cuenta que cada uno de los generales se encargará de defender uno de los flancos para darnos un espacio vacío en el que pelear con Jaraxux. ¿De verdad a nadie le parece absurdo que peleemos con él en el lugar en el que, si cualquiera de nosotros cae a la lava, invocaremos a Alamuerte? ¿En serio nadie lo ve? ¡Es la crónica de un desastre, por todos los dioses! No sé si esta vez no me oye o si simplemente me ignora, pero continúa relatando los pormenores de la batalla.

—Es todo —dice—. Id a descansar. Tendréis que prepararos muy duro.

Apenas termina de hablar. Ishtar se lanza por la ventana. A estas alturas no me parece una mala idea.

Fin del capítulo 26

Brigitte baja a cenar junto con Kotaka y Rahjmar. Cuando entra al comedor, Jerox y Troj le hacen una seña para que se una a ellos. Cuando preguntan por Aridia, Brigitte no sabe qué contestar.

—Será mejor que os lo cuente ella misma —dice y se marcha al mundo de las sombras.