El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Cada vez que una de las rocas en llamas impacta contra el suelo, deja un cráter del que surgen seres hechos de magma que se agrupan en hordas comandadas por extraños demonios en llamas…

Capítulo 35

Isthar arranca el puñal del cuerpo de su hermano con rabia. No era Zaret, nunca fue Zaret y sin embargo, siempre tuvo la esperanza de que siguiera allí, en alguna parte. Pero ahora su cuerpo yace sin vida a sus pies, con los ojos vueltos hacia el cielo y la toga encharcada de sangre.

—Lo siento, pero salir del mundo de las sombras es difícil. He venido a recuperar mi identidad —dice una voz a su izquierda—. Soy Jaraxux.

Cuando levanta la vista, ve a un hombre encapuchado saltar al otro lado del río da lava y sujetar a Ivor por el cuello sobre el abismo ardiente..

—¿Y bien? —pregunta Jaraxux—. ¿Quién se va a sacrificar?

Ahleinne echa a correr hacia el precipicio. Ha recuperado su forma humana pero está malherida. Isthar invoca a la poca vegetación que crece en aquel yermo y pequeños brotes crecen y se enredan entre los pies de la semielfa hasta hacerla caer. No está dispuesta a perder a nadie más hoy.

—¡No! —solloza Ahleinne en el suelo, a escasos centímetros del borde— ¡Déjame! ¡Alguien debe hacerlo!

“Sí, alguien debe hacerlo”, piensa Ishtar para sí, pero antes de poder dar un paso, una sombra a la izquierda de todos se precipita al vacío y Jaraxux deja caer a Ivor. Ishtar tarda un instante en darse cuenta de que ha sido Sáhara.

El gesto sorprendido de Rauros está iluminado por el resplandor de la lava cuando se acerca al borde a mirar, pero de pronto cambia bruscamente al terror más absoluto. El saurio retrocede dando traspiés hasta caer sentado al suelo y de las entrañas del volcán surge una enorme cabeza negra con las fauces abiertas, respirando un humo negro como la noche. El miedo paraliza a Ishtar en el sitio cuando el dragón negro echa la cabeza hacia atrás y exhala su poderoso aliento.

Un destello rojo se materializa frente a Alamuerte. Kratos se interpone entre el mundo y el soplo de destrucción de Alamuerte recibiendo todo el impacto de su poder. Rahjmar cae al suelo de rodillas junto a Rauros. La piel se le pone al rojo vivo como si fuera a estallar y  deja escapar un aullido de dolor que hace estremecer a Ishtar.

Kratos retrocede poco a poco por la violencia del aliento de Alamuerte, pero Ventus y Terra aparecen de la nada junto a él para sostenerlo. Entre los tres consiguen plantar las garras en el suelo y aguantar, pero en el momento en que lo hacen, un relámpago de dolor estalla dentro de Ishtar, haciéndola caer también al suelo.

Cuando el último soplo de destrucción desaparece, Kratos, Ventus y Terra se desploman. Rauros sacude a Rahjmar tratando de que despierte y Brigitte corre a socorrer a Ishtar, que está inmóvil en el suelo.

Alamuerte se encarama clavando sus garras en el borde del acantilado para salir de la sima. Una cúpula de tierra aparece en el último segundo para evitar que una de las garras aplaste a Ishtar y a Brigitte.

Alamuerte observa a los elegidos que quedan. Nada se interpone entre ellos y el enorme dragón de la destrucción.

 

Después del resplandor de la lava, me da la impresión de que está todo demasiado oscuro, pero pasado un rato empiezo a percibir matices. El suelo, el cielo y todo a mi alrededor es azul marino, muy oscuro, casi negro, salpicado de puntitos brillantes como si fueran estrellas, pero no se parecen en nada a las estrellas que conozco.

Me pregunto si esto será la muerte. Me siento bastante viva, la verdad, y no logro quitarme de la cabeza la sonrisa de Jaraxux. Hay algo que se me escapa pero no sé qué es. Doy una vuelta sobre mí misma pero no hay absolutamente nada. Estoy sola en un vacío infinito de estrellas. Si esto es la muerte, resulta de lo más aburrida.

Al volver al punto de partida me encuentro cara a cara —o así sería si la tuviera— con un ser de luz azul que flota frente a mí. Doy un paso atrás, deslumbrada, y me doy cuenta de que el ser incandescente no está solo. Hay otros tres más, uno blanco, otro rojo y otro verde que se colocan a mi alrededor formando un semicírculo.

—Así que estás dispuesta a entregar tu vida para destruir a Alamuerte —dice una voz reverberante que parece salir de la luz azul.

—Sí —acierto a decir. La verdad es que estoy completamente desconcertada. No tengo ni idea de qué está pasando. ¿No se suponía que debía morir para mantener a Alamuerte en su encierro? ¿Será esta otra de las pruebas? Espero que no, porque si lo es, en cuanto salga de aquí me haré una capa de piel de dragón y unas buenas botas.

—En ese caso aún hay algo que debes hacer.

—¿Cómo? —Esto huele cada vez más a prueba.

—Alamuerte ha escapado de su encierro y hay que detenerla.

—No se suponía que… —no termino de formular la frase. Está claro que nada está yendo como debía. Me lo pienso mejor y rectifico—: ¿Estoy muerta?

—Aún no. Debes cumplir una última misión. Deberás convertirte en la heroína elemental para poder destruir a Alamuerte.

Espera entonces… ¿no estoy muerta? ¿Cómo es posible que no esté muerta si me tiré a un río de lava ardiendo?

—Sin embargo, cuando Alamuerte muera, tú morirás con ella. ¿Estás dispuesta a pagar el precio?

Lo medito durante un instante. Por mi mente pasa fugazmente la idea de que había dado por sentado que Alamuerte era un hombre, pero parece que me equivocaba. Aparto ese pensamiento repentino y me centro. Estaba dispuesta a morir si con ello salvaba Voldor de la destrucción, así que no veo por qué habría de importarme pagar el precio de morir, si en teoría ya estoy muerta. Supongo que no está mal que me concedan una prórroga. Así al menos podré poner mis asuntos en orden.

—Estaba dispuesta a morir por salvarlos a todos, así que sí, pagaré el precio.

La luz que emiten estos seres a mi alrededor aumenta de intensidad hasta que me resulta insoportable mantener los ojos abiertos. Un estallido de energía me recorre todo el cuerpo, desde la punta de los dedos de los pies hasta el último extremo de las orejas. Incluso a través de los párpados cerrados, la luz es tan brillante que duele y noto chisporrotear la energía en mi interior.

Un resplandor surge tras Alamuerte y Sáhara se alza volando por los aires. A su alrededor orbitan haces de luz blancos, azules, verdes y rojos. Sus extremidades brillan cada una de un color y los ojos, en lugar de su habitual iris ambarino, son opacos y están divididos en cuatro secciones, cada una de un color.

Abro los ojos. Estoy flotando sobre el campo de batalla. Ventus, Kratos y Terra yacen desplomados en el suelo, no sé si siguen vivos. Alamuerte —imagino que es Alamuerte porque no conozco muchas más dragonas negras gigantes que surjan de la lava— permanece expectante mirando a Ishtar, Brigitte y los demás, que también están tirados por el suelo.

Noto cómo los elementos fluyen del mundo hacia mí. Percibo a cada uno de los elegidos y a los dragones también, pero no solo ellos. Siento cada una de las criaturas vivas de este mundo y todas las sustancias inertes también. Una gran sonrisa se expande por mi cara. No es alegre ni feliz, es más bien macabra.

—Ahora me toca a mí.

Fin del capítulo 35

Noto cómo el poder fluye por cada fibra de mi cuerpo, chisporroteando hasta la punta de los pelos. Pero no soy solo yo. Cada paso que dan, cada respiración, siento cada movimiento de todos los seres a mi alrededor…