El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Despierto en un barracón. Sobre mí veo la parte de abajo de una litera de madera estropeada por el uso. Alguien ha grabado unas letras en ella pero no entiendo el idioma…

Capítulo 38

Puede que el tono no haya sido el más adecuado pero estoy llegando a un punto en el que necesito respuestas y las necesito ya.

—Mi nombre es Jaraxux, fue el que me dieron cuando nací. Me entrenaron durante toda mi vida para que, llegado el momento fuera capaz de derrotar a Alamuerte. Sin embargo, cuando el momento llegó, no pude derrotarla, así que la encerré para que no pudiera seguir haciendo daño. Me quedé allí atrapado con ella, me sometí durante siglos y entonces, nos despertaron los elegidos.

»Puse mis esperanzas en Kalambur y los suyos, que habían sido elegidos y dotados de los poderes de la naturaleza para terminar la misión que yo no había sido capaz de concluir. Pero me equivoqué. Kalambur solo tenía un propósito: el poder. No deseaba devolver el equilibrio al mundo, sino desequilibrarlo aún más. Hacerse con el poder de Alamuerte y conquistarlo todo. Así que cuando la puerta se abrió, luché contra él. Traté de matarlo pero fue más fuerte. El joven Zen me ayudó a un alto precio. Desequilibró al traidor de Kalambur dándome el tiempo justo para encerrarnos a los dos junto con Alamuerte en el plano elemental, pero en el último momento acabó conmigo.

Jaraxux toma aire y sonríe a Ligthnight.

—Por suerte,  aún quedaba alguien dispuesta a ayudarme. El Círculo de las
Sombras había caído y Ligthnight con él, pero al parecer llegué en el momento preciso para sacarla de allí. Así que, en agradecimiento, ella se ofreció a ayudarme.

»No podíamos destruir el Círculo de las Sombras, pero sí podíamos aprovecharnos de él. Logramos hacernos con un cuerpo, luchar y vencer, pero nos llevó mucho tiempo. Para cuando salí de allí, habían pasado varios milenios y las cosas eran completamente distintas. Tardé mucho tiempo en acostumbrarme a esta nueva vida, pero en cuanto vi las primeras señales de la aparición de un Jaraxux que obviamente no era yo, comencé a indagar. Eso me llevó a dar con Jax, aquí presente —el pequeño mago saltarín hace una reverencia grandilocuente y florida— y juntos conseguimos averiguar la verdadera identidad del falso Jaraxux y sus planes. Demasiado tarde, por desgracia.

Guau. O sea, guau. Vale. Demasiada información. ¿Ligthnight lo sabía todo este tiempo y no dijo nada? Joder con los secretitos familiares. Bueno, respira. Tranquila. Al menos está contestando, cosa que es una agradable novedad. Aprovéchalo.

—¿Y yo qué se supone que soy? —Al menos ya no brillo.

—La heroína elemental. Los elementos te escogieron para ser su paladina en la lucha por devolver el equilibrio a este mundo.

Eso ya lo sabía. Creo. Bueno, al menos está claro que no estaba alucinando. Aún noto chisporrotear toda esta energía debajo de mi piel como si me acabara de alcanzar un rayo.

—Bien —añade Jaraxux—, descansad esta noche. Os lo habéis ganado.

—No, no, no, no. Ni te muevas. —Lo que me faltaba, que se fuera ahora. De aquí no se va nadie hasta que responda a todas y cada una de las preguntas que me burbujean en la cabeza.— ¿Cómo funciona el cambio de cuerpo?

—Bueno,  el Círculo de las Sombras es un coliseo en el que las almas de los muertos tienen una segunda oportunidad si prueban su valía. Cualquiera que consiga el cuerpo de un difunto puede reclamarlo para sí y defenderlo en la arena contra el actual campeón. Si vence, obtiene el derecho a ocupar ese cuerpo y salir del mundo de las sombras.

—Entiendo. —Esto parece tener sentido dentro del sinsentido de todo esto, pero apenas he terminado de escuchar la explicación mi cabeza ha saltado a otras ocho preguntas que quieren respuesta y la quieren ya. No sé si tendrá que ver con toda esta energía pero mi cerebro va más rápido que de costumbre. Se me va a fundir.— ¿Quién estaba en la lucha contra Kalambur?

—Kalambur acudió al portal junto con sus tres compañeros. —Espera, ¿qué? ¿Tres? ¿Qué tres?— Elrond no tardó en caer, Zen me ayudó a mí y Stella a Ventus para poder parar al traidor.

—¿Stella? —miro confundida a Terra—. ¿No se suponía que estaba en la ciudad del agua atrapada tras su muerte?

La cara de Terra muestra una total perplejidad.

—Allí estaba —contesta—. Ella no participó en la lucha.

—¿Y quién diablos era? —me giro hacia Jaraxux.

Este se lleva las manos a la cabeza y cierra los ojos en una mueca de dolor.

—Los… —dice pero ahoga el resto en un jadeo— Argh. Los recuerdos de este cuerpo se mezclan con los míos. No sé qué es real y qué no.

Perfecto. Simplemente perfecto. El único que nos da respuestas y probablemente sea todo mentira e inventado porque el cuerpo que robó a un muerto no está conforme con su nuevo huésped. ¿Qué pasa? ¿Que nos ha mirado un tuerto? ¡Dioses…!

—Entonces… Ivor ha muerto, ¿no? —interviene Ishtar.

—Así es —responde Jaraxux, que parece haber recuperado un poco la compostura.

—Calum es libre por fin.

—Sí. Me ayudó en el círculo de las sombras a conseguir este cuerpo para que pudiera salir de allí. Lo abrió el padre de Ligthnight para dar esperanza a los caídos.

—Pero aunque mi padre lo abrió, tenemos que cerrarlo —interviene ella.

Tiene razón. Eso no puede seguir abierto. Rompe el equilibrio natural. Está mal, está sencillamente mal.

—La muerte hay que aceptarla —afirmo.

—No es justo, para nadie —concluye Brigitte.

Jaraxux asiente y nos mira, expectante.

—¿Y ahora qué debo hacer? —pregunto mirándome las manos.

—Debes derrotar a Alamuerte, pero hay algo que debes saber.

No, no, no, no, no, no. Ni se te ocurra decirlo. Me llevo un dedo a los labios tratando de que no diga lo que va a decir. No necesitan saber que esta es mi segunda oportunidad. No necesitan saber que cuando todo esto acabe, también se terminó para mí. Pero no me hace caso.

—Si matas a Alamuerte, debes ocupar su lugar —dice Jaraxux mirándome fijamente.

Espera, ¿qué? ¿Cómo? Noto la rabia bullendo en mi interior otra vez. Otra mentira. Otro trato con condiciones ocultas. Una más.

—Ese no era el trato —digo con los dientes y los puños apretados conteniéndome para no explotar de ira allí mismo—. ¡No era el trato!

Intento salir volando como lo hace Kotaka pero no funciona. ¡Maldita sea la magia mil veces que no funciona cuando la necesito! Echo a correr para alejarme de allí lo más rápido posible. Mis pasos me sacan del campamento y antes de darme cuenta, me han llevado al bosque. Al mismo lugar donde Ahleinne y yo nos perdimos una tarde hace ya tanto tiempo. Allí, sola entre la vegetación, grito.

Cuando Sáhara furibunda pasa por su lado, Rahjmar empieza a brillar con un intenso color rojo, Brigitte se rodea de una oscuridad impenetrable y Kotaka se difumina como si estuviera hecha de viento; Ishtar se vuelve de un brillante esmeralda y las ramas comienzan a brotar a su alrededor, y Ahleinne queda envuelta en un resplandor del color del oro puro bajo los rayos del sol.

Todos notan un instante de poder. Las hierbas que hay alrededor de Rahjmar estallan en llamas, pero no son llamas al uso, sino que bailotean entre el negro y el rojo. Cuando las llamas se extinguen, no hay cenizas. No hay nada. Solo un círculo vacío en el suelo.

—¡Vamos! ¡Prueba otra vez! —le anima Brigitte.

Rahjmar se concentra y vuelve a hacer aparecer una fogata en llamas y sombras. Coge a Brigitte del brazo y juntos lanzan un rayo de fuego oscuro que desintegra y hace desaparecer un montoncito de hojas.

—¿Podemos hacer esto los tres? —pregunta Rahjmar.

—¿Hacer qué? — les mira Kotaka intrigada.

Sin mediar palabra, Brigitte y Rahjmar la agarran del brazo y conjuran un tornado que de prende en llamas rojas y negras. Todo lo que toca el tornado desaparece. Se desvanece como si nunca hubiera existido.

—Tú, tú, tú páralo —dice Brigitte. Tiene miedo.

Se sueltan de inmediato pero el tornado sigue girando y desintegrándolo todo.

—Kotaka, dispérsalo —dice Rahjmar.

Ella lo intenta, pero en lugar de eso, lo atrae hacia sí y su brazo desaparece. Brigitte salta instantáneamente al mundo de las sombras.

Fin del capítulo 38

—¿Qué diablos haces aquí? —le pregunta Jaraxux.
Un hacha se estrella a sus pies, la recoge y la vuelve a lanzar. Brigitte recoge el brazo de Kotaka de la arena y mira a su alrededor. Están en mitad del Círculo de las Sombras.