Ha llovido un poco desde que empezara a jugar al rol. No recuerdo exactamente cómo ni cuándo fue, solo recuerdo que de repente estaba jugando a Dungeons (Dragones y Mazmorras, D&D). Era la casa de unos vecinos. Debió de ser alrededor de los quince años, más o menos, porque aunque nos conocíamos de antes, fue la época en la que empezamos a juntarnos. Recuerdo incluso pedir al máster una partida por mi cumpleaños porque quería que mis amigas de fuera lo probaran también. En una de aquellas partidas mi pobre barda murió por el ataque de una naga, eso sí lo recuerdo, además prácticamente al empezar. No pudo ni sorprenderse.

En aquella casa había dos mesas de rol, igual que en las cenas familiares. La de los pequeños era la nuestra. Aunque no nos llevábamos más de un par de años o tres con los mayores en aquel momento era un abismo. Recuerdo verlos jugar a otra cosa que no era Dungeons que iba de Vampiros (Vampiro: La Mascarada) y querer probarlo también. Es curioso porque creo que una vez empezamos a jugar a Vampiro, ya no volvimos a Dungeons. No tengo muchos recuerdos de aquellas partidas, aunque sí sé que mi primer personaje fue un Toreador. No me gustó demasiado y pronto me pasé a los Tremere, lo que me trajo mucho bulling porque todo el mundo los odiaba dentro y fuera de partida. Recuerdo con especial rabia una partida en la otra jugadora me mató porque sí, porque le apetecía. Esa fue la última partida que jugué allí.

También nos llevamos el rol a clase. Creo que aquello ya fue un par de años después. Fueron las primeras partidas que me animé a masterear. En los recreos en lugar de bajar al patio nos quedábamos en clase jugando a Dungeons. Aunque solo era media hora al día y no cundía casi nada, nos lo pasábamos muy bien.

Durante todo ese tiempo el grupo de amigos sufrió muchas transformaciones y terminó por disolverse, pero por aquel entonces coincidió que conocí a muchísima gente, así que el rol nunca faltó. Ahora que lo pienso, creo que no he conocido a tanta gente nueva como aquellos años. Perdonadme la perspectiva lejana pero es que me parece otra vida aunque no hayan pasado más de diez años.

Un día uno de aquellos grupetes quiso jugar una partida de Dungeons. No sé si no habían jugado antes o que si habían jugado pero no había salido bien; y yo no había mastereado mucho, pero allá que fui de cabeza a la piscina. Tengo que decir que en aquella época tenía que demostrar que podía con todo, fuera lo que fuera y no me lo pensé dos veces. No recuerdo gran cosa de todo aquello (empezaréis a daros cuenta de que mi memoria es bastante regular), salvo que empezaban en una taberna dándose de palos y había un enano partiendo mesas y bancos en espaldas ajenas. Después de esa vinieron muchas más. El grupo creció y creció y menguó y creció y bueno, entendéis la esencia.

Creo que no llevamos ninguna crónica de más de una sesión hasta que se estabilizó un núcleo constante de gente. Fue entonces cuando de verdad empezamos a jugar. Probamos muchos juegos que no recuerdo (oh, vaya, qué sorpresa) y nos íbamos turnando el mastereo hasta que se produjo el milagro. El Mejor Máster Que He Tenido dio un paso al frente y dijo: “Quiero masterear Vampiro”, pero no tenía muy claras las tiradas y otros tecnicismos, así que nos montamos un tándem. Yo le apoyaba en la parte técnica y llevaba un PNJ mientras él llevaba el peso de la narración y la historia. Salió bien.

Salió tan bien que después llegó La Partida. Durante más de siete años estuvimos jugándola. El Mejor Máster Que He Tenido construyó un mundo apasionante lleno de recovecos que explorar, con malos muy malos, malos no tan malos y malos casi buenos (es Vampiro, buenos buenos no hay). Nos adentramos en un complejo mundo plagado de vampiros, hombres lobo, magos y hadas. Perdimos personajes y creamos nuevos. Perdimos compañeros, amigos y mentores. Nueva York se hundió bajo nuestros pies, Londres ardió y viajamos en el tiempo. Sobrevivimos doscientos años solo para descubrir que nos habíamos convertido en aquello que tratábamos de destruir. Y empezamos a trabajar, nos separamos y ya no había tiempo para quedar. La partida murió antes de poder terminarla y con ella lo hizo también el rol durante un tiempo.

Hasta que llegó María (digo llegó como si hubiera aparecido de la nada, pero en realidad estuvo allí todo el tiempo). Aunque no había mastereado antes, se sacó de la manga una partida de Vampiro en Edad Victoriana. Miento, creo que había llevado una partida de Dreamsraider o alguna otra cosa. El caso es que durante un tiempo jugamos, pero esta también terminó muriendo. Sin embargo, el bicho del mastereo le había picado fuerte y no mucho después me vino con una idea loca: “Tú y yo, un montón de novatos y una partida de Vampiro”. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué no? ¿Acaso me tomáis por loca? Fue un sí grande, redondo y rotundo.

Y llegó Zangre!, con Cyrine, Tommie, Fletcher y Rodrigo y sus neonatos (y Gael y Valerie y Victoria y todos mis otros PNJ de los que espero hablaros algún día). Al poco, uno de los jugadores (que nunca antes había jugado al rol) pilló la fiebre del mastereo (es altamente contagiosa) y nació Sáhara en El resurgir de Alamuerte (si no habéis leído sus desventuras , os lo recomiendo y no solo porque las escriba yo). Y algo después llegaron también las Roleras, una iniciativa estupenda de dos chicas deseosas de juntarse con más chicas que jugaban al rol, con los oneshots divertidísimos de Vampireando (Vampiro: La Mascarada para novatas), donde también descubrí la Era de Acuario. De las Roleras nació también un proyecto híper secreto de la mano de una maravillosa Andrea del que no puedo decir nada y que va lentito, lentito, pero va.

Y gracias a todo esto, nació este blog. Era una idea que llevábamos tiempo pensando, abrir una web en la que colgar nuestras movidas de rol, las historias, las reflexiones, los personajes… Todo eso que necesitábamos contar pero que no teníamos sito donde hacerlo y las Roleras fueron el impulso que necesitábamos para sacarlo adelante. A raíz del blog conocimos un montón de gente en Twitter que compartía nuestra afición y que no sabíamos que estaba ahí fuera, la editorial Nosolorol se puso en contacto con nosotras porque les gustó lo que hacíamos y también, sin comerlo ni beberlo, nos vimos envueltas en el streaming de Dayo por obra y gracia de la preciosísima Kysu mastereando en vivo y en directo Las últimas noches de Lisboa. Así que sí, este último año ha sido una auténtica locura.

Como habréis podido comprobar, mi memoria es bastante deficiente, así que es posible que las cosas no sucedieran exactamente así o lo hicieran en otro orden. En mi defensa solo puedo decir que es así como lo recuerdo.

Y bueno, este año que acaba de empezar también pinta cargadito de rol. Aparte de continuar la partida de ERDD, nos hemos apuntado a las jornadas de Nueva Sangre Rolera en unos días, ya tenemos planificados al menos dos oneshots de Vampiro V5 para probar el nuevo sistema con un montón de gente bonita, y, además, de todo eso hay sobrevolándonos una crónica secreta de la que María no quiere decirme nada, una partidita breve de Era de Acuario que montaré en algún momento y no descarto que alguno de los jugadores se anime a masterear. Y eso es solo lo que se viene a principios de año. ¡Ay, mare! Qué agobio y qué ilusión.