El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Brigitte se acurruca en el suelo y se duerme sobre la tierra mojada. La ola les ha pasado por encima, así que no hay mucha diferencia entre lo empapada que está y la superficie sobre la que se desploma…

Capítulo 43

Jaraxux pelea con Calum en el centro del coliseo mientras Ligthnight y Ventus observan. 

Por fin habéis llegado dice Jaraxux cuando nos ve y dirigiéndose a Rahjmar, Brigitte y Kotaka añadeHabéis hecho progresos.  

Podemos repetirlo responde Rajhmar. 

Déjalo le dice y en su rostro se dibuja una mueca de disgusto. Casi perdemos por vuestra culpa. Empieza el entrenamiento. 

Ligthnight conjura un coloso de sombras al que Jaraxux prende fuego. Ventus se acerca y exhala sobre él un aliento verde y chisporroteante que lo dota de vida. No podemos vencerlo. Durante una eternidad tratamos de contrarrestarlo, atacarlo, golpearlo o simplemente derribarlo, pero nada de lo que hacemos parece funcionar. Esto era un entrenamiento. Se suponía que tenían que enseñarnos, no machacarnos. Kotaka está en el suelo malherida, Rahjmar está atrapado por un vergel de ramas que no podemos deshacer. Isthar, desesperada conjura un elemental arbóreo pero se le descontrola. Sus ojos se vuelven de un intenso verde brillante y no parece que se dé cuenta de lo que hace. Perfecto. Ya no es un solo monstruo. Ahora son dos que avanzan implacables hacia nosotros. Ahleinne intenta parar a Isthar para que vuelva en sí pero un muro impenetrable de ramas se alza arrojándola lejos de la felínida. Trato de canalizar los poderes para que los demás puedan usarlos, ayudar a Rahjmar a saber dónde quemar, intentar que Isthar vuelva en sí, pero nada funciona. No puedo más. Una sombra me cubre. No puedo apartarme. Supongo que se acabó. Cuando el monstruo nos aplasta, escuchamos la voz de Jaraxux:  

Estáis muertos dice.  

El monstruo ha desaparecido. Los cuatro se dan media vuelta y se alejan de la arena. No puedo evitarlo. Aplaudo sarcásticamente. Plas, plas, plas. Cada una de las palmadas resuena en el silencio de la arena y detienen su marcha. 

Sois los mejores profesores noto cómo la bilis me sube por la garganta de pura rabia. Quiero que se dé la vuelta. Quiero golpearlo hasta dejar de sentir los puños. ¿Quién se ha creído que es para tratarnos así? 

Queríamos poner a prueba vuestra capacidad para combinar vuestros poderes responde sin darse la vuelta.  

Hasta ayer no sabíamos ni que era posible hacerlo dice Brigitte y reconozco la misma rabia en sus palabras que me recorre. 

No puedo enseñaros cómo hacerlo. Cada uno canaliza su poder de una manera y tenéis que descubrir cómo. Jaraxux se da la vuelta y nos mira serio. 

Ah, claro. Y lo mejor que se te ocurrió fue darnos una paliza con un elemental gigantesco, ¿no? ¿Para qué empezar por algo sencillo? No, mucho mejor aprender a hacer algo bajo presión de muerte. Claro que sí. No si es verdad, eres un profesor estupendo. 

Jaraxux entorna los ojos, puede que me haya pasado, pero estoy tan enfadada que me da igual.  

¿Qué crees me dice calmado que Kalambur va a esperar a que os salga bien? ¿Qué os va a dejar intentarlo? Un fallo como este en una batalla os supondría la muerte. 

¡Pero tú no eres Kalambur! ¡Esto no es una condenada batalla! ¡Por el amor de los dioses! noto cómo algo me oprime el pecho y no me deja respirarYa he tenido suficiente. No puedo… no puedo más. Debería estar muerta y no lo estoy. Estoy aquí con toda esta energía, todo este poder que no sé usar, que tengo que usar para matar a Alamuerte pero aparentemente no servimos para nada. ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Eh? ¡Dime! ¡Vamos! Dime qué maldito sentido tiene toda esta basura de existencia. No puedo más. No… puedo… 

Me fallan las piernas y pierdo el equilibrio. Caigo al suelo de rodillas y el golpe me hace retumbar todo el cuerpo. A mi lado veo a Brigitte borrosa increpar a Jaraxux pero tengo los oídos taponados. La cabeza me da vueltas. Escucho su voz amortiguada. No entiendo lo que dice pero está muy enfadada.  

Algo grande, liso y verde me cubre por completo. ¿Unas alas? Me invade una sensación de calma y paz y la cabeza deja de darme vueltas. Los gritos han parado. ¿Por qué gritábamos? Aquí se está muy bien. Disfruto de la sensación de tranquilidad. Se está tan bien aquí… ¡Eh! ¡Espera! ¡No te vayas! 

Ishtar retira sus alas y todas las emociones regresan. La ansiedad me golpea el pecho y me deja sin respiración.  

Me largo dice Brigitte. 

No responde tajante Jaraxux. 

Sí lo desafía Brigitte con cara de detenme si tienes valor, desgraciado. 

No Jaraxux alza su espada y la coloca en el pecho de la guerrera. 

Brigitte conjura una armadura de sombras al instante para protegerse. Me levanto del suelo y me pongo en medio, pero Jaraxux no hace amago de golpear. 

Cúbrelo con agua me ordena Jaraxux y añade dirigiéndose a los demás: Imitadla. 

Algo perplejos, imbuyen la armadura con su poder. Cada vez la armadura se ilumina un instante con colores brillantes, azul océano, rojo fuego, verde hierba; y regresa a su negrura original.  

Para el tiempo dice entonces Jaraxux a Ahleinne en el momento preciso. 

Ahleinne frunce el ceño confusa pero Jaraxux alza la espada y la arroja contra una Brigitte desprevenida. Ahleinne alza las manos en su dirección no sé si instintivamente y la coraza brilla dorada una fracción de segundo antes de que la espada impacte. El acero rebota con un clonc sordo y cae al suelo.  

Así se hace una coraza perfecta dice Jaraxux, se da media vuelta y se va. 

No tengo fuerzas ni para retenerlo. ¿No podía haber empezado por aquí? ¿Tan difícil era empezar con algo sencillo? No, claro. Tenían que demostrar su superioridad, recordarnos que somos unas desgraciadas que no hacemos nada a derechas. Una voz en mi cabeza quiere hacerme entender que solo querían demostrarnos lo que podríamos llegar a ser capaces de hacer, pero me niego a escucharla. Estoy demasiado enfadada. 

Ishtar observa la escena un poco apartada. Ya ha recuperado su forma humana. Solo quería ayudar, rebajar la tensión, pero parece que ha sido justo al revés. Sáhara y Brigitte parecen a punto de perderse por completo. Ella misma se siente incapaz de seguir con esto. Es demasiada presión para todos. 

Se aleja en silencio de la arena. Cuando llega junto a Ventus, ve que Cratos está muy malherido en el suelo. El rojo vivo de sus escamas está deslucido y su respiración es apenas perceptible. 

Desde que regresamos he intentado ayudarlo dice Ventus con voz cansada, pero sus heridas son demasiado graves. Tal vez con tu ayuda podamos salvarlo. 

Ishtar asiente y regresa a su forma de dragón. Durante lo que parecen horas, ella y Ventus exhalan su aliento curativo sobre el cuerpo de Cratos hasta que ya no pueden más.  

Es suficiente por hoy.  

El color de Cratos se apaga un poco más mientras Ventus habla y el dragón lo mira apenado. 

¿Y los demás? pregunta Isthar. 

Tuvimos pocas bajas, por suerte. Ahora ve, descansa y regresa mañana. No hay mucho que podamos hacer ya. 

Me gustaría enseñaros algo, un lugar dice Ahleinne mientras se transforma en un imponente dragón dorado. Pero hay que llegar volando.  

 Rahjmar pone cara de concentración y cierra los ojos, pero permanece en su forma humana. Viendo su cara de desilusión, Ahleinne se acerca y lo invita a subir a su lomo. Inmediatamente la mueca de fastidio se transforma en una sonrisa de alegría. A su lado, Rauros se transforma en un dragón azul hielo, casi blanco. Sus escamas afiladas lanzan prístinos destellos a la luz del mediodía cuando abre las alas. Los tres se elevan en el aire y se pierden en dirección este. 

Ahleinne encabeza la marcha hacia el este, dejando atrás el sol poniente. Sobre el lomo del Ahleinne, Rahjmar observa el mundo a sus pies preguntándose por qué todo el mundo se empeña en complicar las cosas.  

Durante varias horas vuelan en silencio hasta que por fin, Ahleinne comienza el descenso hacia unas pequeñas islas flotantes rodeadas de girones de nubes multicolor. Sin embargo, cuando se acercan, Rahjmar descubre que son cientos de pequeños dragones de todos los colores que planean dejándose llevar por las corrientes de aire que rodean la isla.  

En cuanto toman tierra, decenas de crías de dragón se les acercan curiosas pero manteniendo la distancia con Rahjmar. Por fin, un dragoncito rojo con una cresta llameante de apenas medio metro de largo se acerca desafiante aunque tambaleándose. Debe de ser muy joven. Se pone delante del bárbaro, yergue el cuello (quedando casi casi a la altura de las rodillas del bárbaro) y exhala una delgada lengua de fuego. Probablemente pretendiera lanzar un desafío rugiente, pero suena más bien a estornudo. En respuesta, Rahjmar carraspea, echa la cabeza atrás y suelta un poderoso aliento de fuego. El dragoncito rojo salta loco de alegría y se le sube correteando por los brazos hasta enroscársele en el cuello para hacerle carantoñas al bárbaro.  

Un poco más allá, dos dragones azules un poco más grandes se salpican en una charca jugando con Rauros. En lo alto, los dragones más grandes se dejan flotar. A su lado, Ahleinne se acurruca en el suelo rodeada de varias crías que buscan su calor. Los tres pasan una de las noches más agradables y tranquilas de los últimos días. 

Kotaka se aleja de la arena revisando su libro y caigo en la cuenta de que he perdido de vista a Isthar y a Brigitte. Me planteo invocar los poderes de la tierra y localizarlas pero me doy cuenta de que en realidad prefiero estar sola y probablemente, ellas también. Echo a andar por el campamento sin rumbo fijo y mis pasos me llevan de nuevo al bosque. No quiero recordar eso ahora. Ahleinne parece haber tomado una decisión respecto a su futuro como dragón en el que yo no tengo sitio. Ella quiere ser dragón o al menos, parece que quiere, y esa es una vida que no siento como mía.  

Al final, acabo en casa de Calum. Si no fuera porque el huerto está repleto de frutos y de malas hierbas diría que no ha pasado el tiempo. Las berenjenas y los calabacines están enormes, así que primero decido recogerlos. Nunca he cultivado la tierra y no tengo ni idea de cómo hacerlo, pero descubro que es bastante relajante poder concentrarme en una tarea que requiere esfuerzo. Cuando toda la verdura está en la cocina, cojo una especie de pala plana, creo que es lo que llaman azada, y arranco las malas hierbas. Me lleva más tiempo del que esperaba porque algunas tienen raíces fuertes, pero el huerto no es tan grande y también termino. 

Es casi de noche cuando vuelvo a entrar en la pequeña cocina. Sobre la encimera esperan los tres cestos llenos de verduras. Supongo que me los llevaré al campamento para que no se desaprovechen, pero no esta noche. Enciendo los fogones y pongo una cazuela. Troceo unas cuantas verduras y las echo cuando el agua hierve. Huele muy bien. Rebusco en la despensa y encuentro especias y unos huesos que parecen de ternera, así que los echo también. Conforme la luz se marcha me doy cuenta de lo cansada que estoy, así que me sirvo un cuenco y me echo en el jergón a dormir. Mañana será otro día y no puede ser mucho más terrible que hoy.