El resurgir del dragón

Crónica: El resurgir de Alamuerte

Dos días nos lleva llegar a Quelizantor. Las noches de primavera resultan cálidas en estos bosques, así que las pasamos al raso. Aun así, encendemos una buena hoguera en la que calentar la cena. No tengo hambre, pero me obligo a comer y a beber igualmente. Estar deshidratada y desnutrida no me ayudará si nos vuelven a atacar. Al terminar, Ishtar toma la palabra…

Capítulo 8

—Te has pasado —dice Ishtar a Aridia.

—No tenemos tiempo para autocompasiones —responde con desprecio.

Ishtar se queda velando a una Sáhara inconsciente en la primera posada que encuentran para que descanse. Los demás se dirigen al palacio.

 

—¿Y Jerox? ¿No está con vosotros?—pregunta Ahleinne.

—Está en la enfermería —dice Troj entre risas —. Se cayó del tejado.

—¿Del tejado?

—Al parecer, Jax lo retó a un concurso de saltos. Dicen que al caer gritaba “¡Ahleinne, ayuda!”. —El orco estalla en una enorme carcajada.

—Sí, tremendamente gracioso —dice Aridia con amargura—. Jerox en la enfermería y Sáhara inconsciente. Creo que no os dais cuenta de que no hay tiempo para estas estupideces. Todo Voldor está en peligro y os echáis para atrás. ¿Kalum muere por nosotros y así se lo pagáis?

—Nadie se ha echado para atrás —dice Ahleinne.

—No puedes ir de dramática por la vida —dice Brigitte, levantando la vista del mapa.

Automáticamente, Aridia la toma por el brazo y se la lleva a las sombras.

—¿Dramática? ¿Sabes qué es esto?

Brigitte mira alrededor. Están en una especie de cueva donde una figura se mueve en la oscuridad. Un temor irracional atenaza su corazón.

—Es el demonio del miedo. Nos acecha. Constantemente.

La sombra empieza a crecer y a acercarse. Se abalanza sobre ella pero el miedo paraliza a Brigitte en el sitio.

—Cuando tengas que soportar la visión de dos mundos —dice Aridia con fría amargura—, entonces podrás llamarme dramática.

Brigitte está completamente pálida cuando regresan.

—No podemos forzar a alguien a hacer lo que no quiere. Hay que buscar una alternativa y ahora mismo estamos perdiendo el tiempo —dice Brigitte y vuelve a enterrar la nariz entre volúmenes y mapas.

Ishtar está sentada a mi lado cuando me despierto. No reconozco la habitación y me duele la parte posterior de la cabeza. Poco a poco los recuerdos del día anterior van regresando. Veo que tiende hacia mí un cuenco con algo que huele como té. Me invade la ira de nuevo. Ni siquiera me dejan mantener la ilusión de que todo va bien al despertar. Ese breve instante en el que apenas recuerdas quién eres ni dónde estás. Ni eso me dejan. Rechazo su té y me marcho. Al salir, Rajhmar me intercepta.

—¿Qué tal estás?

Aaaargh. ¿Por qué no me dejan en paz? Controlo el impulso de darle un puñetazo al humano y me bajo a desayunar. No he comido nada desde ayer por la mañana y me rugen las tripas. Tal vez el mundo sea un poco menos de mierda con el estómago lleno.

Ahleinne vela a Jerox en la enfermería hasta que despierta.

—¿Qué ha pasado? —le pregunta.

—La bebida —dice y se lleva una mano a la cabeza.

—Sáhara tiene mucho aguante.

—Ya lo vi. Tener cuatro brazos a veces no viene nada bien.

Se reúnen con los demás en el palacio. Solo falta Sáhara.

—¿Cómo va? —pregunta Jax.

—Está de mal humor —contesta Rahjmar.

—Está claro que no podemos obligarla —dice Brigitte.

—Tal vez deberíamos buscar una alternativa —dice Rajhmar.

—¿En qué piensas? —pregunta Aridia.

—Tal vez… deberíamos robar el laúd.

Ishtar, Ahleinne y Brigitte alzan las cejas simultáneamente.

—Si el laúd es lo que necesitamos para que funcione, entramos, lo cogemos y tocamos. Se lo devolveríamos antes de que se diera cuenta.

—No me parece una buena idea —dice Ishtar y se vuelve hacia Jerox—: Quizás a ti te haga caso.

—Ya lo intenté —contesta el araina encogiéndose de hombros.

—Sin beber.

—… Buena idea.

Aridia desaparece.

—Podemos hacer otra cosa —dice Brigitte mirando al lugar donde Aridia ha desaparecido—. Busquemos otra solución.

—No podemos esperar. Tenemos que hacer algo —dice Rajhmar—. Nuestras vidas están en peligro. Si tengo que hacerlo, lo haré.

—Démosle un día —propone Ahleinne desesperada—. Dediquémoslo a aprender.

—¡Reto de saltos! —grita Jax.

—Gracias, Jax —dice Brigitte—. Le damos un día.

—Si no, se queda —dice Aridia, que ha vuelto a aparecer.

—No —dice Ishtar tajante.

—Estoy de acuerdo con Aridia —dice Brigitte con la cabeza gacha—. Si en un día no responde, se queda. No podemos perder más tiempo.

 

Brigitte, Kotaka y Aridia aprovechan la mañana para explorar la biblioteca. Ishtar, en cambio, prefiere salir a explorar. Busca el punto más alto de la ciudad y sube a otear, pero cuando llega, ya está ocupado. Un felínido está de espaldas a ella, observando el mundo a lo lejos, pero sus orejas se mueven con cada paso que da Ishtar por el tejado.

—Bonitas vistas —dice Ishtar a modo de saludo.

—Por eso me subo aquí. Puedes ver todo lo que pasa en la ciudad. Ayer mismo vi a un araina que se cayó de un tejado, a una rakshasa borracha y a un humano que no dejaba de mirarme.

—Soy Ishtar.

—Yo Ezzio, encantado.

—¿Te molesto?

—Para nada. Solo miro la ciudad para conocer sus secretos.

Transcurren unos minutos en silencio.

—¿Has visto algo raro?

—No… Bueno, hace dos días vi a un gatete con los dientes azules.

Ishtar se pone muy tensa.

—Tenemos problemas. Hay que volver.

 

Cuando Ishtar y Ezzio entran por las puertas del palacio Jax los recibe con entusiasmo y una gran sonrisa.

—¡Anda! ¡Ezzio!

—Tenemos problemas —dice Ishtar muy seria.

—¿Le pasa algo a Sáhara? —pregunta Ahleinne preocupada.

—No lo sé, no la he visto. Pero hace un par de noches estuvieron aquí los seguidores de Jaraxux.

—¡Ah! ¿Pero trabaja con él? —exclama Ezzio sorprendido.

Hace rato que terminé de desayunar pero no soy capaz de reunir las fuerzas para subir al palacio. Sé que tengo que hacerlo porque es la única salida, al menos la única que conocemos, pero solo de pensar en coger el laúd, me tiemblan las manos.
Algo raro está pasando en un rincón del salón que me llama la atención. Hay dos hombres, pero uno de ellos parece estar agrediendo al otro. No puedo verlo bien porque está en sombras pero un escalofrío me recorre la espalda. Ya he visto antes a uno de ellos. En el campamento. Es el hombre de hielo de Jaraxux.
Desenvaino la daga y con mucho cuidado me acerco. Cuando estoy más cerca, veo que el hombre de hielo sostiene al otro por el cuello y parece estar absorbiéndolo. Levanto la daga y trato de clavársela, pero un muro de hielo se levanta y me lo impide. Maldita sea. Había olvidado su coraza. El hombre suelta al desconocido que levanta una nube de polvo al golpear el suelo. Ha quedado reseco, como si fuera una momia. El hombre de hielo se marcha y yo echo a correr hasta el palacio.
Me lleva apenas unos minutos cubrir el trecho por la calle principal y subir por la escalinata, pero cuando llego, estoy sin aliento.

—Tenemos problemas.

Parece que cada cual está a lo suyo, pero cuando entro, todos me miran.

—El hombre de hielo de Jaraxux está en la ciudad. Acabo de ver cómo dejaba seco a un tipo en la taberna. Traté de acabar con él pero no pude y se marchó.

—Yo me encargo —dice Jax.

—¿Cómo…? —empiezo, pero él ya ha salido corriendo hacia la ciudad.

Las puertas se cierran tras él y nos quedamos atrapados en el palacio. Brigitte trata de abrirlas pero es incapaz. Ezzio e Ishtar suben saltando de columna en columna hasta una balconada y son los únicos testigos de lo que sucede en la ciudad.

Conforme Jax pasa por la calle, las puertas y ventanas de todas las casas se cierran a su paso. No queda nadie en la calle. Recorre toda la calle principal hasta la plaza del pueblo y de un saltito se mete en la fuente. Levanta su bastón en alto y lo mete en el agua. En cuanto toca el líquido, una enorme onda de color morado surge de la punta y recorre toda la ciudad. Cerca de la plaza hay una perturbación en la onda: un cúmulo de niebla se está acercando a Jax. Entonces, con un movimiento fluido, Jax introduce la mano en la niebla y el hombre de hielo se materializa. Lo tiene sujeto del cuello y aprieta con fuerza. El hombre de hielo estalla en una miríada de pedazos y un borrón negro y azul sale corriendo de la ciudad.

La puerta del palacio vuelve a abrirse y Jax entra dando saltitos.

—Ya está.

Me pregunto qué habrá pasado, pero es tontería retrasar las cosas más. Busco a Ishtar con la mirada. Está bajando de la terraza con Ezzio.

—¿Dónde está el medallón?

Me lo da y yo lo coloco sobre el mapa. Las manos me tiemblan cuando cojo el laúd, pero las cierro firmemente alrededor de la madera.

—Tal vez la música haya muerto, pero aún sé tocar este instrumento —murmuro para mí.

Poco a poco desgrano las notas de La balada de Gael. No suena como debería, es demasiado mecánico. Se parece más a un estudio que a un cantar trágico como este. Pero al medallón parece bastarle. Comienza a brillar con una luz intermitente, como llamándonos, y un murmullo extraño se escucha en la sala. He oído algo similar antes, pero no logro entenderlo.

—Dice que lo toquemos —afirma Ahleinne y antes de que nadie pueda detenerla, se acerca y lo toca.

Inmediatamente cae al suelo desplomada. Tras ella van Jerox, Aridia, Troj, Rajhmar, Kotaka y Brigitte. Jax hace una seña a Ezzio y este también toca el medallón y se desmaya. Ishtar y yo nos miramos mientras sigo tocando. La luz ha dejado de parpadear y ahora es un foco fijo y brillante sobre la mesa.

—Os están esperando —dice Jax.

—¿Qué opinas? —me pregunta Ishtar.

—No me fío un pelo.

—No podrán hacerlo sin vosotras —dice Jax triste.

—¿Y tú? —pregunta Ishtar.

—Alguien tiene que quedarse a cuidar de vosotros.

Dejo de tocar y sostengo el laúd por el mástil. Qué más da. Si no nos mata esto, nos matará otra cosa más adelante. Me acerco al medallón, miro a Ishtar y me encojo de hombros antes de tocarlo.

Fin del capítulo 8

No tengo la sensación de haberme caído al suelo como los demás, sino que estoy de pie en medio de lo que parece el fondo de un precipicio. A ambos lados se alzan rocosos acantilados y en el centro, una preciosa ciudad. Los demás están también aquí. Escuchamos una voz en el viento que nos atrae hacia los acantilados. Caminamos un centenar de pasos hasta que nos topamos de bruces con Araxx. Desenvainamos las armas pero algo no va bien.