Si bien ya vimos que encontrar un máster se asemeja un poco a una cacería, tienes que identificar a la presa… digo al máster, acecharlo y finalmente atraparlo; el tema de los jugadores diría que se parece más a la recolección de frutos salvajes. El mundo está lleno de ellos. Solo tienes que ir y cogerlos.

En realidad, si has cazado ya a tu máster (por favor, dime que no lo tienes atado a la pata de la mesa @_@) has hecho la parte más difícil. Un máster dispuesto a masterear para ti es el mejor reclamo que puedes tener para encontrar jugadores, así que la manera más fácil es proclamar a los cuatro vientos que vas a hacer una partida. Rápidamente comenzarán a surgir a tu alrededor más jugadores que caracoles después de una tormenta.

Pero cuidado. Si quieres crear un grupo duradero tendrás que preocuparte de que no se coman unos a otros. Los jugadores son muy territoriales porque son la especie que más abunda en el ecosistema rolero: desde novatos temblorosos que asoman el hocico por primera vez fuera de su cueva a veteranos curtidos defensores a ultranza del “verdadero rol”; desde tímidos interpretadores a elocuentes actores; desde tanques derribapuertas a precisos cerrajeros. Hay casi tantas variedades como individuos.

No es extraño pues que sea una tarea difícil conseguir un grupo estable y no hay una fórmula mágica que garantice el éxito. Es posible que antes de lograr tu grupo de jugadores ideal se desintegren muchos otros y no, no es por desanimarte, es que es el ciiiiiiclo sin fiiiiiin… esto, el ciclo del rol. Entonces, ¿qué jugadores necesita tu crónica? ¿Cómo conseguir que no se devoren unos a otros y vivan felices en armonía?

Lo mejor (y también lo más difícil) es que ya se conozcan de antes. Si tienen confianza y son amigos, tienes mucho camino recorrido, pero como eso no es siempre posible, plantéate no empezar de sopetón La Crónica. Es cierto que puede que salga bien pero también puede salir desastrosamente mal o bien quedarse en menos de lo que podría llegar a ser.

Prueba primero a jugar algo breve. Hazte con alguna aventurita rápida o engaña a tu máster para que se prepare un oneshot que jugar en una tarde. Mientras jugáis, observa a tus jugadores, averigua qué aspiran, cómo se comportan entre ellos y en la historia, qué esperan de una partida (como no estés también atento a la partida a la hoguera contigo) o qué problemas surgen. Así ellos entrarán en calor, conocerán el juego, se conocerán entre ellos y, cuando llegue el momento, estarán preparados para la gran aventura de sus vidas.