Soy de ese tipo de master al que le gusta tener las cosas más o menos pensadas, intentando averiguar hacia dónde pueden ir los personajes y queriendo tener todo medianamente pensado, para que no se vaya de madre. La verdad es que me estresan un poco las situaciones que se escapan de mi control, aunque en el rol parte de la gracia es que todos los jugadores aportan su granito a una gran historia, con sus desvaríos y planes locos. Como parte de toda esa preparación pre-partida, suelo tomar un montón de notas y hacer croquis de las cosas que tienen que pasar, por lo que cuando llega la sesión siguiente tan sólo tengo que echar un ojo a para acordarme del hilo que tenía toda la trama. Sin embargo, como jugadora eso es diferente.

Hace poco volvimos a jugar Aquella Gran Partida™ que comenzamos hace casi nueve años. Aquella fue mi primerita partida de rol. Una crónica de Vampiro La Mascarada ambientada en la Gehena (el fin del mundo vampírico según lo conocemos). Podéis imaginaros, en todo ese tiempo han pasado miles de cosas, conspiraciones secretas en Estados Unidos, peleas con hombres lobos, personajes que cayeron durante el camino, la Isla de Manhattan explotando debido al despertar de una gran masa de carne, traiciones, disturbios en Londres, jarrones mágicos y claro, me dejo lo más importante para el final: viajes en el tiempo. Han pasado muchas, muchísimas cosas en esa partida y creedme, es una de esas crónicas en la que todos los detalles son importantes.

Como master no sería un gran problema rememorar todas esas sesiones ya que estarían escritas en el cuaderno. Pero claro, cuando eres jugador no eres capaz de recordar todas las cosas que han pasado de una sesión para otra. Al principio de cada sesión siempre preguntamos el temido “¿Qué pasó en la última sesión?”, las caras de despiste entre los jugadores suele ser muy comunes, se miran unos a otros esperando a que alguno dé el primer paso y se acuerde de algo, hasta que alguno arranca a hablar y, entre todos, consiguen recordar los sucesos más importantes de la última partida.

Haciendo pesquisas sobre la trama

Tanto si juegas una crónica tan larga o una de pocas sesiones, los detalles que el master va contando durante su narración suelen ser importantes. Puede ser un nombre, una localización, el color de pelo de ese tío que parecía sospechoso… Quizá tu cuaderno lleno de notas cual persona paranoica no tenga ningún sentido, pero piensa que quizá tu master también podría tener esa misma hoja llena de líneas y relaciones entre los personajes. ¿Habrás descubierto su plan secreto? ¿Descubrirás al traidor antes de que os traicione?

La trama quizás sea mucho más sencilla, ¿y si ese tío tan sólo pasaba por allí? ¿Y si todo lo que piensas es producto de tus teorías locas? En cualquiera de los casos es importante tener en cuenta todas las opciones. Tomar notas durante la partida ayudará a tu futuro yo cuando tenga que volver a ponerse en la piel del personaje. Tendríais que ver mi archivo de teorías locas sobre Aquella Gran Partida™, es una auténtica cronología de todo lo que ha ido pasando, relacionando a unos personajes con otros y lanzando teorías sobre por qué pasan las cosas y qué podría depararnos el futuro (aparte de muerte y destrucción, claro xD).

En un mundo idílico, las partidas de rol se juegan dos o tres veces al mes, sin embargo y por desgracia, no siempre es así. Estas notas pueden ayudar a volver a ponerte en situación de una vez para otra. A mi incluso me ayuda escribir qué piensa mi personaje cuando termina la sesión. Cuando pasa más de un mes entre medias ya no sé ni por qué podía estar envuelta en todas las cosas que me ofrece la trama. De esta manera es ciertamente sencillo, vuelves a recordar qué sentimientos te produjeron las últimas cosas que pasaron en la partida, retomas la actitud y consigues volver a meterte en la piel de ese personaje casi instantáneamente.

En resumen, creo que tomar notas es un ejercicio muy bueno como jugador para no olvidar todos esos detalles importantes (o no) para la trama. Mantiene vivo el interés por la trama, como cuando en las series te cuentan el típico “en episodios anteriores de…”, además de sacar una sonrisa al máster cuando eres capaz de recordar las escenas en las que tanto cariño ha puesto.