El rol de máster puede llegar a ser muy solitario. Los jugadores se tienen los unos a los otros, traman entre ellos, elaboran estrategias, despotrican contra ese injusto máster que los oprime y los aplasta (spoiler: exageran 99% de las veces)… Pero el máster está solo frente a una mesa de diabólicos jugadores que harán lo posible (queriendo o no) para desbaratar una historia que ha creado con sangre, sudor, lágrimas y mucho amor. Sin embargo, María y yo mastereamos juntas desde hace un año y estamos de acuerdo en que mola un montón.

Un amigo que se moría por empezar a rolear le propuso juntar a un grupo de incautos novatos para que les mastereara una partida de Vampiro. Llevábamos un tiempo sin jugar a nada así que nos pareció una idea estupenda. Al principio yo pensaba que ella masterearía y yo jugaría, pero tuvo una idea mejor. Me contó que le daba pereza narrar el combate y no estaba del todo segura con las tiradas (ahora ya es una experta pero sigue odiando el combate xD). Por otro lado, a mí no me apetecía masterear porque me desgasta mucho física y emocionalmente, pero cuando me propuso que me uniera a ella a la cabeza de la mesa como máster técnica, me encantó la idea. Yo llevaría un personaje de apoyo en la partida que guiaría a los jugadores en un primer momento y me encargaría de las tiradas y de llevar el combate cuando lo hubiera. Y de este modo asumí el papel de máster técnica que permitió a Maria centrarse en su labor de narradora.

Masterear juntas significa que somos dos cabezas pensantes organizando el caos, elaborando la historia y desarrollando los personajes (y anticipando las burradas que harán los jugadores –porque no nos engañemos, las harán– para tener respuestas preparadas). También significa que una no tiene que discutir consigo misma cuando hay varios PNJ (personajes no jugadores) en escena porque nos los repartimos, lo cual ha mejorado notablemente nuestra salud mental.

En esencia, la partida mejora porque nos complementamos. A María le encanta tener planificada hasta la más mínima contingencia para responder en consecuencia y a mí me divierte muchísimo buscar agujeros en sus tramas que luego tapamos para que nadie se cuele por ellos (eso también significa que la trama adquiere peso y solidez porque los giros, las decisiones y los sucesos están bien fundamentados). A mí en cambio me cuesta mucho llegar a ese nivel de elaboración, pero gracias a que ella lo hace, puedo improvisar de forma muy natural cuando hace falta (cuando tus jugadores se te salen por la tangente, por ejemplo), cosa que a ella no le gusta tanto.

Pensándolo ahora con perspectiva casi nos parece absurdo que no se nos hubiera ocurrido antes porque después de un año mastereando juntas, ha resultado que todo son ventajas.