El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Malditas sean ella y su estirpe y maldita sea yo cien veces por albergar esperanzas. Cada vez que creo que podría ser posible, que quizá haya una esperanza, que tal vez…

Capítulo 42

Brigitte se acurruca en el suelo y se duerme sobre la tierra mojada. La ola les ha pasado por encima, así que no hay mucha diferencia entre lo empapada que está y la superficie sobre la que se desploma. A su lado, Rahjmar rescata con su enorme zarpa carmesí uno de los barriles que ha salido indemne de las llamas y se lo lleva a la boca, pero antes de que el líquido toque su lengua, se evapora. El dragón resopla de frustración. Kotaka da vueltas sobre sí misma, examinándose, como si fuera un cachorro persiguiéndose la cola ante la atenta mirada de Zippo.

—¿Cómo ha pasado? —pregunta en voz alta—. ¿Qué hemos hecho?

Rahjmar levanta la cabeza al tiempo que la ve regresar a su forma. Tras él, un ruido de arcadas le llama la atención. Tirada en el suelo, Brigitte se incorpora con dificultad y la cara pálida.

—¿Vas a potar? —pregunta el bárbaro.

—No — responde ella y se lleva una mano a la boca.

Ahleinne dragona se duerme en su almenara, observando los portales que se abren ante ella. Desde el suelo del patio, Sáhara le hace una peineta y se marcha negando con la cabeza.

A la mañana siguiente me despierto con un pensamiento dándome vueltas a la cabeza. ¿Por qué es peligroso manipular el tiempo? Entiendo que es algo delicado que se mantiene en equilibrio y que alterar el pasado puede provocar modificaciones inmensas en el presente, cambiaría la vida de todos los seres pero, cuando me detengo a pensar en lo poco que les importa en realidad la vida de los seres “inferiores” aunque insistan en lo contrario… ¿Por qué no cambian el flujo del tiempo y ya está? No debería resultar difícil a Cronos borrar a Kalambur de un plumazo, no sé, antes incluso de que nazca. Me pregunto cuál será la verdadera razón. Hablar con Cronos no es una opción, solo de pensar en ello me agota. Eso me deja con una sola posibilidad: Ahleinne.

Anoche cuando la vi estaba enroscada en lo alto de la almenara espiando por sus portales solo los dioses saben qué, así que voy para allá. Es extraño cómo busca cada instante que puede para ocupar su forma de dragón. Yo no puedo ni pensarlo sin que me den escalofríos de puro desagrado. Ojalá fuera capaz de aceptarlo con la facilidad con que ella abraza su naturaleza, pero no dejo de ver trampas, agujeros y secretos por todas partes. No sé si me estaba esperando o no, con ella nunca se sabe, pero está en el mismo sitio donde la vi.

—¿Por qué es peligroso manipular el tiempo? —suelto a bocajarro.

Me mira sorprendida, pero se recompone.

—Los demonios del tiempo castigan a quienes lo alteran demasiado. Es lo que le sucedió a la Ahleinne del pasado, a la primera.

Me viene a la mente la pobre Ahleinne atrapada en la estatua, siendo utilizada por Jaraxux, perdón, por Ivor, para atrapar a todas aquellas almas en el campamento. Dioses.

—¿Qué hizo?

Ahleinne sonríe con tristeza y se le marcan unas arruguitas en la comisura de los labios. No me había fijado en lo cansada que parece. No soy la única a la que todo esto le está pasando factura. Me pregunto quién será el primero en quebrarse.

—Salvar a Calum —contesta.

Esa no me la esperaba.

—Y a pesar de todo —añade—, a pesar de que lo teníamos de nuestra parte, tampoco eso sirvió de nada.

Me mira con intensidad y en sus ojos distingo un brillo dorado. Me tienta perderme en ellos otra vez porque es a lo que me invitan, a sumergirme en su tranquilidad, dejarme llevar y acurrucarme en sus brazos creyendo que todo irá bien.

—¿Lo entiendes ahora, Sáhara? No importábamos nosotras. Ni tú, ni yo. —Sabe que sus palabras me han herido, pero a pesar de todo lo entiendo.— Tampoco Calum. Nuestras vidas o muertes no eran lo que contaba. El flujo del tiempo estaba alterado y teníamos que reconducirlo para recuperar el equilibrio.

Noto como si un nudo dentro de mí se hubiera soltado. Ya no siento el rencor que sentía hacia ella, ahora es algo… cálido, conocido. Entiendo por qué lo hizo. Entiendo la pequeña mentira que hay en todo lo que ha dicho. Sí que importábamos nosotras. Lo hizo para salvarnos. No sé cuánto de deber ni cuánto de egoísmo hubo en su decisión ni si es consciente de ello, pero hace que la quiera un poquito más.

Antes de empezar a sonreír como una boba, le hago un gesto con la cabeza, me doy media vuelta y echo a andar camino del campo de entrenamiento. Me cruzo con algunos de los que están en el campamento. Me pregunto qué hacen aquí, si saben de qué va todo esto, o si piensan que simplemente estamos reconstruyéndolo todo. Me doy cuenta de que no quiero empezar a pensar como los dragones. Cada una de las vidas cuenta. No son recursos que utilizar en una batalla a largo plazo. No vale sacrificar a diez para salvar a cientos. ¿Y esos diez? ¿Acaso no merecían vivir? ¿Qué habían hecho para ser los escogidos? Nadie debería jugar así con la vida. Nadie debería tener ese poder. Uno solo debería apostar con su propia vida.

Fin del capítulo 42

Jaraxux pelea con Calum en el centro del coliseo mientras Ligthnight y Ventus observan…