El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Rápidamente salimos de la enfermería. Brigitte y yo tratamos de encontrar el rastro de Ishtar desde donde había caído, pero hay demasiadas pisadas sobre la tierra y no logramos encontrar nada útil. Rahjmar se acerca a preguntar a los guardias de la puerta…

Capítulo 3

Aridia se desvanece ante la puerta de Kalum. Brigitte se acerca a la ventana para mirar dentro, pero Ishtar no espera y directamente abre la puerta y entra. Furiosa, mira a Aridia que juega a lanzar el puñal al aire con una sonrisa burlona.

—Devuélvemelo —reclama Ishtar.

Aridia se ríe, lanza el puñal al aire y el puñal desaparece. En ese momento, Ahleinne se da cuenta de que la runa de su espada ha desaparecido. Mira a todas partes pero no la encuentra. Ambas la increpan, pidiendo que les devuelva lo que les ha robado. A sus voces se suman las de Rahjmar y Kotaka, pero ninguno se decide a atacarla directamente.

Un poco frustrada por ello Aridia se acerca a Ishtar paso a paso, amenazante. Ishtar se pone tensa, preparada para el combate y los demás aguardan.

—Basta, Aridia.

Kalum entra en la habitación y nos cuenta que Aridia es su discípula y que todo esto formaba parte de la segunda prueba, los insultos de ayer, los golpecitos en el camino y el robo del puñal de Ishtar y la runa de Ahleinne. Aridia está junto a Kalum, sonriendo muy orgullosa mientras nos lo cuenta.

—¿El hombro bien? —le pregunto.

Entorna los ojos y sé que le ha molestado. No se suponía que fuéramos capaces de pillarla en su bailecito de desapariciones, pero lo hicimos. Y hoy hemos vuelto a vencerla al no dejarnos provocar y me juego algo a que eso la mosquea. Kalum retoma la palabra y nos dice que no debemos dejarnos llevar por las emociones. Añade que tiene una misión para nosotros, otra prueba, suponemos, y que Aridia nos acompañará.

Caminamos hacia el bosque en silencio. Aridia se acerca a Brigitte.

—¿Te gustaría desaparecer? —le pregunta—. Llevas mucha ira dentro, podrías aprender a hacerlo si la canalizas bien.

Brigitte la mira sin comprender.

—Concéntrate —le dice—. Recuerda a los guardias imbéciles.

Un destello de ira cruza la cara de Brigitte ante esa mención.

—Eso es. Cierra los ojos.

Con el ceño fruncido y los puños cerrados, Brigitte cierra los ojos y desaparece. Ya no las vemos ni a ella ni a Aridia.

Cuando abre los ojos, Brigitte está sola en un lugar que no reconoce. Todo es oscuro y deforme a su alrededor. Tras un instante, se da cuenta de que está en el mismo lugar, pero que ahora está envuelto en sombras.

De pronto, vuelven a aparecer pero ahora están delante de nosotros.

—¿Qué…? —dice Ishtar.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Brigitte.

—Eso era el mundo de las Sombras —responde Aridia—. Al canalizar toda tu ira y tus emociones, te he llevado allí. Ahora inténtalo tú.

Brigitte está bastante mosqueada, pero se concentra de nuevo en sentir toda la ira y la frustración que le generaron los imbéciles del campamento y desaparece.

—Hay una conexión entre nuestro mundo y el de las sombras, pero es peligroso.

Cuando abre los ojos, Aridia está delante de ella. Entonces, Brigitte se da cuenta de que no están solas. Hay formas extrañas a su alrededor que no deberían estar allí.

—Cuanto más lo uses, más peligroso será —dice Aridia mientras la toma del brazo.

Reaparecen juntas y seguimos caminando hasta la linde del bosque. Entonces, Aridia se detiene y se vuelve hacia todos nosotros.

—Ahora vais a aprender sigilo.

—Yo soy sigiloso —replica Rajhmar algo indignado.

—Si me ves, me podrás matar. Si te veo yo antes, estás muerto —dice, mientras gira la cabeza hacia el bosque para escuchar. Sonríe.

Entonces, oímos las pisadas de algo grande. Nos ocultamos en la espesura y no tardamos mucho en ver aparecer a una bestia por el camino, un enorme rinoceronte blanco.

—Identificad sus puntos débiles —dice Aridia en un susurro.

Ishtar se sube a un árbol para observar desde arriba y yo levanto la mano hacia el animal. La magia me revela que su piel es una coraza muy difícil de atravesar, pero que en las axilas se vuelve mucho más fina.

—Brigitte, ve al mundo de las sombras.

Observa a su alrededor cómo las formas y figuras se corresponden con las de lo que le rodeaba antes. Frente a ella, el rinoceronte es una enorme masa de sombra con dos pequeños puntos de luz donde las patas se unen al torso.

Aguardamos a que el rinoceronte se acerque más pero de pronto y sin previo aviso, Rajhmar se lanza contra él enarbolando su hacha. Creo que quería sorprenderlo pero el animal lo detecta antes incluso de que haya llegado hasta él y lo lanza por los aires. Entonces, se vuelve hacia nosotros y carga. Ni Ahleinne ni yo tenemos oportunidad de reaccionar y nos arrolla. Por suerte para ellas, Brigitte y Kotaka han podido esquivar la embestida y lanza una serie de proyectiles que no impactan. Brigitte coge una cuerda y la ata en torno a un árbol, en el camino de la bestia. Ishtar adivina lo que está haciendo y baja del árbol para echarle una mano. Cuando me incorporo, dolorida, disparo. El virote se clava en el pliegue de la pata pero no parece hacerle mucho daño.

De pronto, escuchamos un rugido en lo profundo del bosque y el rinoceronte sale huyendo despavorido… hacia nosotros. Kotaka y Rajhmar se llevan la peor parte. En su loca carrera arrastra los árboles, incluidos aquellos en los que Ishtar y Brigitte habían anudado la cuerda. Se detiene para tomar un respiro y se vuelve hacia nosotros, dispuesto a cargar de nuevo.

Aridia se lleva una mano a la cara con desesperación. Creo que no podríamos estar haciéndolo peor. Sacude la cabeza con desaprobación y se prepara para intervenir pero aún no lo hace.

Cargo la ballesta y disparo de nuevo antes de que el rinoceronte se nos eche encima de nuevo. Esta vez se clava donde había apuntado, justo en el interior de la pata y el animal resopla. Rajhmar lanza una jabalina que se le clava profundamente y Ahleinne conjura un destello de luz sobre su cara que parece hacerle daño. Kotaka se acerca a Rajhmar, ambos están bastante malheridos, arranca un pedazo de su coraza, se la pone en el pecho al bárbaro y conjura una armadura para él.

Me subo a un árbol a ver qué criatura se nos acercaba, pero no hay nada. Aparte de nosotros y el rinoceronte, parece que no hay nadie. Cuando desciendo para unirme a la lucha de nuevo, el rinoceronte ha vuelto a cargar contra Kotaka y Rajhmar, que no pueden apartarse a tiempo. La kitsune recibe el golpe del cuerno directamente y sale despedida. No se mueve.

Brigitte trata de acercarse para protegerla usando el paso de las sombras pero el rinoceronte la embiste primero, lanzándola también por los aires. Ahleinne grita, llamando la atención del monstruo. Alza su espada y grita:

—¡Quieto!

Para sorpresa de todos, el animal se queda completamente inmóvil. Brigitte rueda para ponerse fuera del alcance y acaba junto a Aridia. La mira, interrogante:

—¿Quieres que le ponga fin? —le pregunta ella con la mano en una de sus dagas.

Brigitte niega con la cabeza, consciente de que se trata de nuestra prueba.

—Entonces vuelve ahí.

Ishtar recoge a Kotaka y yo a Rajhmar. Están bastante hechos polvo.

—El… dragón… era mentira —dice Kotaka en un susurro. Parece que el golpe la ha dejado sin respiración.

Rajhmar se pone en pie y se arroja de nuevo contra el rinoceronte. Empiezo a pensar que está loco o que quiere morir. El caso es que esta vez clava profundamente el hacha en la piel del animal y lo recibe un chorro de sangre. El bicho ruge de dolor. Ahleinne invoca de nuevo la luz para hacerle daño y logran desconcertar al animal.

Ishtar y Brigitte se miran y sin mediar palabra parece que han tenido la misma idea. Ishtar aguarda en posición, Brigitte corre hacia ella y salta. Ishtar le da impulso, pero Brigitte se ha quedado corta con su salto, se resbala y queda atrapada en las patas traseras. Creo que no podría estar saliéndonos peor. No quiero mirar a Aridia. Su prepotencia me fastidia. Me gustaría romperle esa sonrisita de suficiencia, pero Brigitte está en peligro. Me concentro y disparo de nuevo. Dolorido, desconcertado y asustado el animal camina hacia delante y aplasta a Rajhmar, pero vemos cómo Brigitte está completamente ilesa. Ha usado el paso de las sombras para librarse del abrazo. Joder qué buena idea.

Ishtar, esta vez sola, se sube al rinoceronte. Al mirar alrededor, veo que Kotaka sigue en el suelo y no se levanta. Murmuro rápidamente un hechizo de curación y me centro en el rinoceronte. Creo que ha funcionado porque la veo moverse.

Ahleinne hiere al rinoceronte en una pata y vemos cómo le tiemblan las patas. Rajhmar sigue debajo. Es demasiado tarde para que podamos hacer nada por él, solo vemos cómo se desploma y lo aplasta.

Antes de que podamos hacer nada, Aridia sale con Rajhmar de las sombras y lo deja en el suelo.

—Sois el peor grupo que he visto nunca —nos dice—. Vámonos.

Echa a andar sin mirar atrás y nosotros la seguimos. Ishtar, Brigitte y Ahleinne presentan sus respetos a la criatura. Parece que después de hacerla sufrir durante todo este rato, ahora les da pena haberla matado. En fin, espero acordarme de dónde está. Sería un desperdicio que tanta carne se pudriera en el bosque a merced de los carroñeros y eso sí sería una falta de respeto.

Al acercarnos a la cabaña, nos llega un olor delicioso y nuestras tripas rugen al unísono. Cuando entramos, vemos por la cara que pone que Aridia ya ha puesto a Kalum al día. Observa muy serio a Rajhmar.

—¿Por qué? —le pregunta.

—No controlé mis impulsos, no lo he hecho bien —agacha la cabeza. Parece que lo siente de verdad.

—Habéis fallado la tercera prueba. Sigue yendo así a por el enemigo y acabarás muerto. Tú o tus amigos —Rajhmar no responde—. El rinoceronte solo se defiende. Endurece su cuerpo para evitar que le hieran. Son criaturas que no atacan si no se ven amenazadas.

—De donde yo vengo —comienza Rajhmar compungido—, hacemos las cosas de otro modo. Aprenderé.

Kalum asiente y mira a Aridia. Ella lo mira incrédula, pero él enarca una ceja. Aridia vuelve los ojos al cielo y nos mira.

—Diablos, está bien —dice y continúa—: Yo vivía en un poblado de elfos banjora. Tuve una vida fácil, éramos una familia acomodada. Mis padres me daban todo lo que creían que necesitaba y nunca me faltó de nada; pero yo sentía que necesitaba algo distinto, que el mundo no podía reducirse solo a eso, así que entrenaba con mis armas, husmeaba y me escondía por ahí. Quería salir, saber cosas, vivir.

»Entonces llegó un bardo al pueblo anunciando que se buscaban cazarrecompensas para cumplir un encargo y quise apuntarme. Mi padre puso el grito en el cielo porque alguien “de mi nivel” no podía jamás rebajarse a un trabajo como ese y decidió que lo mejor era prometerme para que aceptara de una vez y para siempre cuál era mi sitio.

»Iliud era un tipo elegante, dado a la buena vida y al que le encantaban las fiestas. En resumen, era un gilipollas. Me robó las dagas y se las quedó porque “eran impropias de una dama” —no puedo evitar sentir cierta simpatía hacia ella en este punto y en mi fuero interno deseo que la historia termine con ella cortándole el cuello a ese capullo—. Así que me harté de él. Una noche, recuperé mis armas y le rebané la garganta. Después de eso, no me quedó más remedio que huir a Exilium. Allí me encontré mirándome a mí misma desde un cartel de se busca. Me quedé petrificada. No pensaba que me seguirían hasta aquí, pero entonces me di cuenta de que alguien me miraba. Traté de escabullirme y me siguieron. De pronto, algo me arrastró hasta las sombras del callejón. Intenté zafarme y me soltaron. Me volví y descubrí a un rakshasa que me observaba con una media sonrisa enigmática. Se llamaba Khan y todo en él olía a problemas, pero no pude resistirme. Me enseñó a moverme por las sombras y acabé enamorándome de él.

»Claro, que nada de lo que hacíamos era del todo legal, pero tenía cierto encanto de lo prohibido. Una noche me apresaron mientras dormía. Durante una semana entera me juzgaron por más de mil muertes alegando que yo era la asesina de las sombras. Khan se había asegurado de que lo pareciera, desde luego y de que mucha gente me viera entrar y salir de las sombras para cubrirse él las espaldas. Me declararon culpable y me sentenciaron a morir, pero Kalum me rescató. Me entrenó y me enseñó muchas cosas. Me abrió los ojos.

»Mucho más tarde, volví a cruzarme con Khan. Mi primer impulso cuando lo vi fue matarlo allí mismo para que pagara por todo lo que había hecho, pero Kalum había hecho un buen trabajo conmigo. Esperé. Lo seguí. Hice que nos tropezáramos “por casualidad”. Lo seduje. Le hice creer que lo seguía amando con locura. Esa misma noche, abandoné su cama y lo denuncié a los guardias. Me hubiera gustado quedarme a ver su cara de bobo, pero me marché.

Hace una pausa y nos mira.

—Bueno, pues esa es mi historia. Estoy aquí para ayudar a Kalum a que os convirtáis en guerreros sobresalientes.

—¿Tú no quieres ganar? —le preguntamos.

—No me interesa. Confío en Kalum y si él dice que sois la única esperanza que tenemos, le creo. Trog y Jerox son vuestros verdaderos contrincantes —mira a Rajhmar—. Trog iba a por ti. Por eso te reclutó en la arena. Siempre va a por el más fuerte. Por eso dejé que fuera Jerox quien venciera. Si se enfrentan entre ellos, un problema menos para vosotros.

Brigitte y Ahleinne le lanzan una mirada incrédula

—¿Qué os creéis —les pregunta orgullosa—, que me van a tocar si yo no quiero que lo hagan?

Kalum dirige también su mirada a Brigitte y ve que está hecha polvo. El orco se dirige a un armario y saca tarro. Con mucha delicadeza, le aplica un ungüento a Brigitte en las heridas que parece que le calma el dolor.

—Comed y volved al campamento. Entrenad, porque lo necesitaréis para la próxima prueba: Ankh.

—¿Quién es Ankh? —preguntamos casi al unísono.

—Un monstruo que vive en una cueva cercana. La gema de su frente os dará reputación porque nadie lo ha derrotado nunca.

Nos sentamos a la mesa y almorzamos. La comida está deliciosa, pero Ishtar no prueba bocado. Debe de estar aún afectada por lo del rinoceronte. En fin, no voy a hacer comentarios. Durante la comida sigo dándole vueltas al nombre de la bestia porque me suena de algo. He oído ese nombre antes. Casi cuando hemos terminado de comer recuerdo que circulan historias sobre un enorme gusano con mandíbulas mortales y una gema en la frente de quien se dice que nadie que se haya enfrentado a él ha vivido para contarlo. Vaya tontería. Si nadie ha vivido para contarlo, ¿cómo narices se sabe? En fin, nos marchamos de casa de Kalum dándole las gracias por la comida. Antes de irnos, Ahleinne se gira a Aridia.

—Lo de pringada no iba en serio, ¿verdad?

Aridia se ríe con una sonrisa malévola y no contesta, pero enseguida sonríe más abiertamente. Tal vez la haya juzgado demasiado rápido.

Cuando llegamos al campamento, les decimos a los guardias dónde pueden encontrar carne para la cena pero unas notas disonantes me hieren los oídos y me distraen. Hay alguien apuñalando un laúd y yo sufro por dentro. Al entrar vemos que sentado en un banco de madera está Jerox arrancándole dolorosamente las notas a las cuerdas. Dios no lo soporto más.

—¿Necesitas ayuda? —le digo. Levanta la mirada y para de tocar.

Me fijo en el instrumento, que suena como un laúd pero no tiene nada que ver con nada que haya visto hasta ahora. Tiene un mástil larguísimo y una caja de resonancia tan pequeña que parece mentira que se pueda sacar de él un sonido tan potente. Está bellamente decorado con tallas de dragones muy realistas.

—Sí, gracias. —me dice y me ofrece el instrumento.

Me lo pienso. Quiero quedar bien, al final, por poquita cosa que parezca es el príncipe de Telaraña. No conozco muchas canciones araina pero enseguida me doy cuenta de qué tengo que tocar. No sé cómo no se me ha ocurrido desde el principio. Tomo el laúd de sus manos y me doy cuenta de que es muy ligero. Rasgueo un poco las cuerdas —bien, está afinado— y punteo las primeras notas de la Balada de Gael. Conforme voy desgranando la melodía, veo por el rabillo del ojo que Ishtar se lleva la mano al bolsillo y saca algo que brilla. Tengo que preguntarle por eso más tarde. Cuando vuelvo a centrar la mirada en Jerox veo que me mira sorprendido. No entiendo por qué pero supongo que es una buena señal. Baja la mirada al suelo y creo verle sonreír.

—Puedo enseñarte a tocar, si quieres.

—No, prefiero que lo toques tú —me dice—. ¿Sabías que este laúd me lo dio la mujer que compuso esa canción?

Paro de tocar y lo miro. No puede ser cierto. Esa mujer es una leyenda. Junto con Gael, Zaret, el hermano de Ishtar y otros aventureros destruyeron a Araxx y después de eso, ella se dedicó a limpiar el nombre de Gael, a quien solo se tenía por el malvado hijo de Araxx para demostrar que era un héroe. Miro hacia abajo y veo que hay una inscripción en la tapa inferior. Parece grabada a mano y de forma apresurada: “Era la única manera”. Entonces caigo en la cuenta de que eso quiere decir que es el laúd de Gael.

—Ella me lo dio para que le encontrara un nuevo dueño.

—¿Cómo…? —empiezo, pero no me salen las palabras.

—Vila llegó a Telaraña meses después de la muerte de Araxx y mi padre la encerró por las “mentiras” que contaba sobre mi primo. —Espera, eso no he debido de oírlo bien. Su primo ¿qué? ¿Gael es su primo? Debo de haber hecho algún gesto porque me lo confirma—: Sí, Gael era mi primo. Yo lo conocí. Sabía cómo era y desde luego, lo que se contaba sobre él no se acercaba ni un ápice a la realidad. Cuando Vila llegó a la ciudad recitando la Balada de Gaelsupe que era real y que eso sí era propio de él. Así que no pude dejar que se pudriera en las mazmorras. Cuando fui a verla, descubrí que era una mujer muy mayor. Cargaba a la espalda un laúd que no sabía tocar solo porque Gael se lo había dado antes de morir. La saqué de allí y ella me hizo prometer que le encontraría un nuevo dueño al instrumento. Alguien que se lo mereciera.

Miro el laúd. No puede estar diciéndome lo que creo que me está diciendo.

—Yo no… No… No puedes estar hablando en serio.

—Completamente. Es tuyo.

—Pero…

Jerox hace una leve inclinación de cabeza y se marcha, dejándome allí plantada, confusa y con el laúd aún entre manos.

Mientras tanto, Ahleinne se percata de que hay una preciosa mujer rubia de orejas picudas cantando una hermosa mujer apoyada en la pared de una de las barracas. Se acerca hacia ella y queda embelesada por su belleza y sus palabras.

Me marcho en busca de un mercader que pueda llevar mi vihuela de vuelta al barco. Tal vez es ya el momento de que regrese a casa. Además, si quiero que me conozcan allí donde voy, ¿qué mejor que un extraño laúd tan llamativo y con tanta historia?

—…la muerte… —llegan hasta mí retazos de una canción que no recuerdo haber oído nunca.

Cuando me vuelvo, hay una multitud congregada en torno a una elfa rubia que está tocando un laúd. Entre ellos distingo a Ahleinne. Todos parecen fascinados por el canto, así que me acerco y presto atención. Hay algo extraño en la melodía.

—… La Muerte irá a por vosotros y yo la ayudaré. Todos moriréis.

Me quedo pasmada. Ahora entiendo por qué me ponía los pelos de punta. Es un encantamiento. Me hierve la sangre. Bastarda. Valerse de la música para encantar a la gente es imperdonable. Me acerco a ella apartando a la gente y la encaro.

—¿Qué te crees que estás haciendo? —deja de tocar y me mira. Noto cómo el encantamiento se rompe. Bien—. ¿Eh?

Sin mediar palabra, ella se levanta y se va. Este encuentro me ha dejado un regusto amargo, así que aunque no pensaba ir, a la mañana siguiente acompaño a Rajhmar y a los demás a casa de Kalum y se lo comento. Me dice que probablemente era un acólito de Alamuerte y que deberíamos tener los ojos abiertos.

Durante dos semanas entrenamos tan duro como nos permiten nuestras fuerzas. En ocasiones con Kalum, en ocasiones entre nosotros. Kotaka y Ahleinne aprenden conjuros y Brigitte pasa casi todo su tiempo con Aridia en las sombras. Yo paso mucho tiempo en las tabernas y con otros reclutas tratando de averiguar algo más sobre la misteriosa mujer y los infiltrados, pero sin éxito. Nadie parece recordar el incidente ni haber visto nada extraño. Todo esto me inquieta.

Una tarde, Kalum nos reúne en su cabaña y se dirige a nosotros uno por uno. Primero, toma una hermosa hacha labrada con dibujos de llamas de la pared y se la entrega a Rajhmar. Después, se acerca a Ishtar y le pide su bastón. Ella se lo entrega y él pasa la mano por uno de los extremos. Unos dibujos de llamas aparecen en la madera. Entonces toma una espada de la pared, la golpea con el bastón y sale del extremo una llamarada que la parte en dos. Se vuelve a Ahleinne y le entrega algo pequeño. Parece una piedra o una gema. Lleva grabada una runa. A Brigitte le entrega un carcaj lleno de flechas con la forma de pequeños dragones en el extremo. Cuando se acerca a mí, me pongo nerviosa. Me ofrece una espada corta enfundada en su vaina. Cuando la desenvaino, veo que la hoja no es lisa ni gris. Tiene una forma sinuosa y es de unos preciosos tonos azules y blancos.

Pasadas las dos semanas prometidas, nos reunimos en la cabaña de Kalum de nuevo. Todos llevamos nuestras armas que han resultado ser una sorpresa tras otra. El hacha de Rajhmar, al igual que le bastón de Ishtar parecen encantados por el fuego. Despiden llamas al enarbolarlos. Mi espada, por el contrario, parece que congela todo lo que toca.

—Os vais a enfrentar a una dura prueba —dice Kalum—, pero tendréis ayuda.

Para nuestra sorpresa, no somos los únicos. Aridia, Trog y Jerox están allí también. Sin más explicación, nos ponemos todos en marcha. A medio camino por fin nos decidimos a preguntar.

—¿La bestia se esconde en una cueva? —pregunta Brigitte.

—En una llanura —contesta Trog.

—La bestia se esconde bajo tierra, así que habrá que tener cuidado —añade Jerox.

Parecen simpáticos y se llevan bien entre ellos. Mantienen una sana competencia a base de pullas y provocaciones que no parecen molestarles en serio. Todos parecen convencidos de que serán ellos quienes ganen el torneo.

Al llegar a la llanura, Trog se adentra en ella sin titubeos. Jerox comienza a tejer en vertical lo que parece una estructura de tela rígida y Aridia y Brigitte desaparecen. Rajhmar me mira.

—¿Qué hacemos? —pregunta.

Me encojo de hombros. Dejando a un lado el hecho de que es un monstruo gigante y peligrosísimo y que preferiría no estar aquí pero no tengo más remedio… No tengo ni la más remota idea de qué podemos hacer aparte de esperar a ver qué pasa.

Brigitte observa la llanura en las sombras y un escalofrío le recorre la espalda. Debajo de la llanura hay una luz moviéndose de un tamaño desproporcionado.

Aridia reaparece y Trog la mira, parado en mitad de la llanura.

—¿Debajo? —pregunta.

Aridia asiente y el orco alza el hacha y la hunde en la arena con fuerza. Todo empieza a temblar y el monstruo emerge con furia. Trog echa a correr. Ahleinne convoca luz que se dispersa al golpear al gusano en la cara. El gusano se mete dentro de la tierra y cuando vuelve a emerger, atrapa a Jerox con sus mandíbulas. Ishtar salta para golpearlo pero también la atrapa con sus mandíbulas inferiores. Un momento… Creo que el bicho parece saber dónde estamos en todo momento. Miro a Rahjmar y por su cara me doy cuenta de que ha tenido la misma idea que yo. Trata de acercarse sigilosamente al monstruo pero de pronto la bestia lo descubre y lo atrapa con su tercer par de patas o mandíbulas o lo que sean esas horribles protuberancias. Los tres se debaten para escapar de la presa, pero sus esfuerzos son completamente inútiles. ¿Qué diablos podemos hacer?

Fin del capítulo 3

Aridia asiente y el orco alza el hacha y la hunde en la arena con fuerza. Todo empieza a temblar y el monstruo emerge con furia. Trog echa a correr. Ahleinne convoca luz que se dispersa al golpear al gusano en la cara. El gusano se mete dentro de la tierra y…