El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Aridia asiente y el orco alza el hacha y la hunde en la arena con fuerza. Todo empieza a temblar y el monstruo emerge con furia. Trog echa a correr. Ahleinne convoca luz que se dispersa al golpear al gusano en la cara. El gusano se mete dentro de la tierra y…

Capítulo 5

—¡No! —gritamos al unísono.

Todo a nuestro alrededor parece detenerse. El sonido de la batalla se atenúa. Solo vemos el rostro de sorpresa de Ahleinne. Tiene los ojos muy abiertos y su boca dibuja una pequeña y perfecta “o”. Corremos hacia ella sin importarnos la pantera, el hielo o el fuego, pero una extraña luz desciende de las alturas y lo inunda todo, cegándonos.

Un ángel ha aparecido ante Ahleinne.

—Yo siempre he estado contigo —le dice mientras la abraza y sus enormes alas la cubren por completo.

Acto seguido alza una espada y atraviesa con ella al hombre de viento, que sale disparado por la fuerza del impacto.

—Cuenta conmigo cuando más lo necesites —dice, mientras sonríe a Ahleinne y desaparece.

Las marcas de todos comienzan a lucir con un brillo pálido. Khael, con los ojos en blanco, alza el rostro al cielo y comienza a precipitarse sobre el campamento una lluvia de meteoritos de fuego que aplastan todo lo que encuentran a su paso.

—¡Khael, no! —Escuchamos gritar a Ivor.

Todos los enemigos han desaparecido. No los vemos por ninguna parte. Brigitte tampoco está.

Brigitte corre por las sombras en dirección a Khael. A mitad de camino se encuentra con una desconcertada Aridia.

—¿Qué ha pasado? —pregunta.

—Todos los enemigos han desaparecido y Khael está lanzando meteoritos contra el campamento. ¡Hay que detenerlo!

Ambas echan a correr en dirección a Khael. Desaparecen y al poco vuelven a aparecer en el mundo de las sombras.

—No vamos a llegar —dice Aridia—. Tendremos que confiar en que Ivor lo detenga. ¿Dónde están los demás?

Brigitte la guía de vuelta.

Vemos cómo los meteoritos se precipitan directamente hacia nosotros y buscamos cobijo. Un poco más allá distinguimos a Jerox en el suelo. No se mueve. Un meteorito se dirige directamente hacia él. Echamos a correr para tratar de sacarlo de la trayectoria pero no llegamos a tiempo y el meteorito impacta y se desintegra. No puedo creerlo. Jerox ha muerto aplastado por un meteorito que el imbécil de Khael ha lanzado contra su propio bando. El mismo que desaprobó a Kotaka y la privó de su magia por no controlarla. Noto cómo las lágrimas de rabia se me agolpan en los ojos. Odio este sitio.

Algo se mueve dentro del cráter. Vemos asomar un brazo verde con un escudo y alguien saca a Jerox del cráter. Trog lo ha protegido.

—¡Protégelos tú también! —le grita a Rahjmar mientras alza el escudo.

Pequeños meteoritos impactan a nuestro alrededor y nos refugiamos bajo el escudo. Kotaka está en el suelo. Apenas puede moverse

—Soy un estorbo, dejadme —dice con la cabeza gacha.

Ishtar ignora sus palabras y se la echa al hombro. Ahleinne se acerca a ayudarla y juntas la llevan bajo la cobertura. Trog se acerca a nosotros y sujetamos a Jerox para que pueda mantener firme el escudo. El escudo de Rajhmar brilla con un aura azul, como si estuviera recubierto por una película líquida. Escuchamos los impactos de las rocas sobre el metal y vemos cómo Rajhmar y Trog tiemblan cada vez. Gotas de sudor les caen por la frente y tienen la mandíbula apretada. Ishtar pone su bastón para ayudarlos y Ahleinne sostiene a Rajhmar para ayudarlo, pero finalmente el escudo se rompe.

—Lo siento… —murmura Trog y cae.

Aridia, salida de ninguna parte, se arrodilla a su lado. Brigitte está con ella. Una sombra enorme nos cubre. Levantamos los ojos al cielo y vemos varios meteoritos precipitándose sobre nosotros. Jerox. Rahjmar, Kotaka y Trog están en el suelo. No hay lugar donde cubrirnos y, aunque lo hubiera, no podemos llevárnoslos a todos. Aridia se percata tarde de lo que está pasando, se levanta y crea un portal sobre nosotros, pero no lo hace lo suficientemente rápido y el impacto la golpea de refilón, derribándola.

Al verlos a todos en el suelo, el rostro de Brigitte es una máscara de ira. Es como si de nuevo se repitiera la tragedia. No los puede proteger, no puede proteger a nadie. Los meteoritos van a acabar con todos… El odio la invade y sobre nosotros aparece un portal enorme que se traga los meteoritos y desaparece.

Las marcas del dragón brillan con más intensidad en nuestra piel y sobre nosotros se alza una cúpula roja. Las rocas incandescentes chocan contra ella y se desintegran, pero con cada impacto notamos que la barrera se fragmenta.

—Kalum… —murmura Aridia y la cúpula explota.

El mango de un hacha enorme se clava en la arena en medio de nosotros y la cúpula recupera su forma. Kalum nos observa desde el otro lado de la barrera. Sonríe. A lo lejos vemos cómo Ivor noquea de un golpe a Khael. Los meteoritos dejan de caer. Una sensación de alivio nos recorre. Por fin ha terminado. Por fin estamos a salvo. Por fin… Una espada roja y brillante como unas ascuas encendidas sale del pecho de Kalum.

—¿Acaso pensabais que podíais pregonar impunemente que acabaríais con Alamuerte? —dice una voz tenebrosa y reverberante desde detrás del orco—. El poder de los elementos acabará con vosotros.

Jaraxxus

Aridia se arroja furiosa contra la barrera, rebota y el golpe la lanza para atrás. Jerox la sujeta. Kalum nos mira. No hay ira en su expresión, solo calma. Incluso sonríe.

—Tranquilos, por fin podré descansar en paz —nos dice.

—No —dice la voz y lanza una carcajada que nos hiela la sangre.

La expresión de Kalum se vuelve de puro terror. Una mano azulada le sujeta el pelo. La espada se retira de su pecho.

—No —musita.

Con un golpe limpio como si fuera mantequilla, la hoja cercena limpiamente el cuello del orco, separa la cabeza del cuerpo y la clava en una pica.

—¡No! —brama Trog.

Fin del capítulo 5

No le entiendo cuando habla. No entiendo lo que dice. ¿De qué está hablando? ¿Entierro? ¿Digno? ¿No ha visto lo que ha pasado? ¿Qué esperaba, que nos aplaudieran? Escucho a Rajhmar gritar de pura rabia y frustración. Me saca de mis pensamientos y me acerco. Me gustaría poder gritar con él, sacar toda esta rabia que tengo dentro, pero no me sale nada. Solo puedo abrazarlo y prometerle algo que me prometí a mí misma…