El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Isthar arranca el puñal del cuerpo de su hermano con rabia. No era Zaret, nunca fue Zaret y sin embargo, siempre tuvo la esperanza de que siguiera allí, en alguna parte. Pero ahora su cuerpo yace sin vida a sus pies…

Capítulo 36

Noto cómo el poder fluye por cada fibra de mi cuerpo, chisporroteando hasta la punta de los pelos. Pero no soy solo yo. Cada paso que dan, cada respiración, siento cada movimiento de todos los seres a mi alrededor. Los dragones jóvenes sobrevolándonos en círculos sostenidos por cambiantes corrientes de aire; Terra, Ventus y Kratos luchando por seguir en pie para vencer esta batalla; las lágrimas de Ahleinne rodándole por las mejillas de su rostro marcado por la sorpresa. Todos me miran con extrañeza, debo de estar impresionante saliendo de la lava envuelta en una miríada de colores y flotando en el aire, pero no sé qué hacer con todo este poder. Los elementos dijeron que podría vencer a Alamuerte pero, ¿cómo lo uso? ¿Deseo que se desvanezca y ya está? ¿Arrojo haces de luz? ¿Hacen daño las luces? Es como volver experimentar con los poderes del agua pero peor, porque si me equivoco podría hacer daño a alguien.

Ante mí la batalla sigue su curso. Repuesta de la sorpresa, Ahleinne conjura un portal que se abre sobre la espalada de Alamuerte. De dos zancadas enormes Ishtar salta y se sube al lomo de la dragona.

No sé qué pretenden. Se van a matar. Tengo que hacer algo y ya. Lanzar rayos no es una opción, podría herirlos. ¿Y si concentro todo y le doy forma de arma? Podría ser más fácil de controlar, algo que me resulta conocido. Me miro la mano derecha abierta y cuatro luces centelleantes empiezan a girar en ella dándole forma a un pomo robusto que brilla. De él sale una hoja de aspecto temible en la que las cuatro luces se entrelazan en espiral. Echo a correr hacia Ishtar y salto tratando de que el viento me impulse como hace Kotaka, pero algo va mal. ¡Estoy atrapada entre corrientes de aire! El viento me arroja de un lado a otro del cráter del volcán sin tregua. Trato de acercarme a las paredes para salir del torbellino pero no puedo. Intento imitar a los dragones que nos sobrevuelan, seguir sus patrones pero es inútil. No tengo cuerpo que el aire sostenga. Me he fusionado por completo con él y he perdido mi sustancia. Me concentro con fuerza tratando de que el caótico viento me obedezca y me lleve junto a Ishtar pero es más difícil de lo que pensaba. No sé qué está pasando allá abajo. Todo excepto la dragona se ve diminuto.

Brigitte alza su arco y dispara al cuello de Alamuerte. La flecha rebota en la dura piel del hombro de la dragona, pero Ishtar se percata de que ha hecho saltar algunas escamas y hay una pequeña grieta que deja al descubierto la carne desprotegida.

—¡Hay una grieta! —exclama Ishtar en la mente de los demás.

Rahjmar invoca al poder del fuego para transformarse en un enorme titán pero la furia que bullía en su interior aprovecha su nueva fuerza para inundarlo por completo. Solo tiene una misión: acabar con ese dragón que tanto daño les ha hecho a él y a Kratos. Todo lo demás le da igual. Enarbola su hacha y la arroja con furia contra la dragona aunque Ishtar sigue sobre ella. La felínida lo mira con cara de horror cuando ve cómo la hoja del arma se dirige directamente donde está ella.

Estoy empezando a marearme con tanto vaivén cuando por fin consigo recuperar mi forma sobre el lomo de Alamuerte en el perciso instante en el que un hacha en llamas gigante se precipita sobre nosotras. La hoja se clava en el hombro de la dragona que se yergue furiosa en toda su altura, pero Ishtar ha saltado al suelo a tiempo con una elegante voltereta y yo me he quedado flotando en el aire aunque no tengo ni idea de cómo lo he hecho. Con sus garras delanteras Alamuerte barre a todos los que están ante ella, arrojándolos contra la pared del cráter. Kotaka y Brigitte se llevan la peor parte, pero ambas se vuelven a poner en pie, magulladas y tambaleantes.

—Tienes que sustituir a Kratos en la creación de un portal —escucho la voz de Terra en mi cabeza—. Hay que devolver a Alamuerte al plano elemental antes de que se recupere. Si vuelve a lanzar su aliento, no habrá manera de pararlo

¿Devolverla al Plano Elemental? Eso no es lo que los elementos dijeron. Tengo que acabar con ella.

—¿Confiáis en mí? —pregunto.

—Sí —responden las voces de los dragones en mi cabeza.

—Puedo derrotarla.

Mi misión aquí es poner fin a la amenaza de Alamuerte de una vez y para siempre, aunque según lo pienso, algo chirría en mi cerebro. Si se supone que los dragones mantenían el ciclo de la vida, ¿no se desequilibraría todo si la muerte desaparece?

—Pero no aquí, renacerá. Hay que acabar con Alamuerte en el Plano Elemental.

No me queda más remedio. Sé que puedo vencerla pero no controlo mis poderes y los dragones parecen saber más que yo, como siempre.

—Sea.

Alamuerte avanza hacia nosotros, dispuesta a destruirnos. Ya no tengo mi espada así que desde las alturas conjuro un haz de poder elemental y lo arrojo contra ella. Kotaka invoca un vendaval que entorpece su avance. Rahjmar carga contra ella y la sujeta con sus poderosas manos de titán. Ishtar llama a una maraña de ramas que se enredan entre sus patas traseras.

Brigitte se queda mirando a los demás sin saber qué hacer. No encuentra nada en su poder que pueda servir…

—Recuerda, tonta —la reprende cariñosamente Ligthnigth en su mente—, que en el otro mundo todo es mucho más ligero.

Brigitte se transforma en dragón con un rugido de triunfo, salta al mundo de las sombras y sujeta a Alamuerte con todas sus fuerzas.

Ahleinne abre un portal. Enfoco mi energía hacia él y noto cómo la de los dragones también fluye. Los bordes del portal que antes eran dorados parecen borbotear ahora con un brillo irisado.

—¡Ahora! —grita Ahleinne—¡Empujad!

Concentro cada gota del poder que siento en mantener abierto el portal a pesar de que se empeña en cerrarse. Noto cómo los bordes presionan hacia dentro tratando de juntarse, de cerrar esa brecha abierta entre los dos mundos. La tensión se me acumula en el cuello y me empiezan a doler los brazos de mantenerlos firmes. Echo un rápido vistazo y los demás están igual, pero poco a poco Alamuerte cede. Rahjmar planta los pies en el suelo haciendo dos granes surcos ardientes en la roca y con un empujón final, arroja a la dragona al portal.

El aire se ondula un instante cuando el portal se cierra y desaparece. Si no fuera por nuestro lamentable aspecto y los cadáveres de los caídos, nadie diría que aquí había un dragón dispuesto a destruir el mundo. Sin embargo, nada de esto ha terminado. Los elementos dijeron que podría destruirla pero no fui capaz…

—No era el momento —escucho en alguna parte la vocecilla de Jax. Me había olvidado de que estaba con nosotros.

Miro a mi alrededor, buscándolo pero la visión se me nubla, estoy agotada. Creo que me he pasado de la raya. Veo a los dragones desplomarse y a Rahjmar recuperar su tamaño normal antes de que todo se vuelva negro. Unas imágenes aparecen en mi cabeza como si se tratara de un sueño, pero es otra cosa.

En la oscuridad estrellada del Plano Elemental Alamuerte, herida y enfadada, ruge de frustración. Junto a ella, una figura sombría le pone la mano en el costado.

—Todo ha sucedido como esperábamos. Por fin ha nacido el héroe elemental y han abierto un portal. El mundo se olvidó de mí… —Con una sola mano abre un portal como el que casi nos matamos para cerrar.— Ahora lo van a pagar. Impidieron que me hiciera con el poder pero no que acabara contigo aquí en el Plano Elemental. Ahora me perteneces y yo tengo el dominio de la destrucción.

Kalambur alza su espada y arrasa con todo lo que hay a su alrededor.

Abro los ojos asustada. ¿Qué demonios acabo de ver? Miro a mi alrededor y respiro aliviada. Ni estamos en el cráter ni hay rastro alguno de Alamuerte o Kalambur, sino que estamos en la plaza de la Ciudad del Viento, todos desplomados en el suelo. Me pesa la cabeza y se me cierran los ojos. No quiero dormir… Quiero saber qué… qué está pasando… Qué ha sido todo eso… Pero no me puedo mantener despierta y la oscuridad me atrapa de nuevo.

Fin del capítulo 36

Despierto en un barracón. Sobre mí veo la parte de abajo de una litera de madera estropeada por el uso. Alguien ha grabado unas letras en ella pero no entiendo el idioma…