El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Noto cómo el poder fluye por cada fibra de mi cuerpo, chisporroteando hasta la punta de los pelos. Pero no soy solo yo. Cada paso que dan, cada respiración, siento cada movimiento de todos los seres a mi alrededor…

Capítulo 37

Despierto en un barracón. Sobre mí veo la parte de abajo de una litera de madera estropeada por el uso. Alguien ha grabado unas letras en ella pero no entiendo el idioma. Por la forma parece algún tipo de declaración de amor. Qué tierno. Debe de ser muy pronto porque no se oye nada fuera.

—¿Estáis bien? —se escucha la voz de Ishtar.

¿Por qué no íbamos a estar bien? Oh, espera. Claro. Alamuerte. Kalambur. Todo. Pero, ¿no estábamos en la Ciudad del Viento? ¿Qué hacemos en el campamento? Brigitte se asoma a la ventana. En el centro de la plaza del campamento, en torno a la estatua de Kalambur están reunidos los dragones, Jax y Jaraxux.

—¡Ah! ¿Cómo estáis? —nos recibe Jax con su tono cantarín cuando nos acercamos.

—¿Qué hacemos aquí? —pregunta Brigitte.

—Gracias a este campamento descubrí los planes de Ivor, así que será nuestra base. La Ciudad del Viento era demasiado previsible para ser nuestro refugio y no queríamos poner a vuestras familias en peligro.

—Esto no es un sueño, ni una visión ni nada —pregunta Brigitte.

Kotaka le da un pellizco.

—¡Ah! —Brigitte mira indignada a la kitsune.

—¿Y ahora qué? —dice Ahleinne.

—¿Recordáis la batalla? —dice Jaraxux señalando el campamento en torno a él.

—¿La masacre? —apunta Kotaka.

—¿La primera, primera? —pregunta Brigitte.

—Esa misma, aquella en la que Ivor luchó contra Jaraxux —asiente Jax juntando las manos.

Una tenue luz empieza a formarse entre ellas hasta alcanzar la intensidad de un pequeño sol. Jax mira hacia la estatua de Kalambur y la arroja contra ella. El bronce estalla en mil pedazos con una sonora explosión y nos agachamos para evitar la metralla. Cuando alzamos las cabezas, en el interior hueco de la figura hay acurrucada una semielfa rubia dolorosamente familiar.

—¿Cómo es posible? —balbucea Ahleinne con cara de estupor y se acerca para ayudarla a salir de su encierro.

Es extraño verlas juntas. Son idénticas. Tal vez diría que la otra Ahleinne ha perdido un poco del brillo que la caracteriza, de ese magnetismo que la suele envolver. Se la ve cansada, como si le hubieran drenado las energías y hubiera envejecido mucho más de lo que le tocaba.

—Ivor la usó para crear un bucle —dice Jaraxux.

—Ahleinne rompió las reglas—comienza Cronos señalando con la pata a la semielfa de la estatua—. Os salvó. La primera vez que os enfrentasteis a Ivor haciéndose pasar por Jaraxux en la sima tardasteis demasiado en controlar vuestros poderes y para cuando intentasteis derrotarlo, se había hecho demasiado fuerte así que él venció y Ahleinne vio como todos y cada uno de vosotros moríais.

—Eso… —murmura nuestra Ahleinne—. Eso es lo que yo vi.

Cronos asiente.

—Para evitar el desastre que aquello suponía, Ahleinne utilizó su poder para regresar atrás cuando aún todos estabais vivos, pero semejante infracción le costó que los demonios temporales la atraparan.

Nuestra Ahleinne sostiene a la otra Ahleinne que apenas puede tenerse en pie.

—Yo la salvé de los demonios, cometiendo así otra infracción —continúa Cronos encogiéndose de hombros— pero no podía dejar que la castigaran por haber hecho lo correcto. Sin embargo, no sé cómo, Ivor se enteró de su existencia y consiguió encerrarla. Utilizando su poder creó un bucle temporal en el campamento atrapando a todos los que estaban aquí. Durante semanas se enfrentaron a los ejércitos de Jaraxux o de quien ellos creían que era Jaraxux muriendo una y otra vez.

Eso es horrible. Solo de imaginar ver cómo mueren una y otra vez todos tus compañeros y sentir tu muerte… Solo espero que no fueran conscientes de nada. Espera, un momento…

—Pero… —digo—, ¿por qué nosotros no nos quedamos atrapados con los demás?

—Sobre eso… —interviene Jaraxux— solo tengo una teoría.

Cronos asiente, como invitándolo a continuar. Jaraxux extiende su mano hacia las dos Ahleinnes.

—La presencia de la Ahleinne del pasado alteraba el bucle y puesto que ella estaba atrapada en primer lugar, la Ahleinne del presente se quedó fuera. Su relación con vosotros, tal vez los lazos entre vuestros poderes… No puedo deciros la razón exacta, pero fue su presencia la que os mantuvo todo el tiempo fuera del bucle.

—¿Y cómo lo descubristeis? —pregunta Ishtar.

—Estudiando —responde Jax como si fuera lo más obvio del mundo.

De verdad que a veces le daría un puñetazo en esa cara tan adorable que tiene.

—Ivor —continúa Cronos— se aprovechó del poder de Ahleinne para viajar atrás en el tiempo y que pareciera que luchaba contra Jaraxux. Por suerte, rompimos el bucle y liberamos a todas las almas atrapadas.

Kotaka rompe la hoja en la que estaba escribiendo con cara de frustración. La Ahleinne de la estatua flaquea y nuestra Ahleinne trata de mantenerla en pie. Ella le coge de la mano y la mira a los ojos.

—No hagas lo que yo. Aprende a vivir, aprende a morir, pero sobre todo, aprende a ver morir.

Conforme habla, una luz dorada la va envolviendo y para cuando termina, ha desaparecido.

—Supongo que solo puede haber una en esta línea… —murmura Ahleinne que aún tiene los brazos en alto como si la estuviera sosteniendo.

Cronos acerca el morro y toca con él suavemente su frente.

—Entremos en el cuartel —dice.

Ahleinne le sonríe y nos mira. Entonces frunce el ceño.

—Oye, ¿y Kratos?

—Recuperándose —responde Ventus y detecto en su tono una nota de peligrosa preocupación—. Está herido… demasiado.

—¿Hay algo que podamos hacer? —pregunta Ishtar inquieta.

—Solo esperar.

Entramos al cuartel y me invade una sensación de déjà vu cuando los dragones se disponen en un semicírculo solo que esta vez Jaraxux está en el centro. Alza las manos hacia nosotros y dice:

—Preguntad.

—¿Quién demonios eres? —pregunto.

Fin del capítulo 37

Puede que el tono no haya sido el más adecuado pero estoy llegando a un punto en el que necesito respuestas y las necesito ya…