El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Si no fuera tan grave la situación me haría hasta gracia. La cara de perplejidad de Brigitte y Rahjmar, el miedo pintado en las de Kotaka y Ahleinne, la incomprensión en Rauros y una indignación creciente en Isthar.
—¿Qué acaba de pasar? —pregunta Brigitte.

Capítulo 33

Cuando me despierto aún no ha amanecido. Pienso en empaquetar mis cosas pero no llevo nada encima salvo mis armas y el laúd. Intento recordar cuando fue la última vez que llevé un macuto pero no lo consigo. Es demasiado pronto, me digo, ya lo recordaré más tarde, pero ni yo misma me lo creo. Las cosas ya no son lo que eran.

Sobre la cama reposan el laúd de Gael y los regalos de Calum. Tarareando una melodía que lleva días dándome vueltas a la cabeza, enfundo la espada de hielo y me ato el guantelete a la muñeca. Parece tan hermoso e inofensivo cuando está cerrado que podría pasar por el adorno de un guerrero presumido. Calum. Echo en falta su franqueza. Solía responder. Probablemente se guardara información para sí pero si preguntabas, siempre tenía una respuesta. La vida no es justa, pero de todas las cosas injustas que jamás hayan sucedido, su muerte es la más sangrante. No puedo creer que nos engañaran para ser cómplices…

Termino de atarme las calzas con más fuerza de la debida y me cuelgo al laúd a la espalda, con el mástil hacia abajo. Parece hecho a propósito para el combate. Su forma plana no entorpece mis movimientos. Sigo llamándolo laúd pero no lo parece. Me pregunto una vez más cómo consigue sonar tan intensamente sin caja de resonancia, pero seguramente sea la maldita magia. Cuando termino de fijarlo, salgo por la puerta. Tal vez sea la última vez que piso esta habitación. Me paro un momento en el quicio de la puerta para aflojarme los cordones. De verdad que me he pasado de fuerte, me duelen las patas.

Por las ventanas se ve la ciudad como sacada de un cuento, bañada por el reflejo de las estrellas. Sus habitantes aún duermen en paz. Ojalá no sean conscientes de lo cerca que está el peligro que les acecha. Al pie de las escaleras me encuentro con Brigitte que se frota los ojos. Tiene la mirada cansada pero no creo que sea solo por el sueño. Poco después se nos unen Ishtar y Kotaka. Cuando llegamos a la sala del trono, Ahleinne, Rauros y Rahjmar ya nos están esperando junto con todos los dragones. Solo Terra conserva su forma humana.

—Bienvenidos —nos saluda Ventus con una inclinación.

—No tenemos tiempo que perder —interviene Kratos.

—Antes de eso —dice Terra lanzándole una mirada de reproche a Kratos—, creo que hay cosas de las que tenemos que hablar.

Kratos abre la boca para responder pero antes de que lo haga, Aqua le corta.

—Los elegidos han dudado de nosotros y como respuesta les retiramos nuestro apoyo. Sin embargo, en consenso decidimos atender a sus peticiones. A cambio, ellos aceptaron confiar en nosotros con todas las consecuencias. ¿Es así? —No está muy claro si nos pregunta a nosotros o a sus hermanos.

—Así es —afirma Ahleinne.

—Así es —corrobora Cronos.

Parece que ambos se han dado ambos por aludidos. Lo cierto es que intimida un poco una sala llena de dragones.

—¿Hay algo que queráis añadir?

—Puesto que parece que lo obviáis a propósito —mi voz se proyecta por toda la sala y doy gracias a mi padre por haberme enseñado a declamar porque sueno mucho más firme de lo que me siento—, me gustaría recordaros que hubo una condición.

—“Basta ya de mentiras. Basta de engaños. Basta de ocultar información” —recita Cronos y no sé si hay un tono de burla en sus palabras o me lo he imaginado.

—Sí, sí. ¿No queréis secretos? Pues soportad las consecuencias. Ya no podemos seguir el plan —dice Kratos zanjando la cuestión—, puesto que Rahjmar decidió revelároslo a todos.

—¿Qué plan? —pregunta Ishtar.

—Al igual que la última vez, yo debía absorber el aliento de Alamuerte para daros la oportunidad de derrotarlo. Sin embargo, se ha votado y ha quedado vetado.

—¿Cómo que vetado? ¿Qué otra opción tenemos? —pregunta Rahjmar sorprendido.

—Que no despierte —ríe amargamente Kratos—. Yo era la única alternativa que teníais de no morir en el caso de que despertara. Ahora si lo hace, que lo hará, estaremos perdidos.

—Eso está fuera de toda discusión, Kratos —dice Ventus enfadado—. Pretendías hacerlo a nuestras espaldas, así que lo discutimos y votamos. No es algo que te afecte solo a ti.

—Un momento —interviene Brigitte—. No hemos votado todos.

Ventus la mira sorprendido, es casi cómico ver tal expresión de sorpresa en la cara de un dragón, y Kratos oculta una leve sonrisa de triunfo que deja un instante al descubierto sus dientes.

—La votación ya se hizo…

—No —replica la humana—. Tú lo has dicho. Es algo que nos afecta a todos. Si vamos a jugarnos la vida en el campo de batalla, tenemos derecho a decidir.

Ventus abre y cierra las fauces un par de veces como si fuera a decir algo, pero finalmente se calla. Demonios, sí que tiene arrestos. Ha callado a un dragón y ni le ha temblado el pulso. Kratos suelta una risita y Terra y Aqua intercambian una mirada divertida. Me gustaría saber qué les parece tan divertido cuando estamos discutiendo algo vital que puede suponer la diferencia entre nuestra vida y nuestra muerte, pero bueno, supongo que como no es su pellejo el que está en juego, pueden permitirse bromear.

—Está bien —dice finalmente Ventus—. Votemos. ¿Quién está en contra de que Kratos se suicide?

Kratos lo mira enarcando una ceja y Ventus alza los ojos al cielo resoplando.

—¿Quién está en contra de que Kratos se sacrifique heroicamente absorbiendo el aliento mortífero de Alamuerte? —lo dice como si recitara una letanía, con un tono de fastidio palpable.

Su propia pata se alza, junto con la de Ishtar —no puedo decir que me sorprenda—, Aeris, Terra y Ahleinne. Son cinco.

—¿Quién está a favor?

Kratos es el primero en alzar la pata casi al mismo tiempo que Rahjmar y Ligthnigth. Brigitte, Kotaka, Rauros y yo también la levantamos. Tiene derecho a decidir por sí mismo qué es lo que quiere hacer. Si él está dispuesto a sacrificarse, sería egoísta por nuestra parte impedírselo. Somos siete.

Cronos y Aqua no se pronuncian ni parece que tengan intención de hacerlo, solo nos observan. Eso nos deja con un cinco a siete.

—Sea —dice Ventus tras el recuento—. Si es tu deseo, Kratos, este consejo está de acuerdo con que realices el sacrificio para darle a los elegidos tiempo si llega el caso de que Alamuerte despierte. Pero esta vez lo harás solo.

Ventus no parece muy contento con el resultado.

—Puesto que estáis dispuestos a involucraros en todas las decisiones —continúa y no hay regocijo en sus palabras, solo amargura—, hay algo más que se debe zanjar. Algunos de nosotros consideran que Jaraxux debe morir. Otros que puede salvarse y por consiguiente, que hay que atraparlo con vida. Sin embargo, nuestro juicio se ve nublado porque se trata del hijo de Kratos. Por tanto, la decisión está en vuestras manos. ¿Debe Jaraxux morir o por el contrario es posible su redención y por tanto tiene derecho a otra oportunidad?

Para mi sorpresa, Rahjmar se posiciona a favor de salvarlo. ¿Tanto le ha afectado que sea su hermano? O medio hermano al menos. Ishtar y Ahleinne también quieren salvarlo. Todos los demás decidimos a favor de su muerte. Jaraxux es un monstruo que ha masacrado Voldor para lograr sus planes. No tiene perdón de dios alguno. No merece compasión.

—En ese caso, Jaraxux debe morir. —La voz de Ventus es un susurro quedo.

Imagino que esperaba poder salvarlo y siento lástima por él. Ser el guardián de la vida no debe de ser fácil y menos en mitad de una guerra. Me pregunto qué tal se llevaría con Alamuerte. Saber que por bello que sea lo que creas y cuidas, él terminará destruyéndolo debe desgastar. ¿Y si Ventus hubiera encerrado a su hermano en el plano elemental no porque se hubiera descarriado sino porque no lo soportaba más? Mierda. Eso lo he pensado. ¿Me habrán oído? Miro alrededor y veo a Terra juzgándome con los ojos entrecerrados. Perdónperdónperdón. Solo era un pensamiento aleatorio. Desvío la vista disimuladamente.

Kratos ha salido de la sala. Ahleinne parece haber intentado decirle algo porque está parada a unos metros de la puerta con los hombros caídos. Me gustaría acercarme a reconfortarla pero el dolor de las pezuñas me recuerda otra vez la ira y el dolor. No se puede contentar a todo el mundo, Ahleinne, ni pretender que todos sean felices. Ni en una guerra ni en la paz. Los seres inteligentes somos conflictivos, egoístas y altruistas a un tiempo. Cuanto antes lo aprenda, menos sufrirá.

—Dicho esto —dice Ventus—, marchad. Los ejércitos os están esperando en tierra. Jax los comanda y os guiará hasta las montañas.

Llegamos a los alrededores del volcán dormido cuando el sol alcanza su cénit. Nos sobrevuela un pequeño ejército de dragones jóvenes que inspecciona el terreno desde las alturas. Detrás de nosotros los generales marchan a la cabeza de sus ejércitos. No sé qué diablos hacen aquí cuando los dragones están convencidos de que Jaraxux no tiene ejército. Supongo que serán el Plan B por si nos morimos o algo.

A la sima se accede por un estrecho cañón. Es un sitio perfecto para que nos tiendan una emboscada, pero los dragones que van a en cabeza nos avisan de que está todo despejado. No sé, espero que sepan lo que hacen o será la batalla más corta de la historia. Según su información, Jaraxux y los suyos aguardan de pie al borde de un río de lava.

Cuando llegamos me recorre un escalofrío porque es prácticamente igual que la visión de Zen. Casi puedo ver a Jaraxux y a Kalambur luchando unos metros más allá de donde espera Lila con su pantera, que por algún motivo ahora es un tigre de fuego gigante. A su izquierda el hombre de hielo permanece inmóvil con el gato que siempre le acompaña lamiéndose distraídamente una pata. En el centro, empuñando su espada de fuego, está Jaraxux cubierto de la cabeza a los pies con una imponente armadura negra. Al otro lado, Zaret reposa en la posición del loto con los ojos cerrados. Hay una quinta figura en el extremo derecho que viste una armadura blanca desde el yelmo a las grebas con adornos de tela roja. Dos delgadas espadas cuelgan de su cintura. Debería ser el hombre de viento, pero no lo reconozco.

Sin mediar palabra Brigitte alza el arco y dispara directamente al corazón de Jaraxux, pero la flecha se detiene en el aire a unos pocos metros de ellos. Un muro seminvisible los protege. Otra barrera mágica. ¿He maldecido hoy a la magia? Maldita sea una tonelada de veces.

—Qué previsibles sois.

Jaraxux lanza una carcajada, se lleva una mano a la celada de su yelmo y se lo quita. Es Ivor quien se esconde tras la armadura negra. El gobernador de Quelizantor, maestro de Jax y general del campamento a quien yo tachaba de insensato por haber provocado la muerte de cientos de reclutas. Una voz a nuestra derecha nos reclama desde lo alto de una roca.

—Bienvenidos —Cael nos observa con los ojos muy abiertos y una risa maníaca. El mismo instructor que perdió el control de su magia y arrasó el campamento alza de nuevo las manos hacia el cielo— al caos.

Una lluvia de meteoritos se cierne sobre nosotros.

Fin del capítulo 33

Cada vez que una de las rocas en llamas impacta contra el suelo, deja un cráter del que surgen seres hechos de magma que se agrupan en hordas comandadas por extraños demonios en llamas…