Hoy quiero hablaros de alguien que no tenía nombre, un personaje que fue creado por y para la trama. Era sencillo, necesitábamos alguien a quien pudiéramos infiltrar entre los jugadores, una persona a quien cogieran cariño y que les traicionase en el momento exacto para provocar la mayor conmoción posible. Su traición les dolería, el golpe sería tal que aprenderían a no fiarse de todo el mundo. Pero las cosas no salieron exactamente así y es por eso que hoy quiero hablaros de Tommie. Tommie Barrow.

Recuerdo cuando empezamos a pensar la trama para la partida de Vampiro: La Mascarada que nos ha llevado el último año. Excepto uno de ellos, los jugadores eran novatos en el rol , jamás habían jugado una partida y no sabían nada de lo que les podía esperar. Elena y yo pensamos que la mejor manera de meterles de cabeza en una partida de Vampiro sería que fueran neonatos, es decir, vampiros recién convertidos. Mientras sus personajes iban aprendiendo los entresijos y la crudeza de su nuevo mundo, los jugadores descubrirían de manera paralela el sistema, la ambientación y el poder de la interpretación.

Tommie era un personaje de apoyo, un tanque que les podría ayudar en caso de encuentros desafortunados para ellos, además de ser un motor para la trama. ¿No os ha pasado estar jugando una partida de rol en la que se tarda más en decidir cuál de los tres caminos coger en lugar de ir por uno de ellos? Tuvimos en cuenta que al ser novatos esto podría incluso alargarse mucho más si nadie tomaba la iniciativa, así que diseñamos a Tommie para ahorrarles las horas de discusión y debate. Era algo bastante sencillo en realidad: Tommie era impaciente. Era un tanque impaciente. Cuando las decisiones tardaban demasiado en tomarse, ella daba muestras de tics nerviosos y mandaba las divagaciones y reflexiones al traste. Quería acción. Y la quería ya.

Un día nos dimos cuenta de que Tommie no era más que un montón de puntitos en una ficha y, aunque ya tenía nombre, habíamos pensado el trasfondo justo para saber por qué llegado el momento traicionaría la confianza de  los que ahora eran sus compañeros, pero nada más. Como casi todas las ideas de personajes, me desperté un día teniéndolo bastante claro (y es que las ideas a mí me vienen mientras duermo). El personaje de la master intensita (yo) tenía que tener un pasado y una personalidad acorde, aunque sólo saldría a la luz en ciertos momentos. La verdad es que no recuerdo muy bien cómo, pero se me ocurrió que sería buena idea que creara lazos profundos con alguno de los jugadores. “Así dolerá más cuando les traicione”, pensé. Lo que no pensé fue en todo lo que vendría después. La relación con el resto de personajes se fortaleció. En Joan, uno de los jugadores, Tommie encontró a alguien por quien merecía la pena luchar aunque sabía que tendría que traicionarlos. El muro infranqueable tras el que ocultaba sus sentimientos se fue rompiendo poco a poco. Su fachada de tanque impaciente borde se deshacía por momentos y de vez en cuando aparecía esa Tommie que daría la vida por los suyos, que no aceptaba una injusticia provocada por un tirano y que encontró un motivo por el que no irse de la ciudad para siempre.

Llegadas a este punto, quiero contaros una escena con la que cerramos la primera parte de la partida. Para que os situéis os contaré que se  celebraba la fiesta del fin del Mardi Grass en el elíseo del Príncipe de Nueva Orleans, fiesta a la que estaban invitados los más altos cargos de la sociedad vampírica y, por asociación con varios de ellos, los personajes de los jugadores. La fiesta transcurría con normalidad, Fletcher y Cyrine todavía se llevaban bien y el grupo parecía unido. Entonces sucedió. Tommie los traicionó e hizo lo que había ido a hacer allí porque su vida (y la de Joan) dependía de ello. Aprovechó hasta el último segundo para estar con él y dedicarle el que probablemente fuese su último baile juntos. Después desapareció con la excusa de ir a por algo de beber y se adentró en el edificio.

Debía encontrar a una mujer a quien el Príncipe mantenía secuestrada. Ya que la última vez que la habían visto había sido en el Principado, Tommie había hecho todo lo posible para poder entrar allí. Aquella invitación le había llovido como maná del cielo, pero a la vez era un trago amargo porque significaba que había llegado el final. La buscó por el lugar y la encontró. Dio el aviso al mago con quien trabajaba y recogió a la mujer. Estaba en letargo. En el momento acordado, el mago hizo su aparición y se desveló su traición ante todos. Todos. Incluido el grupo y Joan. Fue entonces cuando comprendió por sus miradas acusadoras que quizá no la perdonasen nunca.

Puesto que su trabajo había concluido y el mago había demostrado no ser de fiar (podéis leer más al respecto sobre esa noche en este hilo-homenaje que Elena hizo sobre Cyrine), Tommie decidió que había llegado el momento de poner tierra de por medio. Fue entonces cuando se produjo una de las escenas más emotivas y extraordinarias que recuerdo y que probablemente quede en la memoria de todos los que la vivieron porque fue la escena más bonita de toda la partida. Tommie sabía que tenía que largarse de la ciudad, había desafiado a la mayor autoridad y sabía que pondrían precio a su cabeza. Pero no podía irse, no sin antes despedirse de Joan. Merecía la pena jugarse el cuello una última vez sólo por verle. Con la idea de pedirle que se fuese con ella, se presentó ante él y le dijo que ojalá algún día le perdonase, le dijo que no podía haberle contado nada porque entonces estarían los dos muertos y le pidió que por favor se fuera con ella. Si lo hacía le contaría todo lo que había pasado y por qué les había traicionado. Tenía sus objetivos muy claros pero jamás había pensado que se acabaría enamorando de él. Era una posibilidad real que el personaje se fuese con ella y dejase la crónica.

Podéis imaginaros la escena, la música dramática sonaba de fondo, y después de todas las emociones vividas en esa sesión (también fue en la que Cyrine los traicionó), vivimos una de las mejores interpretaciones que he visto en una partida de rol. El jugador que llevaba a Joan asumió completamente la personalidad de su personaje y parecía que en cualquier momento iba a echarse a llorar. Eso llevó a toda la mesa al borde de las lágrimas y logró que otro de ellos se echase a llorar también. Con cada frase se nos iba rompiendo un poquito el corazón a los que estábamos allí hasta que se partió definitivamente cuando él se negó a irse con ella. Todavía me parece increíble la inmersión que conseguimos aquel día. Se me ponen los pelos de punta cada vez que lo pienso.

Dejadme que os cuente su historia.

Tommie Barrow

Abandonada al nacer a las puertas de un orfanato, pasó los primeros años de vida rodeada de injusticias y envidias. Vio cómo entraban gran cantidad de niños mientras unos pocos, los más afortunados, eran adoptados por familias pudientes. Debido a las malas influencias durante su escolarización y sobre todo durante su adolescencia, no duraba mucho tiempo en las casas de acogida ya que desafiaba la autoridad de sus tutores y era devuelta al orfanato. Su fuerte carácter tampoco hacia que alguien le diera una oportunidad para entender lo que había sufrido.

Pasó sus últimos años de instituto entre fiestas, drogas y ocupaciones ilegales hasta que, una vez cumplidos los dieciocho, se libró del yugo que le impedía ser libre y empezó a buscarse la vida por su cuenta. Sus malos hábitos le llevaron a conocer a mucha gente, lo cual aprovechó para ganarse algo de dinero vendiendo drogas menores. Fue cuando conoció al jefe de la mafia que le proveía las drogas se metió en asuntos mucho más serios.

Charlie, que así se llamaba, le ofreció un trabajo con mayor compensación económica pero que conllevaba más riesgos. El mafioso tenía contactos que informaban sobre ricachones que llegaban a la ciudad y el nombre de los hoteles en los que se alojaban. El trabajo era sencillo, Tommie tenía que robarles el coche y llevarlo de vuelta al taller de Charlie, donde se cambiarían las matrículas y se pondrían en venta en una red de coches de segunda mano que tenía el mafioso por todo el estado. Con cada entrega Tommie podía recibir entre cinco o veinte de los grandes, todo dependía del modelo del coche en cuestión.

Los ingresos de la muchacha incrementaron exponencialmente, lo que le permitió comprarse un estudio en la ciudad y no volver a pasar hambre. Aun así tuvo cuidado para no llamar la atención de la policía o de sus conocidos. Buscó un segundo trabajo con el que poder justificar sus ingresos y algunas noches se veía envuelta en fiestas privadas donde hacía de relaciones públicas para atraer clientes. Por supuesto todo era una fachada y sólo hacia aparición en los grandes eventos.

Su vida podía haber continuado siendo perfecta, sin embargo una fatídica noche de octubre su destino cambio. Estaba sorprendida de estar viva y relativamente ilesa. Cuando el tío de la gabardina la agarró y la arrastro al callejón, estaba segura de que iba a ser violada y probablemente asesinada. En cambio, sintió un color agudo en su cuello y despertó poco después con dolor de cabeza y una sensación ardiente en la garganta. Aturdida salió tambaleándose del callejón por el lado equivocado, y no se dio cuenta de que se había perdido hasta varias calles más allá. Entonces escuchó el silbido.

Al girarse rápidamente, vio a tres jóvenes pandilleros que salían a la calle y comenzaban a caminar hacia ella. Algo no iba bien, había esquivado un encontronazo solo para toparse con otro, y parecía que finalmente sí acabaría violada y asesinada. Pero, de algún modo, ese golpeteo en su cabeza y ese ardor en su garganta le parecían problemas mayores que los gamberros que se acercaban.

— Pareces perdida. No te preocupes. Mis chicos y yo te cuidaremos bien. Te haremos pasar un buen rato. – El líder del trio la miro con ojos de lascivia y sus dos compañeros se rieron cruelmente. Ella debería haber tenido miedo. Por supuesto, estar enfadada en sus circunstancias también era una reacción comprensible, pero el miedo debería haberse impuesto a la rabia. Esa noche no lo hizo. Los chicos se rieron y avanzaron. El golpeteo y el ardor empeoraron. Entonces todo se volvió rojo y comenzaron los gritos. La pequeña parte de Tommie que conservaba la consciencia estaba realmente sorprendida de que los gritos no fueran suyos.

Todo se volvió rojo, borroso e insoportablemente caliente. Las sensaciones se volvieron por un momento algo cálido y delicioso que fluía por su garganta, calmando su extraña sed. Pero, tan pronto como el líquido dejó de fluir, el rojo regresó más fuerte que nunca… hasta que sintió como si un mazo la hubiese golpeado justo entre los ojos.

Despertó poco después en otro lugar. La sed seguía allí, pero más débil, y, por ahora, manejable. El golpeteo en su cabeza era mucho más suave, pero seguía allí, como si esperara al momento adecuado para atacar de nuevo. Estaba sobre un sofá en un apartamento decorado con buen gusto. En la sala había una mujer con rasgos afroamericanos y que no superaba la treintena.

— ¿Ya?— dijo ella. —¿Estamos bien? ¿O vas a entrar en Frenesí de nuevo?

— ¿Frenesí?— preguntó Tommie débilmente.

— Sí, así es como llamamos a cuando nos volvemos locos y matamos a todo lo que se mueve. ¿Sientes que vas a controlarlo? Porque no me gustaría tener que golpearte de nuevo antes de hablar.

— Estoy bien. No necesitas hacerme daño.

— No es mi intención. ¿Cuándo fuiste Abrazada? —Tommie se la quedó mirando y la mujer puso los ojos en blanco. —Ok, ¿cuándo te convirtieron? Ya sabes, en un vampiro.

— ¿Un… vampiro?

Shioban

Con lo puesto y algo de dinero abandonó Nueva Orleans. Su nueva Amiga, llamada Shioban, le contó todo lo que debía saber acerca de los seres de la noche. Aunque no había podido ver nada característico para reconocer a su sire aceptó su destino en cuanto recordó lo ocurrido en el callejón. Shioban, que también era de su clan, los brujah, le había insistido en que debía de abandonar la ciudad durante un tiempo, quizá un par de años. Si los de arriba daban con ella tras lo sucedido probablemente acabaría muerta.

Estuvo en Nueva York, California, Los Ángeles, y aprovechó la oportunidad para viajar y hacerse mentalmente más fuerte. Se centró en su ira y aprendió a controlarla, pudiendo entrar en frenesí a su gusto. Sin embargo, este nuevo poder no trajo solo ventajas, paulatinamente fue perdiendo la percepción del color, hasta que solo fue capaz de ver en blanco y negro. Una visión melancólica y triste de la vida que le quedaba por vivir.

Pasados un par de años, decidió volver a la ciudad que la vio nacer, y lo primero que hizo fue buscar a su vieja salvadora Shioban. Cuál fue su sorpresa al descubrir que el príncipe de la ciudad, un tal Marcel la había acusado de romper la mascarada acabando sangrientamente con un grupo de tres jóvenes una noche dos años atrás sin tener ningún tipo de prueba. Shioban había sido asesinada por lo que ella había hecho. Su culpa. Suya y de nadie más. Juró venganza contra el principado y empezó a mover hilos para organizar un golpe contra aquel tirano.

Fue así como descubrió los planes de un vástago que se hacía llamar Black Mask. Estaba realizando subastas ilegales de neonatos en la ciudad para lucrarse y crear el caos entre los humanos, generando así problemas para la Mascarada. Fue aceptada entre sus filas y sus servicios llamaron la atención del superior del vampiro en poco tiempo. D’Richet le propuso una misión especialmente para ella. En la siguiente subasta se infiltraría entre los neonatos, que serían salvados por la gente del príncipe, y ganaría su confianza para entrar en los dominios de Marcel sin levantar sospechas.

Tommie fue un accidente no intencionado. Pasó de ser un personaje sin nombre al personaje que más he disfrutado llevando. Mi alter ego poco calculador e impulsivo, dramático, irracional y vividor del momento, ese que prefiere pedir perdón que permiso. Llevo casi dos meses para escribir esta entrada y todavía no sé bien qué decir. Confieso haber pensado cómo podría estar yendo su vida después del final de la partida. Y es que no quiero decir adiós aunque sé que en algún momento tendré que dejarla ir.

Tommie, podría estar hablando de ti y de todo lo que hemos vivido juntas durante horas. Me faltarían las palabras para explicar todo lo que me has hecho crecer como Master y como persona y no encontraría la manera adecuada de agradecértelo. Siento por todo lo que te he hecho pasar, nadie se merece ser golpeada tan fuerte emocionalmente en tan poco tiempo. Espero que algún día me perdones. Gracias por tanto. Te quiero.