El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Cronos deja a Isthar de vuelta en el bosque. Los sonidos de la naturaleza la envuelven de nuevo. La cabeza le da vueltas con todo lo que ha averiguado. Los dragones acompañando a todos los seres, la extraña revelación de su propio origen y la muerte…

Capítulo 32

Si no fuera tan grave la situación me haría hasta gracia. La cara de perplejidad de Brigitte y Rahjmar, el miedo pintado en las de Kotaka y Ahleinne, la incomprensión en Rauros y una indignación creciente en Isthar.

—¿Qué acaba de pasar? —pregunta Brigitte.

—Ventus.

Isthar no recibe respuesta

—¡Ventus!

La furia crece

—¡VENTUS!

Solo silencio

—Nos han dejado solos —responde Ishtar con los dientes apretados de ira.

—Cómo que nos han dejado solos —pregunta Kotaka titubeando.

—Tienes que estar bromeando —digo. Tiene que estarlo. Esto no puede estar pasado—. Somos los malditos elegidos. ¡Ellos nos hicieron los malditos elegidos! No pueden abandonarnos así sin más.

—¿Me ves cara de estar de broma?

Desde luego no lo parece. Casi echa chispas por los ojos. En torno a sus pies la hierba se agita y crece. Doy un paso atrás, pero ella cierra los ojos y aprieta los labios. Está tan tensa que el cuello le tiembla.

—Ventus, ¡maldita sea!

Silencio.

—¿Por qué demonios nos hacen esto? —pregunta Brigitte no sé si al aire o a nosotros.

No entiendo qué está pasando. ¿Se han ido? ¿De verdad? ¿Nos han dejado solos? ¿Después de todo lo que nos han hecho pasar? Noto que la furia empieza a bullir dentro de mí.

—¡¿Cómo os atrevéis desgraciados —grito— a hacernos esto?! ¿Después de todo lo que hemos pasado? ¡¿Después de todo lo que nos habéis hecho pasar?! ¡¿De todo lo que nos habéis ocultado?! ¡¿TENÉIS TODAVÍA EL VALOR DE INDIGNAROS PORQUE NO CONFIEMOS EN VOSOTROS?!

—¿Cómo puedes hacerme esto?

Silencio.

—Sáhara, cálmate… —dice Brigitte aunque sin mucho entusiasmo.

—¡¿QUE ME CALME?! ¡Hemos demostrado de sobra que éramos aptos, que seguiríamos sus estúpidas órdenes hasta el final aunque no estuviéramos de acuerdo con ellos.

Isthar y Ahleinne parecen ausentes. Rahjmar, Kotaka y Rauros me miran como si estuviera loca.

—¿O no? ¿Acaso no hemos dejado atrás todo lo que nos era querido, toda nuestra vida, ¡nuestra humanidad! para que hicieran y deshicieran con nosotros lo que quisieran? ¿Para esto dio su vida Aridia?

Sé que me he pasado cuando Brigitte de un paso atrás dolida, pero no puedo contener toda la rabia que tengo dentro.

—¡Por el amor de todos los dioses del panteón, Ventus! ¿Esto es lo que merezco?

Silencio.

—¡AAAAAARGH!

Entonces se le ocurre algo.

—¿Ezzio? ¿Sigues ahí?

Una tímida voz responde.

—Sí.

—Dile a Ventus que me responda. Sé que me está escuchando.

—No servirá de nada —responde algo acobardado—. Los dragones ya no intercederán más por vosotros. Habéis cruzado la línea y traicionado su confianza.

—¿Todas las vidas que se han perdido no valdrán para nada? ¿Todos los sacrificios que hemos hecho no servirán de nada?

—Al parecer no —me interrumpe Ishtar sarcástica—. Parece ser que hemos roto su confianza.

—No me lo puedo creer… ¿Después de todo lo que hemos pasado? ¡Confiamos en ellos, maldita sea! Después de la prueba de Ahleinne, de Calum… Nos quedamos. No nos fuimos. Cumplimos con lo que se esperaba de nosotros. ¿¡Y ahora nos hacen esto?! ¡Es infantil! ¡Por el amor del cielo! ¡Son malditos dragones comportándose como críos! ¡MALDITOS SEAN UNA Y MIL VECES!

Exploto. No puedo contener más la rabia. Después de todo por lo que nos han hecho pasar, de que nos mangonearan, nos enviaran por todo Voldor, nos mintieran… ¿Cómo demonios se supone que vamos a confiar en ellos? Si de verdad lo creen es que son más inconscientes de lo que creía. Y eso no es bueno para nosotros. Nada bueno.

—¿Cronos? —pregunta tímidamente Ahleinne.

Silencio

—Por favor… —ruega.

La voz poderosa de Cronos resuena con tal fuerza en su cabeza que Ahleinne se tapa los oídos.

— Es una medida de seguridad. Habéis traspasado la línea. No nos lo tomamos en serio y esa Sáhara que visteis fue el resultado. En cuanto uno de los elegidos busca poder, se acabó.

Ahleinne se tapa de repente los oídos y se encoge.

—¡Ahleinne! —grita Brigitte y echa a correr hacia ella—. ¿Estás bien?

Ahleinne está arrodillada en el suelo. Con las manos en torno a su anillo. Su piedra brilla al igual que las nuestras, pero no sucede nada. Cronos le ha retirado su bendición.

—Cronos, por favor… —murmura.

—Dile a Ventus que deje de esconderse —dice Ishtar.

—No te va a contestar… —responde Ezzio apenado.

—Pero me oye.

Ezzio asiente.

—Todo lo que hicimos fue por vosotros, porque asumimos nuestro papel de elegidos a pesar de todo y continuamos adelante. A pesar de las pérdidas —hace una pausa—. A pesar del dolor.

Una lágrima rueda por la mejilla de Isthar desde sus ojos cerrados.

—Cronos, por favor…—implora Ahleinne—. Esa Sáhara no es esta Sáhara. No busca poder, no lo quiere. Yo me responsabilizo de lo que ocurra pero, por favor, sabes que esto no puede acabar así. Aún no hemos terminado.

—Hmm. —Durante unos instantes solo se escucha el silencio en su mente. Entonces Cronos habla—: Hazles saber esto. Deberéis escoger vuestro camino hasta las últimas consecuencias. Decididlo ahora, ¿confiáis en nosotros o no? Digamos lo que digamos, hagamos lo que hagamos, pidamos lo que pidamos. Escoged.

Ahleinne abre los ojos. Parece un poco sorprendida de estar en el suelo. Con ayuda de Brigitte se incorpora.

—Cronos nos ha dado un ultimátum. Debemos escoger si confiamos en ellos hasta las últimas consecuencias o continuaremos solos a partir de aquí.

Nos quedamos en silencio, perplejos por lo que acaba de decir. Durante unos minutos solo se oye el viento entre las hojas y la fauna regresando a su tranquilidad habitual. ¿Ha dicho lo que creo que ha dicho? ¿Cómo vamos a confiar en ellos visto lo visto? Nos envían a la muerte a pesar de que supuestamente somos sus hijos… Me niego a pensar en Terra de esa forma. Yo ya tengo unos padres. Que me criaron, me cuidaron, me educaron y gracias a los que soy quien soy. Si Terra fue quien me dio la vida, de acuerdo, eso será lo que le agradezca, pero no podría jamás considerar… No, de ninguna manera. Mi madre es Ayami y mi padre Kai. No importa cuánto cambien las cosas.

Brigitte da un paso al frente.

—Yo confío en ellos.

—Confiaba en ellos entonces y confío ahora —añade Rahjmar.

—Yo también —dice Kotaka.

—Las cosas no pueden seguir así —reprende Ishtar a Ventus—. Nos exigís que confiemos en vosotros cuando no lo hacéis en nosotros. Esto es un camino de dos direcciones.

Ishtar abre los ojos y asiente.

—La confianza no se regala, hay que ganársela, pero yo confío en Ahleinne. Si ella cree que los dragones son dignos de nuestra confianza, lo acepto.

Solo falto yo.

—Estoy de acuerdo con Ishtar. La confianza es algo que se gana y hasta ahora los dragones no han hecho demasiado por ganarse la nuestra. Sin embargo, esta extraña alianza es la única manera que se me ocurre de salvar Voldor del desastre. Pero tengo una condición. —No sé si nos estarán escuchando pero intento proyectar el pensamiento al mismo tiempo que hablo. No tengo ni idea de si funcionará—. Basta ya de mentiras. Basta de engaños. Basta de ocultar información. Basta.

—Estoy de acuerdo —dice Rahjmar—. La verdad por delante.

—Esas son mis condiciones. —Miro a Ahleinne, que parece ser la única que conserva su canal de comunicación intacto. Cuando me devuelve la mirada el dolor de su traición me aguijonea de nuevo. Giro la mirada hacia los demás, no puedo seguir mirándola y continúo—:   Si están dispuestos a aceptarlo, de acuerdo. Confiaré. Me arrojaré a los brazos de la muerte si me lo piden.

Me resulta extraño escuchar la verdad en mis palabras. De verdad estoy dispuesta a entregar mi vida a esta misión suicida con tal de que Voldor siga siendo el lugar hermoso que es.

—Pero si prefieren seguir manteniéndonos en la oscuridad, arrojándonos a la muerte sin que lo sepamos, entonces no. Si vamos a jugar, quiero las cartas sobre la mesa.

—¿Cronos? ¿Lo has oído?

Cronos asiente.

—Mañana en la cuarta hora tras el mediodía presentaos ante nosotros. Aún queda mucho trabajo por hacer.

Ahleinne sonríe con los ojos cerrados. Casi parece en calma. Me gustaría acercarme y tocar su piel de nuevo, perderme en su respiración… Pero ahí está otra vez ese dolor punzante, ese aguijonazo. ¿Alguna vez seré capaz de perdonarla?

—Tal vez hay algo que deberíais saber —dice Rahjmar—. Sin secretos. Sin mentiras. Kratos me pidió que no os lo contara, pero no me parece justo. Merecéis saber.

Lo miramos expectantes.

—Él fue quien absorbió el aliento de Alamuerte la primera vez y gracias a él Voldor no fue destruida.

Ah. Eso lo sabía. Con ayuda de Ventus, según cuentan… Me pregunto por qué no querría que lo supiéramos si él mismo me lo contó.

— Y si Alamuerte despierta de nuevo —continúa el bárbaro—, volverá a hacerlo. Eso nos dará la oportunidad de acabar con él de una vez por todas.

Interesante.

—Mañana —interrumpe Ahleinne— a las cuatro de la tarde nos hablarán los dragones. Ellos confían en nosotros así como nosotros confiamos en ellos y por eso…

Deja la frase en el aire y se transforma en un imponente dragón dorado. Nuestros anillos brillan con intensidad. Brigitte lo mira y su cuerpo se transforma. Le nacen unas alas oscuras de las escápulas que se extienden como si llevaran toda la vida atrapadas. Crece de tamaño y toda su piel se vuelve de un color negro azulado brillante. Cuando abre las fauces deja a la vista dos hileras de afiladísimos dientes.

—¿Kratos? —pregunta Rahjmar

—Aham. —Hay reproche en su voz.

—Perdona que tuvieras que escuchar todo eso…

—Estás en tu derecho de dudar como nosotros de actuar en consecuencia.

—Sí pero… No fue justo acusarte.

—Así son las cosas. Ya no hay vuelta atrás. Mañana se verá.

Rahjmar las mira dudando, como si no se atreviera a hacerlo.

—Puedes, si quieres —le dice suavemente Ahleinne.

Un espectacular dragón rojo se une a las dos dragonas en el claro. Lanza un chorretón de fuego a las alturas ante la mirada acusadora de Ishtar, pero se dispersa sin dañar ningún árbol.

—Si pasáis demasiado tiempo en esta forma os quedaréis así para siempre.

Al oír eso, ambos regresan a su forma. Solo de pensar en transformarme en dragón… no puedo, no me veo capaz. No siento la emoción que veo en sus caras, la ilusión… Nada, solo un profundo rechazo. Eso no soy yo. Por los dragones, por los piratas, por todo lo que representa… Ishtar y Kotaka no se han transformado tampoco, me pregunto por qué.

Fin del capítulo 32

Cuando me despierto aún no ha amanecido. Pienso en empaquetar mis cosas pero no llevo nada encima salvo mis armas y el laúd. Intento recordar cuando fue la última vez que llevé un macuto pero no lo consigo. Es demasiado pronto, me digo, ya lo recordaré más tarde, pero ni yo misma me lo creo. Las cosas ya no son lo que eran.