El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Brigitte baja a cenar junto con Kotaka y Rahjmar. Cuando entra al comedor, Jerox y Troj le hacen una seña para que se una a ellos. Cuando preguntan por Aridia, Brigitte no sabe qué contestar.

—Será mejor que os lo cuente ella misma —dice y se marcha al mundo de las sombras.

Capítulo 28

Existieron una vez en algún punto de las Selvas Azules de Zafiria dos hermanas que vivían en armonía. Separadas eran las mejores arqueras del lugar, pero juntas eran imbatibles. Habitaban un pequeño palacio de altas torres y magníficos muros de mármol blanco cubierto de hiedra a cierta distancia del resto de asentamientos. Lira y Aria, pues aquellos eran sus nombres, vivían sus vidas en paz y armonía con aquellos que habitaban las tierras de alrededor. Sin embargo, la llegada de la oscuridad a Voldor reveló un sombrío recoveco en el corazón de Aria del que Lira jamás había tenido noticia. Día tras día notaba cómo Aria se apartaba de ella, poco a poco, tenuemente, hasta que algo sucedió. Nadie sabe exactamente qué fue lo que Lira vio, pero esa noche se enfrentó a su hermana. Aria trató de huir. Lira la persiguió. Aria se encaramó a uno de los balcones. Lira le pidió que bajara, arco en mano. Aria se negó. Lira disparó y su hermana se precipitó al vacío con una flecha en el corazón.  

La historia de Aria y Lira se me viene a la cabeza cuando escucho sus nombres, pero no lo entiendo. ¿No se suponía que Aria murió? Era malvada y su hermana la mató antes de dejar que huyera. ¿Qué hace aquí?

—Zaret será baja —interrumpe mis pensamientos la voz de Ishtar.

—Qué pasa, ¿que Zaret no va a poder acompañarnos? —pregunta Brigitte.

—El Zaret que vosotros habéis conocido no era en realidad Zaret —responde Ishtar taciturna.

—¿Cómo? —interviene Rajhmar con cara de confusión.

Ishtar toma aire.

—Aquella historia que contaron… creo que en alguna taberna, sobre la gran pelea entre mi hermano y el monje de cuatro brazos…

Asentimos. Recuerdo esa historia. Un enjuto felínido arrancaba dudosos acordes a su laúd en la taberna donde conocí a Terra y sus mariposas de agua.

—¿Esa en la que Zaret lo arrojaba al vacío desde las montañas del Fin del Mundo? —pregunta Brigitte.

—Sí, salvo que quien cayó al vacío fue Zaret, no el monje…

—Pero… ¡yo lo vi! —exclama Ahleinne.

Ishtar lanza una mirada indescifrable a la semielfa. No parece enfadada con ella, ni siquiera molesta. Tiene el gesto más serio que le haya visto jamás.

—Cambió su cuerpo con el de mi hermano y lo arrojó al vacío.

—Entonces lo que encontramos en el mundo de las sombras… — “…y que absorbí”. Brigitte no termina la frase pero apuesto algo a que es lo que está pensando.

Ishtar asiente.

—Era él.

—No puede ser… —murmura Ahleinne con los ojos desorbitados.

—Pero es lo que viste —le dice Rajhmar.

—¿Por qué no vuelves atrás y lo cambias? —increpo a Ahleinne. Podríamos salvar a Zaret y evitarle a Ishtar todo este sufrimiento.

—No se puede… —dice en voz baja sin mirarme a la cara.

—¿Cómo que no se puede? ¡Retrocedimos mucho más atrás para matar a Kalum! Además, ¿no se suponía que aquí estábamos a salvo? —me giro hacia los dragones que observan en silencio nuestra conversación. Los generales también atienden en silencio.

—Y lo estáis —creo que es Ventus quien responde, aunque no lo tengo muy claro. Sé que no es Terra.

—¿Entonces qué diablos ha pasado? ¿Cómo ha podido entrar?

Los generales se remueven incómodos. Diría que no están acostumbrados a ver a nadie gritarle a unos dragones.

—Este no es el momento ni el lugar.

Qué sorpresa.

—Nunca lo es —me giro de nuevo hacia Ahleinne dispuesta a volver a la carga pero se me adelanta.

—Hay que cambiar el plan —dice.

—No puedes simplemente movilizar un ejército de estas dimensiones y cambiar el plan de pronto —alega Brigitte.

—Tiene razón —corrobora Kratos—. Debemos seguir adelante tal y como estaba planeado.

Fantástico. Me encanta esa brillante mente militar que sigue adelante sin tener en cuenta los imprevistos. No, si al final será verdad que vamos a morir todos. No le presto mucha atención al resto de la reunión donde discuten tácticas de entrada, de ataque, de movimiento… y me dedico a pasear los ojos por la sala. Rahjmar, Rauros y Brigitte están vivamente interesados; la mente de Ahleinne en cambio parece estar muy lejos de allí. Ishtar tiene la mirada perdida en la ventana y temo que vuelva a tirarse por ella otra vez.

Al cabo de una eternidad por fin terminan de discutir y podemos irnos, pero mientras deambulo sin rumbo no dejo de darle vueltas a lo poco que sabemos sobre una batalla tan decisiva para nuestro futuro y el de todo Voldor. No podemos ir a esta lucha creyendo que vamos a morir. Necesito más información pero, ¿de dónde la saco? Empezar por la biblioteca me parece una tarea titánica. Debe de haber cientos de miles de volúmenes y podría llevarme siglos encontrar algo útil. Tal vez debería tragarme mi orgullo y preguntarles directamente a los dragones. No creo que me contesten, pero al menos así podré echarles la culpa si muero y atormentarlos por toda la eternidad.

—¿Terra? —pregunto con cautela en mi mente.

—¿Sí? —noto algo de censura en su respuesta. Diría que al menos la última parte la ha escuchado. Tanto mejor.

—Creo que hay demasiadas preguntas sin respuesta en todo esto y no estoy dispuesta a luchar a ciegas. ¿Aceptaríais contestar algunas al menos?

—Haremos lo que podamos —responde después de un breve silencio.

Fin del capítulo 28

Encuentro a Terra al borde del estanque donde pasé la noche. El paseo me ha venido bien en cualquier caso. No esperaba que me fuera a contestar, así que tenía que ordenar mis ideas. Son demasiadas las preguntas sin respuesta…